Capítulo 11

1170 Words
“No logro ver nada, estoy en un lugar oscuro. Lejos de mí se ve una luz blanca. Corro hacia ella. Cuando llego veo un lugar hermoso, mucha vegetación, en medio hay un caminito con piedras a los lados. Quedo tan hipnotizada por lo que veo, que no logro captar cuando llega una mujer a mi lado. -          ¿Mamá? ¿eres tú? – pregunto al reconocerla. Ella asiente - ¿Cómo estas aquí? Si tu este muer… - hago una pausa cuando me llegan imágenes de antes que perdiera el conocimiento. – no, no, no…. – niego repetidas veces – yo no puedo estarlo, mi hermano, no el no puede quedar solo. – digo al recordarlo. -          Aun no lo estas mi niña, aun no es tú tiempo – informa – debes de regresar y ser fuerte con lo que viene. – advierte. -          ¿Cómo? ¿Qué quieres decir? – pregunto intrigada. -          Todo a su tiempo, hija. No puedo decirte nada – me deja con la duda. -          Ven, acompáñame. – le tomo del brazo y camino con ella. Llegamos a un lago, es hermoso. -          Mamá, ¿Dónde esta mi hermana? – pregunto al darme cuenta de que no esta con nosotras. -          Ella no esta aquí, nunca llego. Pero si lo hizo su hijo. – extiende su mano en dirección de un pequeño que corre hacia ella. Se agacha y lo toma. Es precioso, su cabello es castaño claro, casi rubio, tes claras y en sus mejillas tiene pequeñas pecas como las mías, se parece mucho a Sophie y sus ojitos son de color azul– él es Ian, ella es Alondra, mi hija. – nos presenta. -          Hola Alon – saluda tímido. -          Hola Ian – le devuelvo el saludo con una sonrisa. El pequeño es muy activo, corre por todos lados. Lo persigo y nos acostamos en el césped. Me duele mi cara y abdomen de tanto reír. Con lo poco que lo conozco lo adoro. Una pequeña corre hacia nosotros, me sonríe. Es hermosa. Tiene el cabello castaño, tes claras, sus ojitos son de color esmeralda, al sonreír se le forman olluelas en sus mejillas. Me levanto y ella me abraza, al sentir su contacto mi corazón late fuertemente. Miro a mi mamá incrédula. -          Ella es tu hija – me confirma. -          E-eres mi bebé – digo abrazándola mas fuerte, mis lagrimas salen solas. -          Si, mamá – contesta sonriendo. Pasamos toda la tarde jugando y riendo. Mi madre me llama a un lado lejos de los pequeños. -          Es hora hija – la miro confundida – es hora de que regreses. – niego. -          No, yo no quiero regresar mamá – me niego – quiero estar con ustedes, no quiero volver a perderlos. No quiero volver a separarme de ella – señalo a mi hija que juega con Ian – la quiero conmigo. Los quiero conmigo. – exijo – no quiero estar sola, no quiero fingir, no quiero vivir una vida que no es la mía. – protesto. -          Lo se hija, pero aun no es tu tiempo. Debes de regresar. Te necesitan. – sostiene. -          No quiero madre, por favor, déjame quedar – imploro. -          No puedes hija, aun no es el momento. – explica. -          Okey. Solo deja despedirme de ellos – digo triste. Asiente y camino hacia los pequeños. – me vengo a despedir, debo de regresar con los demás. – indico. -          Lo sabemos, te queremos. – me arrodillo y ellos me rodean en un abrazo. -          Regresare pronto, para que estemos juntos. - Les doy un beso a cada uno y me levanto. -          Vamos, es hora – dice mi madre sosteniendo mi brazo. Cuando nos estamos alejando, giro y me despido de los pequeños con la mano. Cuando llegamos a la salida, nos paramos y ella me abraza y besa mi frete. – recuerda ser fuerte. Tu eres una guerrera, no te dejaras vencer con nada. – expresa. -          Bueno, lo hare, pero no se si lo lograre – confieso. -          Yo sé que lo harás hija. – afirma – recuerda que también debes de ser feliz. Vive la vida hija, deja el pasado atrás y se feliz. – asiento y camino de regreso a la oscuridad.” Intento abrir los ojos, pero una luz no deja que lo logre, pestañeo. No logro reconocer en donde estoy. Giro para observar mas donde estoy y me encuentro con Leandro. Este sonríe al verme. ¿Qué hace el aquí? -          ¿Dónde estoy? – trato de decir, pero no lo logro, tengo la garganta seca. Abre la puerta un doctor. Ahora se que estoy en un hospital. -          ¿Qué es lo que sucede? – pregunta el doctor. -          Despertó – dice Leandro señalándome. -          ¿sabes donde estas? ¿Cuál es tu nombre? – pregunta. -          En el h…. – no logro hablar por mi garganta seca. El doctor extiende un vaso con agua, me lo bebo como si nada. -          ¿ahora sí? – pregunta. Asiento. – entonces respóndeme, ¿Cómo te llamas? ¿Cuántos años tienes? Y ¿Dónde estás? – repite. -          Mi nombre es Alondra Bianco Milano, tengo 26 años y estoy en el hospital, creo. – contesto. Asiente. -          ¿Recuerdas lo último que sucedió antes de que perdieras el conocimiento? – pregunta. -          Estaba conduciendo a la empresa de Leandro cuando tres vehículos me rodearon, uno de los tipos saco un arma, yo asustada acelere y choque con otro vehículo perdiendo el control de mi coche, este dio algunas vueltas y de hay no recuerdo nada. – le comento. -          Okey, no tienes perdida de memoria. Te mandare a hacer unos exámenes para confirmar que todo este en orden. – dice anotando en la ficha. Después sale, así quedando sola con Leandro. -          Por fin te dignas a despertar preciosa, nos tenias muy preocupados. – confiesa. -          ¿Cuánto tiempo llevo aquí? – pregunto confundida. -          Tres semanas – responde. -          ¿Cómo? No puede ser – digo sorprendida. -          Si, tus hermanos acabaron de irse a descansar y tu padre vendrá mañana temprano a visitarte junto con tu abuela. – informa. Asiento analizando todo. -           ¿Qué haces tu aquí? – pregunto curiosa. -          Pues vine a ver a mi ángel – sonríe tiernamente. -          Okey. – digo. -          Me tenias el alma hecha un lio por tú estado. – confiesa con ¿tristeza? -          ¿enserio?  - asiente sonrojado. -          Te he extrañado, extrañaba ver esos ojitos esmeraldas – me mira directamente a los ojos. -          ¿Por qué? – lo miro de lado. -          Porque te quiero, quiero tenerte a mi lado siempre. – expresa – quiero que seas mía – confiesa con ¿honestidad? -          ¿estas bromeando? – niega -          Nunca he sido tan honesto con lo que siento en mi vida. – afirma. Quedamos en un silencio incomoda hasta que volví a cerrar los ojos y caí dormida.  
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