Comienzo.

4986 Words
Meses atrás, antes de la noche de bodas. En uno de los suburbios más lujosos se encontraba la Villa de unas de las familias más prestigiosas. El clima era caluroso, pero eso no impedía que se respirara un ambiente fresco en todo el lugar. La servidumbre estaba alborotada con los arreglos de la cena que se iba a llevar a cabo. El invitado de honor seguía siendo una incógnita, según los empleados; quienes no paraban de murmurar unos a otros, especulando con el nombre de quien se trataba, porque para haber puesto aquella Villa en un caos total, y para que los señores de la gran casa, que siempre se mantenían calmados y sonrientes, en esa ocasión se encontraran muy ansiosos y nerviosos a la vez, tendría que tratarse de alguien muy especial, o muy poderoso. Se rumoreaba que sería el hombre más poderoso del país quien los visitaría. Esos eran algunos de los murmullos que corrían por toda la enorme lujosa casa, pasando por cada uno de los muchos empleados. Ajenos de la situación que se vivía afuera en los pasillos, en el gran estudio se encontraba una pareja de esposos de mediana edad nerviosos. Ambos no dejaban de caminar de un lado a otro, sus mentes estaban hecha un caos tratando de pensar cómo podrían resolver el problema que se les avecinaba como un huracán sin control. —¿Dónde está Tanying? —Preguntó de repente Marc a su esposa, deteniendo sus pasos. Alice, apenas escuchó la pregunta de su esposo, quedó en seco sin saber qué responder. Su hija había salido desde muy temprano sin haber dicho palabra alguna, por lo que no tenía ni la más mínima idea de donde se encontraba, también estuvo intentando llamarla muchas veces al celular, pero siempre la mandaba al buzón de voz. —Ya sabes cómo es Tanying —Respondió mientras daba un largo y cansado suspiro. El hombre frunció el ceño. ¡Claro! él mejor que nadie conocía a su traviesa hija, pues había estado con ella durante todo su crecimiento. Desde que había nacido lo único que le había traído eran muchos dolores de cabeza, estuviera bien o mal de salud, donde solía ir Tanying Dómale Dapane solían haber problemas, en pocas palabras era un problema ambulante. No hubo día en que no le hiciera salir más canas y constante arrugas, incluso podría decir que cada arruga que tenía habían salido gracias a su hija. A pesar de todo, no importaba los miles de problemas que causara, Marc siempre estaría dispuesto como un superhéroe, listo para resolver cualquier caos que fuera ocasionado por su pequeña. El hombre era tan débil cuando se trataba de su bella hija, que no le importaba lo mucho que lo hiciera rabiar de furia, ya que jamás se atrevía ponerle una mano encima. Para sus ojos, su hija era un tesoro muy preciado. Al recordar el rostro sonriente de su hija una leve sonrisa se dibujó en sus finos labios, pero así como llegó desapareció. El hombre no pudo evitar sentir un dolor agudo en su corazón cuando pensó en la cena que se llevaría a cabo en la noche, su respiración se hizo pesada mientras que un nudo se le formaba en la garganta. Alice notó el estado de su esposo, por lo que decidió acercarse a ayudarlo a tomar asiento. Una vez ambos estuvieron sentados, uno junto al otro con sus manos entrelazadas, no pudieron evitar soltar un par de lágrimas. La situación se tornaba muy nublada para ellos, más que todo para su hija, por lo que la tristeza en su corazón era inevitable en imaginar una vida sin su bella hija alrededor de ellos, aunque normalmente estuviera más tiempo en la universidad, tenía cierto presentimiento de que todo cambiaría y nada volvería a ser igual. Sus manos no demoraron en temblar, lo que inmediatamente fue percibido por su esposo, quien apretó con fuerzas las manos de su esposa en un intento de consolación. (......) En unos de los grandes y lujosos centros comerciales, en el estacionamiento subterráneo, se encontraba una joven mirando para todos lados como un sigiloso ladrón, asegurándose de que nadie la