CAPÍTULO TRECE En cuanto levantó la vista, Keri se dio cuenta que estaban de regreso en Playa del Rey. Había dejado que Ray condujera y entrado en una especie de trance durante el trayecto. No estaba segura de lo que había estado pensando en el viaje de cuarenta y cinco minutos. Podía adivinar que tenía algo que ver con niños brutalizados y padres devastados, pero no tenía recuerdos de eso. Aún así, aquí estaban ahora. Ray no había hablado en todo el camino. Durante su tiempo como pareja, él había aprendido que a veces era mejor dejarla sola divagando entre pensamientos y emociones. Sabía que por lo general lograba salir. Por lo general. Hubo un tiempo, no hacía mucho, en que los momentos que le recordaban con intensidad haber perdido a su hija la sumergían en intensos ataques de pánico

