—¿Podría caminar más despacio? —le dije a Orejuela, mientras nos dirigíamos a su camioneta en el parking del Blue Gold. Por supuesto que yo no había tenido tiempo de ablandar los tacones que me compré apenas ayer. Y eso, combinado con el hecho de que yo no estoy acostumbrada a caminar en tacones porque siempre preferí los tenis, me estaba matando. Tuve la precaución de ponerme unas benditas para que los zapatos no me tallaran la piel que está a unos centímetros sobre los talones, pero...no sé cuánto me ponga a caminar hoy el jefe. —Espero que haya estudiado el caso —dijo Orejuela, mientras nos acercábamos a la voluminosa camioneta BMW. —Sí, y escuché las grabaciones de las anteriores audiencias, no pinta muy bien la situación para el señor alcalde de Rionegro —sonreí con sorna —, y