viera. A simple vista, parecía una joven universitaria, su vestimenta era casual, pantalón y camiseta sencilla con unos tenis que hacían una combinación perfecta, lo que la hacía ver como cualquier otra chica. Sin embargo, si se detenían a ver sus rasgos faciales, cualquiera quedaría sin aliento y dudaría si aquella joven era real o un simple espejismo producido por su imaginación, ya que su belleza era única, su cabello largo que había sido tinturado de color lila recientemente, le daban un toque especial. Sus pies se movieron a toda prisa cuando se percató de que su objetivo estaba cerca, se acercó con sigilo y empezó a escribir con un lápiz labial en letras grandes y claras en el parabrisas del Bugatti deportivo de lujo. Minutos antes… Una chica trataba de estacionar su BMW, había dado muchas vueltas por el estacionamiento para encontrar un lugar para estacionarse y cuando al fin encontró un lugar, un Bugatti había pasado cerca de ella, rebasándola y robando su lugar de estacionamiento. Furiosa, ella salió de su automóvil con la intención de tratar de ser lo más educada posible con la persona que había robado su lugar, pero fue inútil. Apenas salió el hombre quien se suponía que era el dueño del Buggati, había quedado distorsionada por un momento, en todas sus facetas se podía decir que estaba viendo al individuo más guapo que sus ojos hubieran visto. Sin embargo, al instante recuperó su sentido común al ver que ni siquiera se volteó a mirarla, pues apenas intentó replicar sus palabras quedaron en nada. —Quítate de mi camino. ¿Acaso no ves que estas estorbando? ¿O piensas fingir que estas ciegas? —Inquirió él cortante. —¡Estás loco! Acabas de robarme mí puesto de estacionamiento, cuando claramente encendí la direccional de mi vehículo, y ahora me estás insultando. ¡A mí se me hace que el ciego es otro! —Replicó la joven con ironía mientras rodaba los ojos. El rostro frío del hombre miró donde estaba estacionado su automóvil y volvió a mirar a la chica que tenía frente sus ojos, como si se tratara de una desquiciada —No veo que exclusivamente especifique que ese sitio le pertenece a alguien, así que deja de actuar como una loca que busca llamar mi atención —Dicho eso, el hombre siguió su camino sin ganas de seguir perdiendo su tiempo. —Lo que tiene de guapo, lo tiene de imbécil —Murmuró molesta con su rostro teñido de rojo por la rabia. No solo había tomado el lugar en el que se iba a estacionar, por si fuera poco, la había tratado como una loca que solo quería llamar su atención. Frustrada de aquella situación, a la chica se le ocurrió darle una pequeña lección a aquel hombre, para que, en el resto de su vida, no volviese a ser tan arrogante y grosero. Cuando el parabrisas quedó totalmente rayado con lápiz labial rojo, sonrió victoriosa y se sintió orgullosa de su trabajo, aunque era algo infantil. Cuando estaba a punto de irse del lugar del crimen, escuchó voces a lo lejos que gritaban. –¡HEY!, ¡¿QUÉ RAYOS CREES QUE HACES?!. Cuando vió que era aquel hombre quien había abierto la puerta al arrogante narcisista de unos minutos atrás, comenzó a correr como un animalito salvaje para llegar a su automóvil mientras se quejaba mentalmente. ¿A qué persona se le ocurría entrar a un centro comercial, tan solo por unos pocos minutos? Apenas estuvo dentro de su coche, se apresuró a encenderlo, y ya para cuando el asistente del hombre estaba a punto de llegar al automóvil de la chica, ya era muy tarde, la joven había sido más rápida y se había dado a la fuga. Maldito psicópata narcisista. Eran las palabras que adornaban el parabrisa del coche, y como si aquello no hubiera sido poco, una enorme cara dibujada de una figura de un gato le sacaba la lengua. La respiración de Maximiliano se distorsionó, era la primera vez que conducía aquel automóvil desde que lo había comprado, pero ahora simplemente había sido rayado con palabras vulgares como cualquier basura. —Señor la joven... Yo... No... No