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Cristal Perdido [Libro 2.5 - Saga Cristal]

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intro-logo
Blurb

La mente humana es un misterio que aún no es resuelto, pero para mí, lo más enigmático es el comportamiento humano, junto a sus decisiones.

No estoy segura de qué decisiones me pusieron en esta situación, o qué comportamiento les había atraído hacia mí.

Me habían secuestrado arrebatándome de los brazos de mi amor platónico, de quien no sabía nada desde hacía dos años y, a quien acaba de conocer verdaderamente unas horas antes.

Azarías fue mi amor imposible mucho antes del accidente que cobró mi memoria a punto de cumplir los diecinueve, no recuerdo nada de lo ocurrido durante mi vida cuando tuve dieciocho. Pero yo estoy segura de una cosa:

Yo nunca había conocido a Azarías como era debido, siempre lo vi de lejos, yo no le conocía en lo absoluto hasta esta tarde, por lo que él no está enamorado de mí como estos hombres dicen.

De ser así, mis padres me lo hubiesen dicho, yo tendría evidencias de ello y podría jurar que no tengo ni una sola evidencia de su presencia en mi vida.

Así que a estas alturas ya no sé ni entiendo, si fue mi comportamiento y decisiones las que me trajeron aquí... o fueron las de alguien más.

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Prólogo
Lugar desconocido. Cuatro semanas antes del Inicio del Fin. ¿Hasta dónde eres capaz de llegar cuando de quienes amas se trata? ¿Qué límites cruzarías sin temor a las consecuencias? Cóndor lo tenía muy claro: Iría hasta donde los límites terminaban y volvían a empezar. Es por eso que no le importaba gastar el resto de sus días buscando a quien seguía creyendo que sería capaz de ocultarse de él; no le importaba, si cada vez que lo encontrara lograra causarle el mismo sentimiento de pérdida, vacío y desesperanza que él sintió cuando le fueron arrebatadas los dos únicos rayos de luz de su vida. Cada vez que lograba hallarle notaba en él un cambio, quizás debido a los años entre una vez y otra y ciertamente era lógico que eso sucediese, pero ninguno de ellos fue mayor al que tuvo cuando lo encontró la vez anterior: al fin se había enamorado. Había encontrado a una chica que, según las palabras que él mismo usó al definirle su relación a un amigo, le brindó alegría, causaba miles de emociones dentro de él incluso sin siquiera intentarlo y que significaba para él un rayo de esperanza. Y era allí donde Cóndor había querido llegar, al núcleo de su profunda felicidad, porque al golpearle allí, experimentaría exactamente lo que él había vivido: la injusticia de perder lo que tanto le había costado hallar.  Pero como aún era joven, Cóndor creyó cuando el muchacho se alejó de esa chica y volvió a huir y a esconderse como si no le costase nada dejarla atrás, además de que empezó a salir con tres chicas al mismo tiempo en su nueva localización. En principio no se interesó en ir por las tres chicas, que resultaban ser amigas de su hermana, porque si podía salir con todas al mismo tiempo, entonces ninguna significaba nada importante, pero no descartó la probabilidad de obtener algo de ellas. Y ese día, luego de tres meses de perseguirlos y observarlos, le indicó que se había equivocado con respecto a Isobell: no debió creer que ya no significaba nada para él. —¿Lo confirma? —preguntó a su hombre en campo a través del celular. —Lo confirmo —respondió —, el objetivo está siguiendo a la chica, se mantiene a treinta metros de distancia. —¡Sí, sí, sí!  —exclamó victorioso alzando las manos —¡Lo tenemos!  Miles, ¡lo tenemos!   