Me sequé las lágrimas con la manga de la camisa, me incliné hacia mi madre y besé su frente con cariño. —Vuelvo más tarde —dije y salí del departamento. Empecé a caminar sin rumbo fijo, dejando que mis piernas me llevaran donde quisieran. No sé cuánto tiempo caminé, pero después de unos minutos mis ojos se posaron en una figura sentada en uno de los bancos del parque, y ahí estaba ella, era Daphne. Mi corazón reaccionó antes que mi razón, se aceleró como si la simple vista de su silueta le diera vida. Me acerqué con tranquilidad, sin hacer ruido y me detuve justo detrás de ella. —Te amo Daphne —dije y vi cómo su espalda se puso recta por un segundo antes de girarse hacia mí. —El tiempo que debamos estar juntos… —continué diciendo— quiero vivirlo contigo, felizmente, no quiero desp

