Ese mismo día, Elira se dispuso a escribir todo lo que recordaba de la historia. Estaba segura de que no interferiría en la vida del protagonista ni de la supuesta "villana", pero necesitaba tener claro qué haría de ahora en adelante; no quería volver a morir, y mucho menos siendo tan joven. En su vida pasada había muerto a los veinticinco años, y en esta joven aún no cumplía dieciocho; no podía permitirse morir nuevamente tan pronto. Mientras escribía lo que recordaba de la trama original, un fragmento apareció en su mente como una visión: las guerras que el Alto General Alerik libraba se debían a unas rutas comerciales que el imperio vecino intentaba arrebatar por la fuerza. En una misión de reconocimiento, Alerik fue enviado junto a su hermano para proteger esas rutas, pero lamentablemente solo él regresó. Aunque sus hazañas le valieron reconocimiento, poco se hablaba del dolor que sintió al perder a su hermano. Elira escribió eso y se detuvo a pensar.
Elira —No estaría mal ganarme la confianza del General de ese modo... Pero si le digo que podrían matar a su hermano en esa expedición, pensará que estoy loca. Aunque si evito ese ataque, tanto él como su hermano me deberán la vida. Eso sería muy útil… Pero antes debo entrenar, este cuerpo, además de débil, parece frágil...
Sin más, guardó sus notas y comenzó a entrenar su resistencia en la habitación. En su vida anterior fue una asesina experimentada; siempre había entrenado cuerpo y agilidad, no solo una vez, sino muchas, pues en varias ocasiones la dejaron al borde de la muerte y tuvo que recuperarse. Mientras hacía abdominales en el suelo, meditaba sobre cómo acercarse al General Alerik. Así pasó la tarde, hasta que su padre la llamó para cenar.
La noche pasó rápido y, al despertar, la misma niña que la había despertado el día anterior, Emilia, saltó a la cama.
—Hermana...
Emilia tenía unos seis años y llenaba de alegría el hogar; su madre murió tras darla a luz, por eso Elira sentía un vínculo muy especial con ella. Elira suspiró al sentir el peso de la niña sobre su espalda y le dijo, volteando:
—Baja de mi espalda, siento que me vas a romper.
Emilia se apartó, algo apenada:
—Lo siento, solo quería saber cómo estabas...
Elira la miró y, notando su timidez, se sentó y acomodó su flequillo.
—Estoy mejor. Ahora ve y prepárate para desayunar con nuestro padre.
La niña asintió, le dio un beso en la mejilla y corrió a cambiarse para desayunar en familia.
Elira sonrió al verla marchar. Nunca había tenido familia; cuando la familia Vitale la adoptó fue solo por sus habilidades, nada más. Una vez sola, o mejor dicho, como Elira, se levantó y se preparó para el desayuno. Frente al espejo dijo:
—Muy bien, Elira, hoy comenzamos a cambiar tu destino…
Se vistió y salió. En el salón vio a su padre, el barón menor de Estarim, junto a su hermana pequeña esperándola. Al sentarse, su padre preguntó cómo estaba y tras una breve charla, los tres salieron al carruaje. Finalmente viajarían a la capital, donde les compraría vestidos a ambas, ya que pronto sería la fiesta de mayoría de edad del príncipe heredero, Alex. Aunque su padre era un noble menor, contaba con la fortuna suficiente para consentir a sus dos princesas.
Al llegar a Amatista, se dirigieron a la zona comercial y visitaron varias tiendas en busca del vestido ideal para Elira. Emilia estaba emocionada, admirando a su hermana cada vez que se probaba un vestido.
De pronto, Elira salió del probador, cansada, y mostró el vestido a su hermana. En ese momento entró otra joven: Serena. Elira sonrió al verla; para ella, su villana favorita era casi un ídolo. Emilia confirmó que ese vestido era perfecto y Elira volvió al probador.
Desde allí escuchó cómo un grupo de jovencitas se burlaba de Serena.
—Díganos, señorita, ¿cómo va su relación con el príncipe heredero? Escuché por mi padre, el Marqués de Halden, que no está contento con el compromiso. Tal vez cambie de opinión en su fiesta al verme...
La que hablaba era hija de un duque influyente y por eso se creía con derecho a hablar así. Elira, molesta por las burlas hacia su favorita, se acercó y dijo:
—Señorita Milton —llamando la atención de todas—, qué placer verla aquí. Tenía muchas ganas de conocerla. —Serena la miró y Elira siguió—: He oído mucho sobre su belleza, pero no hay palabras para describir lo hermosa que es.
Serena sonrió tímida y respondió:
—Muchas gracias, señorita. Usted también es muy bella.
Elira añadió:
—Creo que opaca la belleza de todas las señoritas del imperio. El príncipe heredero tiene mucha suerte; no solo por tener una prometida hermosa, sino también muy inteligente.
Serena sonrió, pero antes de contestar, la señorita Vermont interrumpió:
—Qué falta de respeto. ¿No vio que hablábamos con la señorita Serena?
Elira se volvió y contestó:
—Lo siento, no sabía que eso molestaba. Solo vi a un grupo intentando intimidar a la futura princesa heredera. Me pregunto qué pensarían el príncipe y los emperadores si supieran que insultan a un m*****o de su familia.
Al ver la furia de Vermont, Elira se acercó más y dijo:
—Aún no es princesa y no intimidamos a la señorita Serena, solo le hicimos unas preguntas.
Lo que nadie sabía era que Serena había ido a la tienda acompañada por su alteza, obligado por su madre a estar con su prometida. Aunque no quería, la acompañó. Al no verla regresar, entró y escuchó todo.
Al ver al príncipe, Elira sonrió y decidió darle una lección a Vermont.
—¿Pero no preguntó acerca de lo que piensa el príncipe, Alex, sobre su compromiso? Y si no me equivoco, insinuó que podría llamar su atención en la fiesta. ¿Por qué no le preguntamos directamente, alteza?
Elira se inclinó. Todas bajaron la mirada al encontrarse con la seria expresión del príncipe, que preguntó:
—¿Qué sucede aquí?