Sacudió a uno de sus hackers con euforia. —Felicidades, señor. —¡Vamos, un poco más de ánimo, aplausos! Sus seguidores hicieron lo que él pidió, el entusiasmo inundaba el lugar, al fin tenían algo con lo que trabajar. Cóndor observó los monitores frente a él, en uno de ellos pudo observar a la chica número dos. —Chica número dos, no sabes el gran error que cometiste, pero gracias por ello — le lanzó un beso emocionado. La joven había salido sola y apagado las luces de su apartamento, apenas quince minutos después que el chico se suponía había llegado, lo que le levantó sospechas a Cóndor y a su hombre en campo, John. Cóndor le dio la orden de entrar a revisar y fue cuando notó que el lugar estaba vacío y había una salida que no habían notado antes, por lo que tuvieron tiempo de buscar por todos los medios y notar que su muchacho se encontraba a unas pocas calles de allí. Luego notaron que estaba saliendo de la ciudad, y finalmente, lo descubrieron todo. — ¿Alguno puede encontrarme pruebas de que la chica número uno y la tres también nos engañaban haciéndonos creer que él estaba en sus casas? — dejó salir una carcajada — Es que no puedo creerlo, nos hizo pensar todo este tiempo que estaba con las tres, cuando en realidad las usaba para distraernos e ir a visitar a su querida Isobell.  —Si contamos las veces a la semana que él iba a la casa de sus chicas —propuso Dana —, eso significa que él iba a ver a Isobell tres veces a la semana, lo que explicaría por qué tardaba toda una tarde en cada casa, pues llegar de Bellymena a Lisburn le toma alrededor de cuarenta minutos. Cóndor no pudo evitar saltar de la emoción. —¡Esto es cada vez mejor! ¡Nuestro muchacho no ha logrado dejarla ir, y por visitarla, nos ha dado su ubicación exacta! —He encontrado algo más, señor —indicó William alzando su mano al final de la línea de monitores. Cóndor se acercó rápidamente. —Dime que es algo mejor aún —no podía disimular la energía que lo recorría en ese momento. —Supongo que sí — respondió —. Creo que puedo encontrar más, pero esta es una grabación de una cámara de vigilancia de la universidad a la que dijeron que ella asiste — colocó el video en pantalla —. Podemos verlo aquí —lo señaló — observando hacia acá —cambió la imagen —, si no me equivoco, esa es Isobell. Él se queda en ese lugar por alrededor de veinte minutos hasta que ella se levanta y entra a su siguiente clase. —Pero… ¿por qué pasa tanto tiempo observándola? Cóndor sintió como si una luz se encendiera en su mente. —¿De cuándo es esto? —Cóndor añadió la pregunta. —De hace una semana. —¿Cuánto tiempo dijo John que él tenía siguiendo a Isobell hoy? —Alrededor de una hora —respondió Miles. Rio un poco. —¡No puede ser!  — rio con más fuerza— ¡No puede ser! — aplaudió — ¡La observa, pero no tiene contacto alguno con ella! Cree que puede mantenerla a salvo si no se acerca, pero no puede dejar de verla. ¡Esto es tan romántico! A pesar de su euforia, Cóndor sentía indignación por haber sido engañado todo ese tiempo, por haberse creído lo que le habían mostrado y no pensar en que, si él decía haber encontrado a alguien tan increíble, no la olvidaría tan fácilmente. —Muy bien, equipo, ya tenemos una ruta fija — se dirigió al centro de la habitación —. Dana, continúa con tu mismo objetivo. Los demás, quiero que varios hombres sigan a Isobell, pero con total discreción y sigilo para ella, pero que sea muy evidente para nuestro muchacho —no pudo evitar sonreír grandemente —. Quiero que sepa que los asechamos y vamos a atacarlos en cualquier momento porque, aunque él crea estar preparado para nosotros, somos invencibles. Allí notó otro cambio en él, no era tan simple como lo fue antes de Isobell, esa chica había cambiado su manera de actuar y le había hecho saber lo que era realmente tener miedo a perder y no tener lo que amabas. Ya no era tan valiente, ese muchacho que antes estaba dispuesto a darle guerra ahora era un cobarde por amor, porque, aunque sabía que lo mejor era alejarse de ella y dejarla ir, no había sido lo suficientemente valiente para no verla nunca más y seguir adelante. La situación era mejor de lo que esperaba: Ella causaría la peor de las emociones en él, como le había causado muchas otras: sin siquiera intentarlo. 

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