Capítulo 1. Descubriendo mi pasado

1716 Words
Mónica Peter Massino se ha convertido en una tumba conmigo durante todo el trayecto de Suiza a Italia. Es silencioso, oscuro y misterioso. Solamente, podía ver un poco de luz en su mirada cuando me observaba fijamente y eso me causaba muchos nervios. En algunas ocasiones, sentía que su mirada era algo insegura, como si no se creyera que yo estuviera ahí, así que me observaba para confirmar que seguía justo a su lado. También, podía sentir que esa aura extraña era menos agobiante, como si se esforzara por no causarme miedo o incomodarme. Su actitud es demasiado rara, que me da mucha curiosidad para querer entenderla. Aunque, todo eso cambiaba cuando su mirada se desviaba a otro objetivo. En general, es frío, orgulloso y poderoso, se impone frente a todos los demás, pero algo que descubrí es que la gente a su alrededor no le tiene miedo, sino que lo miran con orgullo y respeto, lo escuchan con atención, siguen ciegamente todas sus instrucciones. Es como un Dios, un Dios Mafioso. Pero fue un mafioso silencioso, que hizo que todo el maldito trayecto fuera una tortura para mí. De verdad, que su silencio me generó tanta ansiedad, que mi mente loca comenzó a volar y pensar en mil escenarios, descubrir y hasta me hizo arrepentir de mis locas decisiones. Primero, me di cuenta de que mi pasado era una enorme pieza que faltaba en mí, que era como una herida punzante que necesitaba sanar lo antes posible. Porque me siento a la deriva, como si todo mi futuro, lo que soy o creo ser, dependiera de ese pasado. Segundo, que ese pasado tan doloroso es tan importante como para que siga cometiendo locuras. ¡Vamos! Que me enlisté en el FBI, me volví loca en Nueva York, me mudé a Chicago y perseguí, junto con mi sexy doctor, al mafioso “supuesto asesino de mis padres”, hasta el otro lado del mundo, presencie una batalla campal… Casi lo as3sino, lo dejé ir… En fin, ahora voy con él a Italia para que me cuente todos esos secretos que sabe sobre mí. ¡Italia, allá vamos! Sí, Italia. Algo me dice que ahí es en donde todo comenzó para mí. No me sorprendía que fuéramos a ese país y, en realidad, prefería que fuéramos allí y no poner un pie en Estados Unidos por un buen tiempo. No tenía trabajo, mi reputación estaba por los suelos, incluso podría ir a la cárcel… Así que no podía regresar. Y eso me lleva al tercer punto que me hace sentir culpable, mala persona, desagradecida. ¡Sono una stronza! (Soy una persona despreciable). Todo por mi tía Isabella, cuando se entere del desastre que he creado y que estoy prófuga… Y no me fugué con el sexy suizo, ni mi compañero del FBI que ama y siempre quiere que empareje con él, como su mente rara extravagante lo pensará al inicio, sino con un mafioso, bastante atractivo, sí, pero malo, muy malo, poderoso, a quien se supone que odio… Probablemente, le dará un infarto… por la ira. Sería capaz de venir por mí y darme la regañada de la vida, y es que esa enfermera es de armas tomar, temeraria. Y yo la he decepcionado en muchas ocasiones. Me costaría volver a verla a los ojos. Y pensar en ella me pone realmente mal. Una lágrima traicionera se me escapa. La limpio rápidamente para que nadie note mi vulnerabilidad, mucho menos que descubran sobre ella y quieran saber más y ponerla en peligro. No me lo perdonaría, necesito protegerla, lo más que pueda. Respiro profundamente para calmarme. Ya estamos en Italia, en una de sus camionetas de lujo, rumbo a donde solo el Dios Mafioso sabe. Porque intenté varias veces preguntarle y solamente me daba una sonrisa extraña, hasta que se dignó a abrir la boca con esa voz dura, seria y poderosa. Su respuesta fue: —A casa. Esa palabra me dejó congelada. ¿A qué se refiere? ¿Su casa? ¿Mi casa? ¿Sería tan amable de llevarme a lo que quedó de mi casa después de ese incendio que se reproduce en mi mente? No quiero ver sus ruinas, sería doloroso, pero tan necesario como para darle “verdad” y “realidad” a eso que me persigue en sueños. Sería la afirmación de que no estoy tan loca. Un shock muy necesario. No estoy preparada, claro que no, pero necesito saberlo. Pero si es su casa, lo entendería; finalmente, soy una extraña que irrumpió en su vida. No es importante para él decirle su pasado a una loca que casi intentó matarlo; ha de tener demasiados negocios oscuros que hacer. Esos sí son importantes. Lo más extraño es que mi corazón, que se agitó terriblemente con esa frase, al llegar al lugar se calma, solamente un poco. Por fin, pasamos unas grandes puertas elegantes, custodiadas por hombres armados, y luego, pasamos por un camino lleno de árboles y pinos, que le dan ese toque elegante y mágico. No puedo evitar la emoción que surge en mí cuando