Una vez había escuchado un viejo refrán que decía: el abusador, solo lo es hasta que alguien lo detiene. Deseaba con todas mis fuerzas detener a Devon, una parte de mí, aquella que aún le tenía rabia y rencor, necesitaba vengarse. Había tomado clases de defensa, Jay me dijo infinidad de veces que nunca peleara enojada, pero podía irse al infierno, yo encontraba mi fuerza y mi motivación a través del odio que le sentía a mi ex. Me preparé mentalmente para pelear, comencé a saltar sobre mis pies para entrar en calor, estiré mis músculos, como si fuera cualquier otra clase de boxeo. Por supuesto, Devon no era Jay, no iba a ser suave conmigo, ni cuando estaba indefensa era delicado, se ensañaba conmigo y si daba pelea, sería peor. La otra opción era llamar a Jett, correr lejos de aquí,

