—¿No me ocultas nada más?—pregunté
—No es como si fuésemos una secta o algo así—dijo entre risas—no hay nada más allá, pues ya sabes solo pintan y venden, ya en la agencia es un mundo aparte
—¿Qué sucede allí?—
—No tiene nada que ver con las galería, pero ya sabes—dijo como toda una entendida—en el mundo de la prostitución hay muchas cosas, muchas entran por placer, otras tienen negocios más allá, porque en este mundillo hay drogas, delincuencia, etcétera, y otras entran por...—dijo mientras miraba por el balcón a Ana María llegar— bueno, muchas más razones; ve y habla con ella, yo tengo que hacer unas gestiones por aquí
Inmediatamente y como un servidor fiel, hice caso de ipso facto, bajé por las escaleras y me dirigí a la entrada de Versalles, allí me recibió Ana María con una cara de entre susto y asombro por verme nuevamente en el lugar.
—Hola Ana—le dije muy cordialmente
—¿Ahora qué haces aquí?—
—Perdón por lo que hay—dije seguido de unas risas
—No, enserio—dijo buscando una respuesta de mi parte
—Nada, Isabella me propuso trabajar aquí
Inmediatamente dije eso la cara de Ana María se puso blanca, como la colilla de un cigarrillo, no me dijo nada, me miraba a la cara como intentando descifrar qué tanto sabía de lo que ocurría en el lugar.
—Pe..pero Gaby—dijo desconcertada—tan de repente
—Hey—le dije acercándome a ella para que volviera a sentirse en sí—ya Isabella me contó cómo funciona todo el negocio aquí—dije mientras veía sus ojos abrirse como unos platos ante mi postura tan relajada—bueno, no todo lo sé realmente, aún hay detalles que me tienen bastante en shock de la situación, y tengo preguntas que hacerte enton….
—Ya basta—dijo ella interrumpiendo—no sigas hablando de esto
—¿Y por qué no? ¿Acaso es que no puedo?
—No es que no puedas, pero no está bien…. nunca debiste saberlo, tampoco debí haberte traído aquí
—¿Entonces por qué lo hiciste?—pregunté indignada
—Porque siento que eres talentosa, eres mi amiga y nunca te había podido mostrar mi arte, o bueno, algo fuera de las pinturas, que no es mi fuerte
—¿Y no creíste que algo como esto podía pasar?
—No pensé que Isabella fuese a ser tan imprudente contigo
—Yo tampoco, créeme, me enteré de todo hoy—dije sincera—¿Quieres que caminemos y hablemos un rato?
—Bueno, deja dejo esto—dijo mientras dejaba su maleta sobre el mesón de recepción—
—Buenas noches Ana—dijo uno de los de seguridad, recogiendo la maleta de esta y guardándola en un casillero
—Gracias pacho—dijo con una voz apagada
Salimos de la galería y empezamos a caminar sin un rumbo exacto, yo solo seguía a Ana María, esperando a que ella quisiera comenzar alguna clase de interacción o conversación, no quería presionarla a que me abriera su “lado oscuro” ni que tuviese que apresurarse a darme explicaciones, porque no tenía ninguna que darme. El camino iba por unas losas de cemento sueltas sobre el césped de los diferentes parques que había por la zona, iluminado por los postes de luz y las luces de muchas discotecas que empezaban a llenarse de gente con ganas de desahogar su jornada laboral. La caminata se me hizo eterna, y junto con el tiempo que se estaba incrementando en la misma, mi incomodidad e impaciencia también se incrementaron, me adelanté unos pasos sobre Ana María, solo para ver como tenía la cara llena de vergüenza, con los ojos vidriosos, casi a punto de llorar.
—¿Qué pasa parce?—le dije abrazándola—no se me ponga así, venga
—No quería que nadie se diera cuenta—dijo reincorporándose, con la cara apenada pero ya sin un solo brillo en sus ojos, parece que las ganas de llorar se hubiesen ido, eso sí, las manos le temblaban, no sabía si del frío o de los nervios.
—Pero no pasa nada con que yo lo sepa, no le voy a decir a nadie, yo entiendo la gravedad del asunto china, no se ponga así
—No me gusta que la gente lo sepa, no es que no confíe, solo que no me gusta
—¿Me vas a decir cómo pasó todo?