pude alcanzarla —Balbuceó Paul con evidente nerviosismo y con un poco de cansancio. Maximiliano le lanzó una mirada fría a su asistente —¿Quieres que yo vaya a alcanzarla por ti? —Inquirió con molestia. —No, yo jamás quise decir tal cosa —Negó con rapidez e inquietud. —¿Entonces que supone que haré con un no pude alcanzarla?. Paul sabía que significaba la molestia de su jefe, tanto así que él no quería pagar los platos rotos del causante de su irá —Tendré toda la información de aquella mujer, a más tardar mañana a primera hora encima de su escritorio —Afirmó con algo de temor. —Mas te vale, ya que últimamente tu insuficiencia cada día me sorprende más, hasta el punto de considerar en darte unas muy lindas vacaciones, tal vez los países bajos sería una buena opción para ti. He escuchado que en una de las sedes de mi empresa se está necesitando personal de limpieza para... —¡NO! —Interrumpió con rapidez Paul, negándose a cualquier tipo de las llamadas vacaciones que su jefe le quería dar. Maximiliano lo fulminó con la mirada, por lo que Paul vaciló por unos segundos armando las palabras correctas en su mente para decir a continuación —. Lo que quise decir fue que es muy amable de su parte, pero la verdad no necesito vacaciones —Corrigió. —Eso espero —dijo de manera cortante, dando por terminada aquella conversación. Ya dentro del automóvil Paul miró a su jefe de reojo, dudando si decirle que el anciano Cash le había encargado de hacerle acuerdo sobre la cena que se llevaría a cabo en la casa de los Domale Dapane, donde Maximiliano sería el invitado principal. Su presencia era importante, ya que si optaba por no asistir estaría desafiando de todas las maneras la autoridad del anciano Cash, y él como asistente personal seria arrastrado en medio de una guerra fría entre abuelo y nieto. —Señor, su abuelo me pidió que le recordara que debe asistir a la cena de esta noche, la cuál se llevará a cabo en la casa de los Dómale Dapane —dijo Paul con algo de inseguridad, ya que no sabía como reaccionaría su jefe después, porque se notaba que aún seguía molesto con el incidente de su automóvil y no quería las vacaciones ya antes mencionadas. Maximiliano le lanzó una mirada furiosa a su asistente como respuesta, eso fue suficiente para que Paul se mordiera la lengua y guardara silencio el resto del camino. Por otro lado, Maximiliano pensó en su amarga situación, al recordar aquella alianza familiar que su abuelo había sellado con su viejo amigo cuando eran jóvenes, y aún tenían el dominio de la ciudad, dado que ambas familias habían tenido hijos varones el acuerdo pasó para sus nietos. La suerte no estuvo de su lado esa vez, la familia Cash había tenido un varón como primogénito, luego siete años después la familia Dómale Dapane fue bendecida con una niña cómo primogénita, aquel día su destino quedo pactado en un contrato matrimonial entre ambas familias. Todo eso fue confesado recientemente por su abuelo durante el desayuno de esa mañana, el anciano lo había dicho como si él fuera un tipo de mercancía la cual estaba disponible en ser negociada al mejor postor, lo cual hizo que se enfureciera negándose a cumplir dicho contrato. Pero como hombre de negocios y ambicioso que era, sabía que una alianza mediante un matrimonio con la familia Dómale Dapane sería un Jaque mate, ese era el mejor pase que tenía para lograr su cometido, el terminaría por convertirse en unos de los hombres más ricos del mundo y con un poco de suerte seria uno de los primero en aquella lista. Una vez que lo lograra, encontraría la manera de deshacerse de cualquier lazo que lo uniera a la familia Dómale Dapane y la dichosa alianza. Sin saber que su tranquila vida estaba a punto de dar un giro inesperado, inocentemente Tanying no dejaba de sonreír alegremente mientras conducía su coche, pensando que se había salido con la suya, le había dado su merecido a aquel hombre arrogante. No tanto de lo que realmente se merecía a su parecer, pero le bastaba con saber que al menos había hecho algo y que no lo volvería a ver por el resto de su vida. Luego tenía que ver a donde compraría el obsequio que quería comprar en aquel centro comercial para el cumpleaños de su mejor amiga y compañera de clases. De repente el celular sonó atrayendo la atención de la joven, quien al ver el nombre de su madre en el identificador de llamada hizo una mueca con sus labios y volteo su atención en conducir. Lo que restaba de la mañana Tanying era consciente de que había ignorado a propósito todas las llamadas de su madre, ya que estaba segura que su único propósito era convencerla a como diera lugar, para que asistiera a la cena de ese día. Sin embargo, no estaba dispuesta a ceder por ningún motivo. Horas más tarde… En el club privado de la ciudad de New York, en una habitación Vip reservada, el lugar estaba poco iluminado pero lleno de gente. Hombres y mujeres jóvenes acudían en grandes cantidades al sitio, que era uno de los más populares de la ciudad. Los cuerpos sudorosos chocaban entre sí al ritmo de la música en los salones principales, mientras tanto dentro de la sala 501 había una mesa llena de botellas de cervezas, de vino y una buena cantidad de aperitivos. La sala estaba adornada para celebrar una fiesta de cumpleaños. La cumpleañera era Karen White, quien cumplía 20 años ese día, amiga de Tanying y compañera de clase. La cumpleañera comenzó a divertirse después de recibir todos los obsequios, comenzó a beber con sus compañeros de clases, por otro lado, Tanying fue la última en llegar a la fiesta ya que se había demorado escogiendo el regalo perfecto para su amiga, ella dejo el regalo en una esquina y también comenzó a divertirse con los demás. Después de medianoche, todos estaban reunidos en un grupo en medio de la sala. —Ahora, Juguemos piedra, papel o tijeras, quien pierda le tocará hacer un reto nada cursi —dijo una de las chicas que ya estaba cansada de jugar verdad o mentira. —Emily, ese juego es asqueroso, piensa en algo que no sea infantil —Un chico que ya estaba borracho, se quejó. —Hoy es el cumpleaños de nuestra sexy y ardiente peli roja, así que haremos más emocionante el juego —Enseguida mostró una sonrisa malvada que se podría comparar con la del Grinch, lo que hizo que a algunos de los invitados se les erizara la piel. Dado que todas las personas en la fiesta eran estudiantes universitarios, muchos todavía eran bastantes inocentes, ya que eran de nuevo ingreso. Conocían el juego y las consecuencias de los retos que estos podían ocasionar, solo sirven para hacer el ridículo de alguna u otra forma, por lo que ellas o ellos terminarían siendo la burla de los demás presentes. Pero Emily tenía otra cosa en mente para su buena amiga Tanying, las mejillas de ésta ya estaban de color carmesí por el exceso de la cantidad de alcohol que había consumido. Cuando comenzó la primera ronda, Emily guiñó un ojo a los demás, quienes se dieron cuenta de lo que estaba planeando. —Escuchen con atención, ésta será la primera vez que haremos de este juego algo interesante, si pierde cualquiera de nosotros no estará en la posición de negarse a nada, por lo que, si aún están en pañales, éste es su momento de retirarse ¡Bebitos! —Emily miró a todos los que habían formado la ronda, al ver lo reacios que estaban en marcharse, sus labios dibujaron una sonrisa siniestra —. Quien pierda primero tendrá que interrumpir cualquier sala privada VIP de éste piso, entrar como un anfitrión, beber de las bebidas que estén consumiendo los ocupantes de la sala y besar en los labios a cualquiera de los presentes, sea hombre o mujer. Él o ella no podrá negarse—dijo Emily. Al escuchar el reto, todos rieron con malicia, estaban ansiosos de que la primera ronda comenzara. Esa vez un chico resopló de disgusto, pero no dijo nada, sabía que ya existía un complot y ese era dirigido contra Tanying, quien claramente no se podía mantener en pie muy bien. Después de jugar, piedra, papel o tijera, todos voltearon a mirar a Tanying, quien a pesar de estar ebria se quedó sorprendida de ser la única en perder, ya que por estadística debían perder dos o tres. Ella se quedó mirando su mano, siendo esta la única que formaba el símbolo de papel. Luego miro a los demás y vio que todos eligieron tijeras, sus ojos se agrandaron y su mandíbula se tensó. —¡j***r! —Gritó al recordar el reto, e inmediatamente sintió ganas de llorar de solo pensar que tendría que besar a un desconocido y peor aún, al tener que entrar a una sala privada donde podría ser reconocida inmediatamente y desprestigiar el apellido de su familia, la cual era una de las más importantes. Era consciente de los problemas que eso podía ocasionar, pero no podía retractarse a cumplir el reto, ya que desde el inicio estuvo de acuerdo, así que dió unos pasos en dirección a la puerta, mientras se tambaleaba de un lado a otro, sacó todo el coraje de donde ya no había y suspiró varias veces antes de abrir la puerta. Una vez salió de la habitación, tomó impulso a la puerta que estaba en frente, que era la 502, y con lo mareada que estaba nada más se golpeó en la cabeza. Sus amigos quienes la seguían para ver si cumplía con el reto, únicamente se rieron sin ayudar, después se levantó y siguió caminando por el pasillo mientras intentaba entrar a una de salas, pasó por varias puertas, y cuando se encontraba por la sala 508 alguien de la puerta de la sala 510 abrió y de ella salió una pareja que al parecer ya se estaban retirando de esa sala. Tanying se movió apresuradamente mientras en su cabeza todo daba vueltas como si estuviese en un parque de diversiones, así que puso su mano en el pomo para evitar que la puerta se cerrase. Su perfecta figura delgada logró deslizarse y pararse en la entrada, mientras que sus ojos curiosos divagaron por toda la habitación, su contacto visual fue inevitable con un hombre que estaba sentado en los sofás en medio de la habitación, las luces bajas no dejaban ver perfectamente las facciones del hombre, aunque había tres más quienes la miraban con curiosidad, sus ojos estaban fijo en el hombre que vestía de camiseta blanca, pantalón n***o y zapatos de cuero, también negros. Tanying se quedó paralizada por un momento. El bullicio y susurros de sus compañeros hizo que volviera en sí, así que respiró hondo y reunió más coraje. Con valentía, se adentró a la habitación sin dejar de mirar aquellos ojos fríos con pasos seguros, evitando tambalear y verse más ridícula de lo que ya se sentía. A medida que se acercaba, le era inevitable respirar el humo de cigarro que flotaba en el ambiente, arrugó la nariz a la vez mostrando una dulce y tierna sonrisa. Mientras se acercaba a su objetivo, su mirada se desvió por cuestión de segundos a la mesita donde se podía observar algunas botellas de vino vacías, cartas, cigarros y encendedores. —¡A la mierda! —Maldijo para sus adentros, recordando que debía beber y ella ya se sentía lo suficientemente mal como para beber otro vaso más de licor. Sin embargo, arrastró sus pies hacia donde se encontraba el bar y tomo la primera botella que sus ojos lograron ver, una vez bebió de esa botella sintió una corriente de adrenalina recorrer cada parte de su cuerpo, sus ojos volvieron a encontrarse con los de su objetivo quien parecía mirarla con rareza de igual manera como ella lo hacía. Un paso, dos pasos, tres pasos y cuando menos lo pensó estaban tan cerca que el aroma de su perfume flotaba alrededor de su nariz, sin previo aviso choco sus labios con los de aquel hombre mientras cerró sus ojos, una vez lo besó se dió la media vuelta y huyó como si se trace de un ladrón siendo descubierto. Maximiliano había llegado al club 20 minutos atrás, procedente de la mansión Dómale Dapane, donde había estado esperando por horas a la futura esposa que su abuelo le había impuesto en aquel contrato matrimonial y quien nunca se apareció a dicha cena. No estando dispuesto a esperar a tal mujer por más tiempo, se había marchado de aquella mansión algo molesto, por lo que decidió ir a un club para tomar unos cuantos tragos con un par de amigos, al llamarlos ellos ya se encontraban en un club diferente a los que solía ir. Le dijo a Paul que se encargase de llevarlo al club y que se quedase con él para que lo llevase a su hogar si se pasaba de copas, una vez llegando a dicho club se dirigió a la sala 510. En un lapso de 30 minutos, él solo se dedicó a tomar whisky mientras veía jugar póker a los demás, de pronto notó que una pareja que ya se retiraba, no pudo evitar ver a la pareja y decir en su mente, menuda manera de desperdiciar la vida. En ese instante notó que una chica se asomó a la puerta evitando que esta se cerrara, de alguna manera, dicha chica le resulto familiar, lo cual hizo que su expresión facial cambiara a una manera más seria. Frunció el ceño, ¿Quién rayos es y por qué me molesta verla? Trató de recordar dónde la había visto antes, mientras se perdía en reflexionar acerca de quién podría ser y donde la había visto. Maximiliano perdido en sus pensamientos, ignoró totalmente el tiempo y espacio a su alrededor, solo pudo despertar al sentir unos suaves labios de alguien más en los suyos, quedó estupefacto en ese instante, era ni más ni menos que la misma mujer con color de cabello imposible de confundir que le rayo su auto por la mañana. Después del sorpresivo beso, Maximiliano se quedó petrificado en su asiento, mientras que su rostro se oscureció como la noche, mientras veía a la chica salir de la sala 510 a toda velocidad. —Paul— rugió, furioso. —¿Si señor? —La dejas escapar esta vez, y te irás de vacaciones sin retorno — Amenazó ya irritado. Paul fue lo suficiente audaz para salir inmediatamente de la sala y comenzar a buscar aquella chica que había sido demasiado valiente como para desafiar a su jefe dos veces en el mismo día. Por otro lado, los otros dos hombres hicieron como si nada hubiera sucedido y siguieron jugando póker, porque ninguno de los dos estaba preparado para enfrentar la furia de Maximiliano Cash. De pronto un teléfono celular sonó, rompiendo el enorme silencio incómodo que se había formado. —¿Maximiliano, como es posible que te hayas marchado de esa manera? —La voz molesta del anciano Cash, se oyó en la otra línea apenas se conectó la llamada. El viejo estaba lo suficiente molesto, por la vergüenza que su nieto le había hecho pasar en la Villa de los Dómale. Maximiliano no se molestó en responderle, sin más finalizo la llamada. Estaba lo suficiente molesto como para tener que lidiar con su abuelo—¡Qué día de mierda! —Resopló con molestia. (...) Un fuerte ruido resonó por todo el estudio de la enorme mansión Cash. Los pedazos del móvil cayeron en el piso. —¡MOCOSO INSOLENTE! —Gritó con cólera el anciano con su rostro enrojecido —. ¿Cómo se atreve a ser tan irrespetuoso? No solo me hizo quedar en vergüenza, ahora se atreve a cortarme la llamada —Vociferó temblando de la ira. Mientras que su respiración se hacía más pesada dificultando que el aire entrase normalmente a sus pulmones. Apenas dió un paso hacia la puerta principal, se tambaleó perdiendo el equilibró. Su cuerpo arrugado y ya cansado, cayó en el piso. Pronto la puerta del estudio se abrió, el mayordomo de la familia corrió hacia donde se encontraba el anciano. —Señor sus pastillas —dijo colocándosela en la boca del viejo, para luego pasarle el vaso con agua que llevaba en sus manos. El anciano tragó las pastillas con el agua, y pronto su respiración se estabilizó, por lo que con ayuda del mayordomo se sentó en el sofá. Éste no preguntó el motivo de la crisis que había tenido porque sabía que el único quien podía hacer que se enfureciera a tales grados, era su nieto. —Señor, debería de tener más cuidado, su salud no es tan buena —dijo el mayordomo, llamando la atención del anciano Cash, quien entrecerró sus ojos al escucharlo. —Ahora