Justo en ese momento, como si mi presencia no existiera, la voz de Jaxon se alzó con frialdad desde el extremo de la mesa. —Cuando llegue Selene, díganle que me busque en el despacho. Mi corazón se arrugó al escucharlo decir eso, no había dicho nada al yo llegar a la mesa, eso provocó que lo mirara incrédula sin poder cerrar mi boca. —¿Qué buscaría Selene en esta casa? Jaxon levantó una ceja y me miró sin emoción.—Aunque seas mi esposa, eso no te da derecho a meterte en mi vida. Me quedé helada, no por sus palabras, sino por el desprecio con el que las dijo. Se levantó de la silla y se fue sin más, dejándome con el avergonzada ante su madre y su hermana. —A veces amanece de mal humor —comentó Melissa como si nada. —Su mal humor tiene nombre —dije bajito, sin poder evitarlo—. Y ese n

