POV JOHANH Llegamos a Berlín pasada la medianoche. El frío me dio de lleno en la cara cuando bajé del coche, pero fue como un viejo amigo dándome la bienvenida. Ese aire seco, ese silencio invernal... Me encantaba. Siempre me gustó estar aquí. Lo único que me faltaba era tiempo para hacerlo más seguido. La casa de mis padres estaba iluminada. Grande, de dos pisos, rodeada de árboles que crujían con el viento. Una entrada de piedra, un jardín ordenado, y ese olor a madera vieja y hogar. Toqué el timbre, aunque tenía mis llaves. Siempre lo hacía. Desde niño. Era una especie de ritual. La puerta se abrió antes de que pudiera soltar el botón. —¡Johanh! —mamá salió envuelta en una bata de franela, el cabello suelto y los brazos abiertos. La abracé con un brazo mientras con el otro soste

