POV JOHANH La tarde está fresca y la ciudad luce tranquila mientras conduzco rumbo al cine con Niklas en el asiento trasero. Desde que le dije que veríamos una película en pantalla grande, no ha dejado de parlotear emocionado. Su vocecita aguda repite el título de la película una y otra vez, como si al mencionarlo lo hiciera más real. Lo veo por el espejo retrovisor; sus ojos grandes reflejan pura felicidad. Aparco el auto y bajo primero para ayudarlo. Le abro la puerta y él salta con sus pequeños tenis sin esperar mi mano, aunque igual la busca después, con sus deditos calientes y pegajosos aferrándose a los míos. Caminamos hacia la entrada, y antes de llegar a la taquilla, se detiene en seco, jalándome del brazo. —¡Papá, las palomitas! Sonrío, porque claro, no es cine sin palomitas.