no Pedro, ese mocoso me saca fuera de mis cabales, cada día su insolencia aumenta —Reprochó en su defensa —. Mejor dime que has averiguado de esa mujer con la que sabe andar mi nieto. —Parece que el señor Maximiliano realmente está enamorado de ella —Confesó el mayordomo sabiendo a quién se refería el anciano. —¡No! Jamás permitiré tal acto inmaduro —dijo el anciano con rapidez, reacio a que su único nieto terminara cayendo por completo en las garras de dicha mujer, que era todo menos digna para formar parte de la familia Cash. —¿Averiguaste porque la hija de Marc no se presentó en la cena? —Indagó. —Me informaron que la señorita Dómale estaba en un club celebrando el cumpleaños de una amiga —Fue la respuesta que le otorgó. —Parece que ésto va a ser más difícil de lo que pensaba —Murmuró el anciano con voz ya cansada. ****** Dentro de la sala 501, Tanying se frotaba sus mejillas rojas y sentía que ardían de vergüenza. Eso era la cosa más loca que había hecho en su corta vida. Con el corazón agitado, su mente era un remolino de caos que se inundaba de pensamientos. Emocionada, Emily se acercó a Tanying, quien todavía estaba absorta en sus pensamientos, y la sacudió por los hombros —¿Sabes quién era ese hombre? —Preguntó alarmada. —No. ¿Quién es él? —Preguntó Tanying, tratando de relajarse, mientras tomaba un trago de agua. De repente la puerta de la sala se abrió y un hombre atractivo procedió a entrar, pero todos estaban entretenidos en lo suyo como para percatarse del nuevo individuo, o más bien en el chisme que estaba a punto de contar Emily. —¡Maximiliano Cash! —Emily gritó su nombre con mucha fuerza mientras miraba el rostro de su amiga. Se suponía que el nombre era suficiente para saber de quién se trataba, por lo que quería estar segura de que Tanying lo escuchara bien. —¿Y, que pasa con eso? — Indago Tanying, sin tener idea de porque el alboroto de Emily. En lugar de enojarse Emily se quedó atónita. Incluso Jeremy uno de los mejores amigos de Tanying se quedó pasmado cuando escuchó el nombre. —¡Maldición! Tang —Exclamó alguien en la multitud y a quien el nombre de Maximiliano golpeó sus oídos como el trueno de un rayo. Por otro lado, quien no supiera de Maximiliano Cash, tendría que haber vivido bajo una roca toda su vida. Aunque muchos sabían su nombre, muy pocos conocían su rostro, ya que en las revistas y en los medios de comunicación jamás revelaba su rostro y cuando eso pasaba su imagen podría durar minutos subida en línea para luego ser borrada. No era de extrañar que una chica como Tanying, quien no vivía pendiente de los chismes o medios de comunicación como el resto de sus amigos, no conociera su rostro. Todos no pudieron evitar reír, al ver el rostro de la chica palidecer. Tanying reaccionó, tomó un puñado de servilletas y procedió a limpiar el rostro de su amiga, pero estaba demasiado fuera de si como para disculparse. —¡j***r, Tang! ¿Me estas jodiendo acaso? ¿Como que y qué? Estamos hablando del empresario más joven que ah rompido récords en el mundo de los negocios —Emily maldijo. Tanying no dijo nada y salió corriendo tan rápido como pudo. Pero de repente Maximiliano la tomó de la muñeca y la jalo cerca de él. Estoy frita, fue el primer pensamiento que se le cruzó por la mente, al reconocer aquella fragancia que hace momentos atrás le había parecido adictiva. —Sí que estás frita, pero del cerebro —Respondió con sarcasmo Maximiliano, quien había escuchado su pensamiento, porque la chica lo había dicho en voz alta. —Sí que estás frita, pero del cerebro —Respondió con sarcasmo Maximiliano, quien había escuchado su pensamiento, porque la chica lo había dicho en voz alta. Silencio absoluto, los murmullos y risas se silenciaron automáticamente, más nadie se atrevió a mover un solo músculo. Por otro lado, el rostro de la joven palideció como un papel, en el momento que sus ojos hicieron contactó visual.
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