vamos atravesando este camino. Nunca me imaginé que mi primer viaje a Italia sería de esta manera. La camioneta se detiene justo frente a una escalinata de piedra… que lleva a una majestuosa casa de tres pisos. Me bajo sin esperar que alguien abra la puerta, y doy un vistazo por el lugar, fascinada y extrañada. —Ha sido renovada, muchas cosas han cambiado a lo largo de los años, pero esta parte de la casa— señala hacia la parte principal— mantiene el diseño original. Era una casa gloriosa…— dice Carlo, el asistente de Massino. —Decidimos darle ese toque de altura y colocar esta escalinata. Justo como eran los planos que quería la difunta signora— sigue hablando. Aunque no entiendo para qué me cuenta todas estas cosas, lo escucho con atención, como si fuera importante para mí saberlas. —Vamos, entremos— dice Massino con una voz un tanto suave. Me giro para verlo y él, rápidamente, pasa a mi lado, escondiendo su rostro de mí. Parpadeo sorprendida, justo cuando había volteado hacia él. Su mirada estaba llena de una ternura y dolor… él estaba observándome con ese brillo que he aprendido a distinguir. Pude ver sus ojos rojos y cristalizados… Una parte de mí se sorprende, parece que el Dios de la mafia sí tiene corazón, por más que quiso ocultarlo de mí. Carlo llama mi atención para que lo siga. Lo hago sin dudar, aceptando que esta fue mi decisión y tengo que afrontar todo lo que venga. Al entrar a la casa, una ola de familiaridad me inunda… Tengo esa sensación, en lo profundo de mis entrañas, de que alguna vez estuve aquí. ¿Un déjà vu? No puedo dejar de ver todo con demasiada atención. —Tal vez, he visto demasiadas películas italianas y por eso me parece tan familiar este lugar— murmuro desconcertada. —Te llevaré a tu habitación— me vuelve a llamar Carlo, quien parece muy emocionado por mi reacción. —Su casa es bonita— busco con mi mirada a Massino, pero ha desaparecido. —Lo es— responde Carlo con una enorme sonrisa. La correspondo de manera natural porque… mi cuerpo hace lo que quiere, no le tengo miedo a Carlo, al contrario, siento un poco de tranquilidad y calidez con él. Subimos al segundo piso y Carlo me deja en una habitación bastante pintoresca. *** Ha pasado un mes y parece que Massino se ha evaporado en el aire. Desde que llegamos a esa enorme casa, no lo he vuelto a ver, solamente Carlo ha estado para orientarme sobre la casa, a dónde puedo entrar y qué parte no, me ha dado una clave para la habitación segura, me cuenta sobre la comida y cuentos raros del lugar. —¿Cuándo regresa Massino? — pregunto por quinta vez en la semana. —Hoy estará de regreso. Podrás hablar con él. —Parece que se está escondiendo de mí— no dudo en burlarme un poco. Creo que soy yo la que le temo un poco. Carlo se ríe por mi comentario. —Parece que es así— dice con una sonrisa misteriosa y sale de la cocina. Bufo molesta por esas frases extrañas que dice de repente. Odio que no sea claro y directo, es como si esperara que esas palabras desbloquearan mi mente, pero no encuentro nada. Además de los dolores de cabeza, la sensación de que todo parece familiar… no hay más. No entiendo nada y ese hombre peligroso no regresa para aclarar mi vida. —¿Qué te ha hecho la comida? Parece que quieres torturarla— suelta muy relajado, Peter Massino que está recargado en el marco de la puerta de la cocina. Muerdo mi labio para evitar decirle un montón de groserías por desaparecer… y dejarme aquí, abandonada y sin respuestas. Sí, estoy en mi modo dramático. —¿Piensas que soy yo? — dice divertido cuando vuelvo a enterrar mi tenedor en el espagueti delicioso que estoy desayunando. —Es un gusto verlo, señor Peter. —Y es un gusto verte, mi principessa—lo dice de manera tan natural, aunque se tensa cuando descubre lo que dijo. Frunzo el ceño desconcertada. —¿Qué? —Nada, después de que termines, te espero en la oficina, tenemos que hablar. Asiento con rigidez y él casi sale corriendo de la habitación. —Qué extraño es el mafioso. Mi cerebro colapsa con mil ideas locas que comienzo a pensar. —¿Pincipessa? Dejo el desayuno a medias y corro al despacho. Necesito respuestas, ahora. Antes de entrar, puedo escuchar a Carlo decirle a su jefe que Bellomo sigue encerrado. Eso me paraliza. Sabía que lo trajo desde Suiza y supongo que es para torturarlo. Abro las puertas de par en par, sin importarme si interrumpo. —Signorita, Mónica. Pase— Carlo me da la bienvenida con mucha emoción. Pensé que estarían molestos por la interrupción. —Parece que no quieres desayunar— responde Massino. —¿Qué es lo que sabe de mí? —voy directamente al grano. —Bien, es tiempo de que sepas todo sobre tu pasado. Mi corazón comienza a acelerarse.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD