Capitulo 5

2224 Words
5   Mi cabeza zumbaba, mi pierna dolía junto a todo mi cuerpo. Me quejé un poco mientras intentaba sentarme. —Pero miren quién despertó— una voz gruesa invadió mi cabeza—, justo a tiempo, Isobell, ya casi llegamos. Todo se hizo más claro ante mí. Nos habían atrapado y ahora, me habían secuestrado. Miré mi pierna y estaba vendada, miré a mi alrededor, estaba en una limosina y en el asiento frente a mí se encontraba... —Cóndor — escapó de mis labios. —¿Aprendes muy rápido o lo recuerdas? — preguntó calmado para luego meter un osito de goma a su boca. Aquello solo lo hizo ver más escalofriante. —¿Qué está sucediendo? —esquivé su pregunta, tuve que llevar una mano a mi cabeza por el repentino dolor. —Isobell, querida, ¿quieres una? Mi indignación hizo mi rostro fruncirse. —Está bien, está bien —se encogió de hombros —, no es difícil de entender, ¿no crees? Está muy claro, Azarías está irremediablemente enamorado de ti y yo quiero verlo sufrir, por tal motivo, voy a torturarte antes de matarte. Mi respiración faltó. —Eso no tiene sentido —espeté—. Sólo nos veíamos en los pasillos, no era como si nos llegásemos a conocer si quiera. Él suspiró. —No te preocupes —dijo ahora muy serio —, voy a ayudarte a recordar y quizás dejes de quererlo como lo hacías. Seguido a ello, el auto se detuvo. Alguien abrió la puerta, Cóndor bajó y tomó mi brazo con fuerza para sacarme después. Fue tan brusco que mi pierna golpeó el suelo haciendo que me marease. —Llévala a la habitación —ordenó Cóndor a alguien más —, estaré allí en un momento. Luego de las instrucciones, me lanzó al suelo produciendo que mi rostro golpease los pies de la persona a quien le hablaba. Un instante después, me alzaron bruscamente. Pude ver el rostro de mi nuevo opresor. Era el chico rubio. Azarías había realmente distorsionado su rostro, varios moretones, cejas rotas, nariz desviada y labio partido. —Hola de nuevo, hermosa —sonrió de medio lado. Quise escupir su rostro, pero inmediatamente me colocó a su lado. —Casi escapan por tu debilidad, John —Cóndor se veía siniestro —, no estás realmente preparado para este trabajo, ¿no crees? —caminó hacia atrás llevando una mano a su cadera. John se quedó estático, algo en su rostro cambio. —Veo que no, señor —respondió firme. —Camina — ordenó Cóndor para luego sonreír. Asintió y se giró empezando a caminar hacia lo que parecía ser una gran mansión. Varios pasos más adelante, el tiempo se detuvo. Un estruendo invadió mis oídos y el cuerpo de John cayó a mi lado. Estaba impactada, mis ojos querían mirar a otro lado, pero me era imposible. Había un agujero en su cabeza y sangre salía desenfrenada de la cavidad, Cóndor lo había asesinado.  Grité y lloré con fuerza, aquello era demasiado para mí. —He decidido llevarte yo mismo —anunció tomando mi brazo—, él era demasiado estúpido como para seguir trabajando conmigo, no puedo permitir eslabones que Azarías sea capaz de derribar. Parecía querer justificarse, yo solo estaba al borde de los nervios. —Vamos, Isobell. Grité cuando comenzó a caminar arrastrándome a su lado, no me ayudó a colocarme de pie, por lo que mi pierna herida hacía fricción con el suelo. Cóndor solo reía. Mi mente se nubló por instantes, no fui consciente de los pasillos por los que me llevó o las escaleras que me hizo subir, yo estaba muy concentrada en el dolor que sentía en mi pierna por el hecho de que me llevaba a rastras y muy impactada por la manera en la que había asesinado a John. —Esta será tu nueva habitación — anunció tomando mi cabello y halándolo con fuerza –, aquí vas a pudrirte hasta que yo lo decida. Las paredes eran grises, el suelo era de madera oscura y los únicos muebles que ocupaban la habitación era, una cama que parecía estar a punto de romperse y una silla vieja. Me empujó hacia adelante, tuve que esforzarme por no caer, pero al final mi pierna derecha, donde me habían disparado, no tuvo la suficiente fuerza. —Trae a Sasha —indicó —, dile que traiga la caja con él. Me senté en el suelo consciente de las vueltas que daba mi cabeza. —Sasha es un psicólogo —informó agachándose frente a mí—, va a hacerte recordar. —¿A ti que te importa lo que yo recuerde? Él rio. —Siempre intentando ser osada, Isobell —deslizó una mano por mi pierna derecha —, estás ahora bajo mi dominio, no intentes retarme porque la única que perderá serás tú. Clavó su mano en mi herida haciéndome gritar desesperada, lloré del dolor. —Aquí está —informó alguien en la puerta. Él siguió presionando la herida, yo no dejaba de gritar. Cóndor presionaba cada vez más fuerte y ya creía que nunca iba a parar. ¿Qué nos había puesto en esta situación? ¿Por qué este tal Cóndor quería torturarme para dañar a Azarías? ¿Por qué mi sufrimiento sería doloroso para él? Finalmente se detuvo y el aire se apresuró por entrar a mis pulmones. —Perfecto —aplaudió—, dame la caja. Aún con mi vista nublada pude visualizar a un hombre de pie en la puerta, su mirada se encontró con la mía mientras Cóndor tomaba una caja de madera en sus manos. Mi respiración estaba agitada, no lograba enfocar mi vista del todo, mi corazón latía tan rápido que había comenzado a marearme. Miré entre las lágrimas, el psicólogo era un hombre de aspecto italiano de unos cuarenta años o más, la experiencia era notoria en las arrugas de su frente y sus ojos miel, cargados de emociones, me hacían saber que él estaba tan prisionero como yo. —Dices que no se conocieron, ¿no es así? — preguntó Cóndor caminando hasta mí de nuevo, por instinto retrocedí — Solo recuerda que perdiste un año de tu memoria, en ese tiempo, pudieron suceder muchas cosas. Su sonrisa pícara estaba haciendo su trabajo, estaba aterrándome. —Aquí, mira, estos parecen dos jóvenes perfectamente enamorados. Extendió un papel rectangular hasta mí y mis ojos enfocaron una fotografía. No podía creer lo que veía, eso era imposible. Allí estábamos Azarías y yo en la puerta de mi casa en Exeter, Inglaterra. Pero no sabía que era más perturbador: Que él estuviese abrazándome por la espalda y mirando a la cámara, o que mientras él lo hacía yo me reía viendo a mi padre cruzado de brazos y con una sonrisa en el rostro. Mi cabeza dolió ante una repentina punzada en la parte delantera. —Voy a colocarla aquí — indicó mamá colgando esa foto en la pared de la sala. ¿Qué había sido eso? —Es una foto memorable —dijo Azarías mientras veíamos la foto que mamá había acabado de tomar. Eran como pequeños fragmentos que no parecían tener sentido, se sentían reales. —Yo también necesito una así que imprimí dos — indicó Azarías al llevarnos la foto antes de colgarla. —Sin duda tienes que tener el recuerdo — respondí apretando sus mejillas con ambas manos. Mi corazón latía más rápido, las emociones que recorrían mi cuerpo eran abrumadoras, no entendía nada… Hasta que de pronto algo más completo se reprodujo en mi mente: —Quiero una foto de este momento — había dicho mi madre levantándose del asiento —, ¡tu padre acaba de decir que Azarías es como un hijo!     Estallamos en risas.     —¡Está bien! ¡me han descubierto! — mi padre alzó los brazos — Ya eres como un hijo para mí, me agradas.     Azarías tenía una gran sonrisa en rostro, qué decir yo.     —¿Debo empezar a llamarle papá? —bromeó Azarías a mi lado.     Mi padre se colocó un poco serio.     —Ni de chiste —respondió alzando una ceja—, solo considera que tienes mi confianza —seguido, me guiñó un ojo.     —¡Ya está! — gritó mamá con la cámara entre sus manos — Salgan un poco hasta acá.     –Tu madre parece no querer perder ningún momento — susurró Aza en mi oído.     Mi padre ya estaba fuera de la casa.     —Ella parece no querer perderte a ti —confesé mientras salíamos a la puerta.     —Muy bien —dijo mi madre —, será a la cuenta de tres.     —Uno – dijo mi padre.     Azarías pasó sus brazos por mi cintura. Aquello me puso un poco nerviosa, por lo que miré inmediatamente a mi padre asustada.     —Dos —continuó Aza.     Mi padre entrecerró sus ojos, se cruzó de brazos e hizo una mueca a la que no pude evitar reír. —Tres —finalizó mamá. Así fue como se hizo la foto. Tomé aire como si hubiese estado conteniendo la respiración por mucho tiempo, llevé mi mano a mi pecho para intentar disminuir la presión que sentía allí. Estaba aterrada, aquello se había reproducido como un video en mi cabeza. No podía ser remotamente posible. —¿Qué? — preguntó Cóndor — ¿Ha sido un recuerdo? —se veía entusiasmado. Mi respiración era irregular, no estaba segura de porqué estaba llorando. —No hay manera de que sea posible —dejé escapar —, ¿qué ha sido eso? ¿Qué me hicieron? Mi cabeza comenzó a punzar, miles de dudas comenzaron a aparecer. —¿Por qué? — preguntó Cóndor— ¿Por qué te niegas a la verdad? —su voz casi poética me daba nauseas. —Porque de haber sido así, mis padres me habrían contado —mis manos temblaron—, era como si ellos estuviesen de acuerdo, de haber sido así, lo sabría, no lo ocultarían de mí. —Cóndor hizo un puchero.  —Pobrecita —acarició mi cabello—, lamento decepcionarte, ricitos, pero los padres mienten —se encogió de hombros mientras se colocaba de pie—, ellos harían lo que fuese con tal de mantener a su hija a salvo. Soltó la fotografía en mi regazo. Ahora sí estaba llorando, él tenía razón en ese aspecto, pero no quería creer que no me dijesen algo como eso. Le pregunté a mi madre sobre los acontecimientos de ese año muchas veces y los relató todos: que logré avanzar unas cuantas materias, que comencé a cantar más seguido, me señaló los libros que leí. No pudo ocultarme algo como aquello, menos si resultaba ser que a ella le agradaba. Habían colocado algún tipo de droga en mi cuerpo. Eso tenía que ser, esa era la explicación. Estaban jugando con mi mente. —Solo estás jugando con mi mente —afirmé—, esa foto es falsa, es solo el más viejo Photoshop. Cóndor sonrió. —Hazla recordar —ordenó al italiano—, y no tengas compasión de ella. Solo quedamos nosotros dos. Me dolía el corazón, mi garganta quemaba, mi cabeza estallaría. Observé mis manos llenas de sangre. —Están jugando conmigo, ¿verdad? —pregunté sin verle—, nada de esto es cierto, mi mente solo inventó un momento por esa imagen, ¿no es así? Él no respondió, en cambio, se sentó en la silla a un lado de la cama. Miré su rostro con lágrimas en el mío. —No puede ser cierto, yo no conocía a Azarías, no pude haber salido con él —me sentía temblar—, no lo conocí, Cóndor solo quiere torturarme. Me miró como si estuviese disculpándose y luego bajó la mirada. —¡No puede ser! — exclamé abrazándome a mí misma— ¡Es cierto! ¡No puede ser! ¡Tengo tanto frío!  No me contuve de llorar.  —Soy el doctor Sasha Bocelli —habló suavemente—, como el cantante Andrea Bocelli, ¿lo has escuchado? Pude notar que intentaba simpatizar conmigo, realmente no me sentía con ánimos. Me arrastré en el suelo y me pegué de la pared. —Entiendo, yo tampoco estoy muy entusiasta hoy —confesó con una pequeña sonrisa—.  Según sé, tu nombre es Isobell Pennant, ¿debo suponer que también cuidas la madre tierra o te gustan los animales? Suspiré y sequé mis lágrimas, mis manos estaban temblando. Quizás debía ceder un poco, de esa manera, todo acabaría más rápido y si era cierto, si solo tenía que recordar… quizás también encontraría respuestas. —Sí, creo que lo heredé del gran Thomas —respondí—. ¿Qué se supone que vas a hacer aquí conmigo? —Traer tus recuerdos del mundo del olvido —afirmó inclinándose un poco—, por lo que leí, solo es un tipo de amnesia temporal y como no te has expuesto a ambientes que te ayuden a recordar, o visto algo de aquella época, no lo has logrado. Es por eso que ver la foto te ha ayudado, sé que recordaste algo con esa foto, pude verlo en tus ojos. —Fue tan real —temblé—. ¿Cómo pudieron no decírmelo?  —Supongo que cuando recuerdes toda la historia lo entenderás —suspiró—, ahora me gustaría que colaboraras conmigo, estamos en la misma posición Isobell. Aún con el frío calando por mis huesos, decidí que era lo mejor. Lo que recordara o no, se quedaría conmigo, Cóndor no tendría por qué saberlo. —¿Qué debo hacer? —pregunté secando mis lágrimas.  —Acuéstate, debes relajarte primero.   Tardé un poco en llegar hasta la cama, pero lo logré. Miré el techo, este parecía a punto de caer.     ¿Realmente debía colaborar?, suponía que no. Pero ¿Qué más podría hacer? Por alguna razón, sentía confianza en el doctor. Iba a colaborar, no creía que fuese capaz de traer a mi memoria algo de lo ocurrido. Si recordaba, sería para mí. Tenía muchas dudas dentro de mi cabeza y estaba este gran agujero de un año perdido que no ayudaba a mi situación. De todas formas, ¿qué más podría hacer aquí? —Cierra tus ojos, relájate —dijo él— ¿De dónde eres, Isobell?  —Devon, Exeter, Inglaterra. —¿Cuál es tu fecha de cumpleaños? —escuché el sonido de un lapicero contra la hoja. —Diciembre, quince. —En tres meses —afirmó, solo asentí —. Estudiabas arquitectura, ¿no es así? —su voz era tan tranquila que había logrado transmitirme la sensación.  —Sí, igual que Azarías.  —Pero, él llevaba un año académico de ventaja —hizo una pausa —. ¿Por qué estás viviendo en Irlanda? —Tuve que mudarme por un accidente —fruncí el ceño —, ellos habían intentado secuestrarme, me lancé del auto en movimiento y mi cabeza impactó con la acera, eso me hizo perder la memoria. —¿Recuerdas eso? —No. —¿Qué es lo último que recuerdas?  Mi corazón comenzó a acelerarse. Ese día, había sido horrible para mí.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD