Llegué el lunes a la oficina sintiendo...pánico. Duré intranquila todo el fin de semana, sin saber si se regaría el chisme de que le regué el café encima al CEO. Lo primero que hice al sentarme en mi pequeño escritorio fue sacar de mi bolso mi Fidget Toy, un juguetico de esos que sirven para tratar de calmar la ansiedad y los nervios, y aunque en serio tiene un efecto tranquilizante, no fue suficiente para evitar la opresión en mi pecho. Me había tomado con juicio los medicamentos para la ansiedad en los últimos días, pero al parecer no funcionaban en estos casos de extremo pánico. Hice los ejercicios de respiración que me enseñó mi terapeuta. Cálmate. Cálmate. Cálmate. Me repetí mentalmente. Vlad fue el primero en llegar a la oficina y me saludó con un beso en la frente. Buen