—Si, pero vamos a sentarnos mejor—dijo mientras alzaba la mirada por primera vez y buscaba un lugar donde sentarnos; a lo lejos había una banca de cemento, que daba vistas a la zona de los bailaderos del lugar
Ana María se sentó y se recostó hacia atrás, dejando su rostro apuntando al cielo, buscando las palabras para poder decirme, o por lo menos dar el puntapié inicial a su historia. Finalmente me lo dijo, cada vez con la voz menos escabrosa y con más firmeza; la vida de Ana María no había sido fácil, había crecido en un barrio peligroso de la ciudad, al igual que muchos de los que hay en todo lado, pero con la mala fortuna que su familia si era un núcleo familiar completamente destrozado, su padre se había ido a una edad bastante temprana para Ana, dejándolos a ella, a su madre y a su hermano recién nacido; los años siguieron y vivían de lo justo, llegando a penas duras a fin de mes con lo justo, sumado a la educación del niño, Ana María se las buscó para trabajar, un trabajo negrero empacando y cargando material que solo le permitían estar en casa para dormir y comer. Los años habían pasado y Ana María conoció a alguien, un tipo de unos veinticuatro años de edad, mucho muy mayor para ella en mi opinión, se hicieron novios y todo iba bien ya para cuando María tenía dieciocho años recién cumplidos, el tipo le propuso vivir con él y su madre, Ana María aceptó luego de debatirlo con su madre una y otra vez hasta el suplicio, aclarando que sus ingresos también iban a ir para ella y claramente su hermano menor. Los meses luego de vivir juntos la cosa fue yendo cada vez a peor, el tipo empezó a demostrar ser un completo patán, golpeaba a Ana María y la forzaba a tener sexo con ella aunque esta no quisiera, todo a escondidas de la madre de este sujeto, pero la mentira empezó a ser insostenible, la madre del tipo empezó a ver que su hijo no dejaba salir a la novia, era como estar en una condena de casa por cárcel, pero mucho peor; la madre no podía hacer nada para ayudar a Ana, pese a que le parecía buena muchacha, ambas estaban completamente dominadas por el hombre. Así pasaron dos años, dos años sin oportunidades, ya sin trabajo, y con los constantes maltratos físicos por parte del abusador. De repente la madre del tipo le dió un trabajo a Ana María, ser webcamer, la madre tenía una amiga de ella que trabajaba en una agencia, durante el segundo año de estancia viviendo con el tipo, Ana María empezó su nombre como webcamer, llegando a tener un buen impacto y una buena cantidad de dinero; dinero que al final era controlado por la pareja, la cual la amenazaba con decir algo sobre él, la vigilaba, la recogía del estudio y la llevaba a la casa, sin la posibilidad de que Ana María hiciese algo. Un día llegó totalmente enojado, sin razón aparente, convencido a tener sexo con Ana María, esta se negó, a lo que el sujeto enardecido de la ira le golpeó el rostro, tumbándola para luego sujetarla del cuello, asfixiándola; Ana María dijo que pensó que se iba a morir, hasta que la madre del tipo intervino, era la que podía calmarla al menos un poco; el sujeto salió enojado de la casa, quizá para beber o buscar algo más que hacer. La madre del tipo al ver tan angustiada a Ana María, golpeada, casi asesinada por su propio hijo, le dijo que se fuera, que mejor alistara todas sus cosas en una maleta y se volara. Y así hizo, Ana María se fue, pero no tenía ningún contacto, ningún familiar, no tenía a nadie, no sabía donde estaba su madre, que hace años no se comunicaba con ella, y no tenía dinero ni trabajo; Ana María confundida, llena de miedo e inseguridades, fue al estudio, donde era el lugar más feliz para ella en su vida cotidiana, las personas que allí trabajaban eran amables con ella, la cuidaban respetaban, llegó allí con sus maletas y sus cosas, donde le dejaron hospedarse y trabajar allí durante varios meses, prometiendo ocultarla de su expareja, finalmente dejó de recibir visitas de ese tipo a la agencia, el tipo había dejado de buscarla, por lo menos físicamente, porque ella cuando decidió volver a abrir sus r************* , observó que el tipo le escribía mensajes con bastante frecuencia, lo que hizo que ella borrara su cuenta y se crease otra. Finalmente con los ingresos que logró como webcamer, aparte haciendo horas extras para poder amasar el dinero lo más rápidamente posible, apenas si podía llegar a alquilar un departamento, pero sabía que no iba a poder avanzar más, no tenía familiares, había perdido contacto con sus seres queridos que no parecían aparecer por ningún lado y recurrió a prostituirse con la propia agencia; esta le aseguraba clientes seguros, normalmente una mujer que se prostituye allí recibe gente del común, y la agencia tenía ya su fama, por lo que recibía gente incluso adinerada, para cuidar a Ana, únicamente dejaban que ella diera sus servicios a los que tienen mucho dinero, los cuales son mucho más seguros y le iban a dar una mayor propina. Todo pasó así hasta que ella cumplió veintiún años, para ese entonces ya se había mudado a vivir sola en un apartamento de alquiler, y ahora pudo ser parte de esas mujeres que mediante el arte podía desahogarse, como explicó Isabella, pero que cuando la situación económica no ha sido la mejor, ha tenido que prostituirse hasta los presentes días.