Una ciudad muy Licán.

1271 Words
A medida que avanzábamos, el bosque parecía cobrar vida. Las sombras se movían entre los árboles, y una especie de energía vibrante llenaba el aire. Era como si el mundo mismo estuviera esperando a que yo tomara mi lugar en él. Elyan caminaba con confianza, guiándome a través de un sendero que se abría entre los árboles. Mientras avanzábamos, comenzó a contarme sobre Eldoria, un lugar lleno de magia y misterio, donde las criaturas míticas existían, y donde la lucha de poder era el pan de cada día. Mis pensamientos giraban. Todo lo que conocía había sido puesto en tela de juicio en cuestión de minutos. Me había visto arrastrada a un mundo que nunca pedí, a un lugar que no sabía que existía. ¿Qué pasaría con mi vida? ¿Con Dafne y Bastien? —¿Puedo regresar?—pregunté de repente, con mi voz apenas un susurro. Elyan se detuvo y me miró a los ojos. —Perdiste el libro, criatura estúpida. Acabas de ser millonario al que lo encuentre. —Puedo volver a encontrarlo. Solo cayó al riachuelo. —Ni lo sueñes. Este bosque es peligroso, eres una humana, hay criaturas de todo tipo y animales sumamente venenosos para un mortal como tú. Ni yo me arriesgaré a buscarlo. Te sacaré del bosque y deberás buscar la forma de llegar al palacio sin que te devoren. Tu cuerpo no está hecho para soportar a un hombre lobo. Debes rogar al rey que te deje salir. Solo en sus manos hay dos de los tres libros. Tomé un profundo respiro, sintiendo el peso de sus palabras. No sabía qué haría, pero algo dentro de mí comenzaba a despertar, una chispa de valentía que nunca había conocido. Tal vez, solo tal vez, podría ser más que una chica común. —Está bien—le dije, con más determinación de la que sentía—Haré lo que sea necesario. Porque tengo dos hermanos afuera que se van a preocupar si no regreso. Elyan sonrió levemente, y esa pequeña expresión me dio fuerzas. Siento el aire fresco y húmedo acariciando mi piel mientras sigo al hombre lobo a través del bosque. Cada paso que doy se siente como una decisión vital, como si estuviera cruzando un umbral del que no hay retorno. Mi mente está llena de preguntas, pero no tengo respuestas. El sonido de mis pies pisando hojas secas y ramas quebrándose me recuerda lo real que es todo esto, y la ansiedad crece en mi pecho. No sé dónde habrán quedado mis zapatillas viejas, pero eran mejores que andar descalza. —¿Qué es este lugar, realmente?— pregunto finalmente, intentando mantener la calma. La criatura se detiene por un momento, girándose para mirarme. Sus ojos grises brillan con una intensidad que me hace sentir expuesta, como si pudiera leer mis pensamientos más profundos. —Un reino escondido entre los mundos. No muchos conocen su existencia, y menos aún los mortales como tú. Mis piernas tiemblan al escuchar su respuesta. Suena a un lugar de cuentos de hadas, pero no hay nada de mágico en el miedo que siento ahora. —¿Por qué estoy aquí?—le pregunto, casi suplicante—Solo abrí un libro. —Ese libro—dice, con sus ojos entrecerrándose—no era un libro cualquiera. Estaba sellado por razones que aún no comprendes. Al abrirlo, abriste la Puerta. Alguien debió dejarlo abierto y por eso estás aquí. Miro hacia el suelo, intentando procesar sus palabras. Todo esto se siente como un sueño del que no puedo despertar. Una parte de mí quiere retroceder, regresar a la mansión Benoit, donde la vida era dura pero conocida. —¿En serio, puedo regresar?— pregunto, con la voz temblando. La criatura sacude la cabeza lentamente. —No puedes volver sin la ayuda de un poderoso ser. Y el rey… él tiene mucho que decir sobre tu presencia aquí. Tiene una buena nariz para los extraños. De seguro ya sabe que estás aquí. —¿El rey?— La sola mención del rey hace que un escalofrío recorra mi espalda—¿No es malo? —No lo sé, solo sé lo que él quiere que se sepa—responde, y por un momento parece que se pierde en sus pensamientos—Pero tendrás que demostrar que no eres una amenaza. Las Puertas no se abren sin consecuencias. Y hay quienes se benefician de la confusión que tu llegada ha causado. Hay una presagio que dice que una salvadora llegará para bendición del reino en el sexto periodo lunar y justo hoy salió la luna número seis. Esta será la enviada de la madre Luna. —Eso suena a un cuento de hadas. No se haga ideas conmigo. Soy pobre, no conozco a nadie importante, nadie me envió. Llegué por una mera coincidencia. El libro estaba en la mansión donde me pagan por limpiar, tal vez el viejo Benoit lo tenía para enviar a esa persona de la que hablas. Siempre me pareció extraño y con mucho bello corporal y come carne como un loco. —Por un segundo pensé que eras esa salvadora. Me equivoqué. Solo eres una marginada que puso las manos al libro equivocado. —¡Hey! Estoy aquí. Te escuché. —Perdon, nuestra r**a rara vez miente. Tenemos al castigo de la luna. Sigo caminando detrás de él, sintiendo que cada paso me acerca más a lo desconocido. La vegetación a nuestro alrededor es densa, y los árboles parecen inclinarse hacia nosotros, como si estuvieran escuchando nuestra conversación. Me pregunto si hay otros seres como él en este lugar, o si estoy sola en esta locura. Después de un rato, llegamos a un claro. Ante mí se despliega una vista que me deja sin aliento. En el centro del claro, se alza una ciudad antigua, construida de piedra grisácea y adornada con símbolos que no reconozco. Las torres se elevan hacia el cielo, y el sonido de campanas resuena a lo lejos, creando una melodía casi hipnótica. —Bienvenida—me dice él, con su voz reverberando con una mezcla de orgullo y advertencia—Aquí es donde vive el rey. Observo la ciudad con asombro. Las calles parecen estar llenas de vida; hombres y mujeres muy altos se mueven con una gracia sobrenatural. Algunos tienen pelo gris otros negros y marrones, largos y cortos, y todos parecen ajenos a mi presencia. Mi corazón late con fuerza en mi pecho mientras pienso en lo que me espera. —¿Qué debo hacer ahora?— pregunto, sintiendo la desesperación apoderarse de mí. —Primero, debes presentarte ante el rey— dice el señor—Pero ten cuidado. No todos aquí son amables. Algunos verán tu llegada como una oportunidad… o una amenaza. Me trago la angustia y sigo mis pasos, adentrándome en la ciudad. Cada esquina revela algo nuevo: un mercado bullicioso donde los vendedores ofrecen frutas extrañas y objetos brillantes, y una plaza donde un grupo de hombres y mujeres, hermosos se congregan para escuchar a un anciano contar historias. Todo es tan diferente a lo que conozco, y me siento como un pez fuera del agua. —Soy un guardián de este bosque. No soy tu enemigo, pero no puedo garantizar tu seguridad aquí. Deberás seguir tu sola. —Gracias. Las calles se había convertido en un laberinto sin fin. Cada sombra parecía moverse, cada crujido resonaba en mis oídos como un recordatorio de que no estaba sola. La ansiedad se apoderaba de mí mientras caminaba, mis pensamientos estaban enredados en una maraña de confusión y miedo. ¿Cómo había llegado aquí?
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