"Sí, eso hice", respondí.
"Sacaste las fotos", murmuró con voz quedada, y yo dije:
"Sí, estamos separados, ¿para qué las querría?", con una sonrisa sarcástica.
"Pilar, lo lamento", dijo Erin, girándose para mirarme.
"¿Por qué lo lamentarías?", pregunté con un suspiro.
"De verdad lo lamento", comentó, e hice una mueca.
"No hay nada que lamentar, son cosas que pasan", murmuré, tratando de ser comprensiva.
"En serio, nunca quise lastimarte", dijo sinceramente.
"De verdad, ya es pasado. ¿Puedo ser feliz y desearte felicidad con tu nueva pareja?", comenté, esbozando una sonrisa.
"Gracias", respondió Erin.
"Bueno, me tengo que ir. ¿Estarás bien aquí solo?", pregunté con preocupación. Me dirigí a la habitación para poder ducharme antes de marcharme. Tenía que visitar a mi madre y también a mi mejor amiga llamada Sheila.
Me metí en la ducha, y las lágrimas comenzaron a fluir. Me sentía patética y tonta. Nunca había sido una persona muy femenina, siempre vestía ropa deportiva. En ese momento, decidí hacer un pequeño cambio. Miré el vestido n***o ajustado que me quedaba fenomenal y que solo había usado una vez. Lo sostuve entre mis manos y me lo puse, además de unos zapatos de tacón alto y una chaqueta de cuero. Maquillé mis ojos de n***o, resaltando el color celeste de mis ojos. Mi cabello n***o con las puntas rojas destacaba entre tanto n***o, y sonreí al ver mi pálido rostro en el espejo.
Bajé las escaleras y finalmente tomé un vaso de agua antes de marcharme.
"Wow, tienes puesto… un vestido", observó mi ex, quedándose inmóvil y sorprendido.
"Así es", respondí, mintiendo.
"Nunca, nunca te ponías un vestido conmigo", comentó, como si eso fuera mejor no mencionarlo.
"Las personas cambian", dije con una sonrisa, acercándome a su lado y dándole un beso en la mejilla.