Velada

1700 Words
Finalmente cuando Ana María terminó de contarme su historia cayó en lágrimas, “Aún no los encuentro” me dijo refiriéndose claramente a su familia, no sabía si estaban vivos, si habían podido superar su crisis económica, si vivían en la calle, o incluso peor si el tipo los había buscado para amenazarlos y si habrá llegado a tal límite; se le veía totalmente devastada, jamás había visto a Ana María en una posición tan débil, era la primera vez que la veía frágil, casi como de papel, veía las venas de su frente y de su sien brotarse del llanto. No podía comprender cómo a alguien le podían pasar tantos sucesos trágicos, daba pena, daba dolor verla así, me preguntaba si el lugar donde vivía era un buen lugar, era seguro, pero no quería ahondar más en su vida privada cuando forzada por la situación ella tuvo que decírmelo todo a mi. —Eres una muy buena artista—le dije para romper el mar de sufrimiento que había en su cabeza —¿Lo dices para echarme pomada?—dijo riéndose de ella misma —No, la verdad tienes un talento muy propio, y tienes tu propio estilo, incluso para la pintura, yo aún no puedo llegar a ese nivel —Gracias—dijo con una voz vacía, casi sin sentirlo —¿Quieres que vayamos a comer algo? —¿A dónde?—dijo secándose las lágrimas—todos los lugares para comer por aquí son restaurantes o bares donde la comida está cara —No importa, ¿Recién me pagaron recuerdas?—dije orgullosa—aparte ya me contrataron en Versalles, compañera—dije con un tono animado —Jajaja, está bien, vamos Ambas nos levantamos y empezamos a caminar, alejándonos aún más de la galería, vimos muchos restaurantes bastante finos, incluso para el dinero que cargaba; así que seguíamos caminando, las miradas de todos los hombres se posaban sobre nosotras, miradas llenas de lujuria, de deseo, que deseaban vernos en nuestra expresión más mínima para su deleite, sumisas y obedientes para ellos; pero no estaban más lejos de la realidad, el deseo de ellos quedará únicamente como el vapor del vidrio que nosotras limpiamos, en cualquier otro momento nos sentiríamos incómodas, pero sabíamos que éramos diosas caminando entre gente que ni por casualidad daría con la suerte de enredarse con alguna mujer como lo éramos Ana María o yo. Llegamos a un lugar donde la luz era tenue, casi anaranjada, con la suficiente amplitud para ser considerado un restaurante de etiqueta, pero con la cantidad exacta de luz para ser lo suficientemente privado y personal entre las mesas.  —Buenas noches señoritas, aquí tienen la carta, para servirles—dijo acercándose un camarero con una sonrisa de oreja a oreja —¿Qué tanto vas a gastar?—preguntó Ana María —No lo sé, lo que salga, no te fijes en el precio, pide lo que quieras—respondí —Está bien, espero te alcance entonces—dijo con una sonrisa que se asomaba sobre la carta que sostenía —Yo ya sé que voy a pedir —Déjame elegir algo—dijo mientras buscaba apresuradamente que pedir—¿Tú que pedirás? —Ravioles con salsa de champiñón —¡Uy! Suena bastante fino —No es para tanto, eso hasta lo sé cocinar yo, y eso que no soy una maestra culinaria —Yo quiero esto—dijo dando media vuelta a la carta y señalando unas de esas extrañas sopas francesas— Levanté la mano, a lo que el joven camarero, con evidente fijación en nosotras nos tomó la orden y se retiró con el par de cartas, Ana María se veía mucho más tranquila y relajada que antes, la música del lugar era salsa, muy en contraste con el restaurante parecía tener cierto nivel de finura. Ahora la que se perdía en sus ideas era yo, Ana María parecía más distendida, como una niña pequeña distrayéndose, ahora ella con la comida; mientras que por otro lado yo me quedé viendo el centro de la mesa, no dejaba de ver el punto medio de la mesa entre las dos, pensaba en todo lo que ha pasado ella, y todo eso la ha curtido, o le ha abonado a ser una gran artista, mientras que yo,  pese a que no tengo la vida resuelta, tengo muchas más facilidades, he tenido menos contratiempos, y aunque ella sea un poco mayor que yo, no he podido exprimir ese sentido de mi existencia, aún no sé qué será de mí, mientras que Ana María parece caminar con paso firme, yo aún me siento ahogada por mis sueños, aún no he podido descansar lo suficiente, porque necesito estar moviéndome todo el rato para vender mis obras, pero necesito dormir para inspirarme, a veces un estado de coma no viene tan mal después de todo. La música me tapaba los oídos, no me dejaba concentrarme, la mirada de Ana María tampoco, de repente me encontraba en un lapsus en donde todo lo que me rodeaba me estorbaba, aunque mi cuerpo se moviera al son de este ritmo salsero de Willie Colón, me sentía ahogada, mi cerebro también estaba bailando, pero en búsqueda de una sola zarandeada que lo dejase desconectado, para descansar por fin, horas, largas horas para pintar, yo era de esas personas muy cagadas en la vida, pero no cagadas de mala suerte, o bueno también, pero me refiero a las que están cagadas de miedo, las que luego de hacer algo, estar metido en algo, piensan que debieron haberse quedado como estaban, evitar la molestia y que con suerte todo cambiaría de alguna otra manera. De repente Ana María me movió la mano de lado a lado, preguntándome en lo que pensaba, el pitido que tenía en mi oreja fué disminuyendo, junto con el acongojamiento que me generaba estar en este lugar, solo para ver la cara preocupada de Ana María, en compañía de una canción que acababa de comenzar. Mete la mano en el bolsillo Saca y abre tu cuchillo y ten cuidao Pónganme oído en este barrio Muchos guapos lo han matao Calle Luna, calle sol. Oiga señor si usted quiere su vida Evitar es mejor o la tienes perdida Mire señora agarre bien su cartera No conoce este barrio aquí asaltan a cualquiera En los barrios de guapos no se vive tranquilo Mide bien tus palabras o no vales ni un kilo. Camina pa'lante no mires para el'lao Oye camina no mires pal lao Tú tiene un santo pero no eres babalao Y ten cuidao y ten cuidao Cuidao saca tu coco pelao Camina pa'lante babalao Saca los bolsillos tú estás arrancao Dile que fuiste a La Perla y pelao te han dejao —¿Pasa algo?—me preguntó —Nada, solo estaba pensando—respondí mientras escuchaba las voces de la gente volver a ser parte de mi percepción —Anda dímelo—dijo con cara de asombro—tu sabes prácticamente todo lo importante de mi ¿ Y yo no voy a saber que ronda por tu cabeza? No me jodas—dijo en su alegato —Bueno, ya te digo, ya te digo—respondí— pero ni yo sé realmente que ando pensando —Entiendo ese sentimiento, es como estar como la estática de un televisor viejo —Mmm más o menos si, algo así—dije aún con dudas— solo que siento que debo encontrar algo —¿El qué? —¿Tú te has cansado de buscar?—le pregunté a Ana María —¿A mi familia? No, a veces no sé por dónde buscarlos porque no tengo más familiares, se mudaron y no tengo forma de contactarlos, han pasado años; sé que es agotador, y a veces incluso desisto, pero eventualmente vuelvo a buscar —Así me siento yo, siento que no puedo, que no encuentro nada, ¿Pero qué haces cuando no encuentras nada? Ni un rastro o una pista —Improviso, busco por donde creo que pueden estar, busco donde antes han estado solo para corroborar que no están ahí, para luego volver a improvisar—me dijo con una sonrisa de esperanza—¿Y eso qué tiene que ver contigo? —Siento que hay una fuerza que me arrastra, hacia algo más, que mi camino por el arte si es el que es, pero no encuentro la forma que me apasiona, perdí eso que me trastoca la nuca y me encendía el botón del fulgor con el que pintaba antes, y ahora intento buscarla—dije apenas haciéndome entender— —Entiendo —Pero, fíjate que cuando Isabella me contó todo, al inicio me sentí muy perdida, como puedes imaginar no es algo que te esperes que te cuenten, pero luego pensé en ese sentido del arte que…¿Ustedes?—dije con vergüenza—no sé cómo decirles la verdad —Déjalo en “nosotras” si, al menos en público —Está bien—dije retomando— lo que ustedes hacen siento que está llenísimo de voluntad, de convicción, es arte mucho más verdadero del que pueden hacer otras personas que si bien viven de ello, del arte subsisten, no van a pasarla mal en comparación a las que si necesitaban ese empujón de plata que las pinturas les da acompañado del trabajo en la agencia —¿Y dónde crees que está esa pasión? —Hasta cierto punto creía que solo en mis sueños, pero aparecen en estas ocasiones como te digo, donde veo sentires de verdad, cuerpos frotándose en sus ademanes los unos con los otros y llegando a un estado de ser uno con esa fuerza interior que te motiva a expresarte artísticamente —Suena bastante llevado del putas, pero creo que entiendo—dijo confundida—yo no he tenido en ningún momento ese sentimiento, pero he de admitir que cuando pinto o construyo me siento muy conectada con lo que plasmo en la obra que sea —Es eso lo que quiero buscar, y encontraré una vez que de con esa respuesta que aún no logro aclarar de mi mente
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD