CAPÍTULO DOCE En una fracción de segundo antes de que chocaran, Keri se recordó a sí misma no responder de manera desproporcionada. Vio que las manos de él estaban vacías, así que reprimió las ganas de disparar. En su lugar, levantó el arma de manera que el mango impactara la sien de Hernández en el momento en que saltaba sobre ella. Le dio de lleno, pero no frenó el impulso que llevaba. Tropezó con ella y ambos cayeron en la sala con él encima de ella. Al caer, Keri soltó su arma para poder parar la caída con las manos. Por fortuna, la sala de recibo de Hernández estaba alfombrada y la mayor parte del peso de él aterrizó sobre la parte inferior de ella, lo que aminoró el impacto, permitiendo que sus codos y sus antebrazos, en lugar de su cabeza, absorbieran el golpe. Sin esperar a rev

