—¿Quién era esa chica que estaba contigo? —pregunté, mientras mirábamos el techo de su habitación. En cuanto llegamos a su casa, follamos de nuevo, esta vez un poco más relajados, pero con la misma hambre y pasión. Ahora yacíamos acostados boca arriba uno al lado del otro, descansando después de un increíble orgasmo. — Parecían muy íntimos. Me dio una mirada incrédula, como si estuviera preguntándome si hablaba en serio. —Estuve a punto de matar a un imbécil por ti, ¿y estás celosa de una anfitriona? —preguntó, negando con la cabeza. —Estaba casi desnuda —agregué. —Kate, las mujeres desnudas no me provocan ni una cuarta parte de lo que tú me provocas vestida —musitó, mirando al techo, como si nada. Mi corazón aulló de amor por él. Le di una sonrisa y me coloqué

