Dos días después New York Victoria Para algunos, el pasado es un compendio de errores y recuerdos; para mí, siempre fue un enemigo paciente. Lo que pocos entienden es que, cuando regresa, no lo hace por tristeza ni para ofrecer segundas oportunidades: vuelve para ajustar cuentas. Y Chantal Chevalier era precisamente eso. Una página que yo había enterrado en el baúl del olvido… y que ahora se erguía frente a mí con la insolencia de quien nunca aceptó quedar fuera del juego. No venía por nostalgia, tampoco para sentarse a tomar el té. Y lo último que imaginaba era que pretendiera negociar. Ahí estaba, con esa mezcla de arrogancia y altanería que me recordaba a mis días en París. Guardé silencio unos segundos hasta que mi voz finalmente rasgó el ambiente. —Chantal —dije con calma helada

