¿Qué me había pasado? Ese sentimiento me era familiar pero nunca había sido tan intenso.
—La hemos fastidiado—anunció Damián frotándose la frente como si eso fuera a ayudarle a pensar—¿Qué hacemos?
—La tenemos que soltar...—Contestó María.
Me alegré al escuchar esa noticia... No sabía qué hora era y seguro que mi padre se estaba preocupando por mí.
—¿Tiene que aprender verdad? Creo que no mentía—dijo el joven apoyándose sobre mis hombros. El tacto repentino me cogió de sorpresa y no me sentía del todo cómoda con ese contacto. Él notó esa pequeña resistencia y decidió apartarse.
—No aparece en ninguna base de datos, no sabe nada de ellos ni ellos de ella.
—Es demasiado extraño, supongo que lo tendré que investigar— Respondió Damián ya volviéndose impaciente.
—Te vamos a llevar a casa—Dijo María dignándose a dirigirse a mí— Tu vida está a punto de cambiar.
El hombre se despegó de la pared en la que se había apoyado con una mirada estresada para luego dejar ver como sus ojos se tornaban rojos y su rostro desprendía toda la negatividad que sentía.
—Ni se te ocurra hablar de lo que has vivido hoy, lo haces y tendremos que volver a reunirnos—dijo Damián acercándose y agarrando con fuerza mi cara.
—¡Damián! Déjala, no la vamos a perder de vista... Hoy mismo la meto en la base—Contestó la mujer desatándome de la silla —Sentimos el trato... ¿Estás bien? ¿Necesitas una manta? ¿Un chocolate caliente?
—No somos los bomberos—gruñó ya perdiendo la rojez en su mirada.
—Jefe, sería mejor que me dejase a solas con la chica mientras usted prepara un coche, ¿No cree?
El hombre no contestó y abrió la puerta con ademán para luego irse a organizarlo todo.
María me estuvo hablando durante unos minutos. Me pidió perdón por el trato pero me recordó que estaba rodeada de gente peligrosa y normalmente en casos de equivocación se aseguraban que la persona "desapareciera misteriosamente". Todo esto me parecía bastante surreal, me intentaba contar cosas pero después recordaba que no podía. Yo hacía preguntas pero a las más importantes siempre respondía lo sabrás a la mañana de la noche. Eso me hizo entender que sería imposible que me respondiese.
No tardaron mucho en montarme en el coche, taparme los ojos y llevarme a mi casa. No tuvieron siquiera que preguntarme la dirección... Habían encontrado esa información junto a mi nombre.
Me dejaron a 1 minuto de mi casa y me acompañaron vigilándome desde el coche mientras yo caminaba por la acera. Deduje que era por si alguien les vigilaba o si alguien veía que un coche desconocido me dejaba en la puerta de mi casa.
Cuando estaba a dos casas de distancia aceleraron y se fueron dejándome caminar los 10 segundos que me quedaban en llegar sola.
Al meter las llaves en el cerrojo de la puerta, está se abrió de golpe mostrándome la imagen de mi padre haciendo una llamada telefónica desesperada. El momento que me vio dejo caer su celular y me abrazó como si hubiese vuelto de la muerte. Seguramente es lo que él pensaba.
—¿Dónde estabas? he llamado a todos tus amigos y nadie sabía nada—dijo sin despegarse del todo pues aún se quería asegurar de que realmente estaba allí y que no se lo había imaginado.
—Solo me desvié un poco y me distraje por el camino—Mentí a la vez que me cogió la cabeza con sus manos para contemplar si mis ojos seguían siendo los de su hija.
—Ana no me mientas, siempre pestañeas más cuando mientes... Son casi las 2 de la mañana, pensaba que te había pasado lo mismo que a ella...
—No me pasará nada, tengo edad para cuidarme— dije pensando en la ironía de la situación.
—No pasa nada, solo me alegro que estés de vuelta—dijo antes de darme un beso en la frente—Entra en casa, hay macarrones fríos en la mesa.
Comida fría, casa desordenada, ese era mi hogar. Suspiré aliviada intentando no pensar en lo ocurrido. Si me autoconvencía de que no había pasado nada quizás él me dejaría irme a dormir después de cenar. Sin embargo cuando entré al salón, dónde también se hallaba mi comedor, vi justo a la persona que no quería ver.
¡Ana!—exclamó Alejandro abalanzándose sobre mí para poder darme un beso—Estaba muy preocupado... Tu padre me llamó preguntando si estabas conmigo y cuando me enteré de que no estabas con Lucas vine corriendo.
Durante el tiempo de todo ese monólogo para demostrar supuestamente lo mucho que le importaba, los tres nos sentamos en la mesa y me dispuse a comer mis macarrones.
—No sé si recuerdas lo que te dije esta mañana Ale...
—Cari, he cometido errores pero ahora estoy aquí para ti. Solo es imaginar que te pierdo y mi mundo se desmorona.
—Llamé a Lucas primero pero no me cogía el móvil—comentó mi padre.
—Ha habido un problema en su casa—dije ignorando a mi novio y llenándome la boca de comida.
—No me extraña que tengan problemas familiares, Lucas es de muy mala clase—comentó Ale mirándose el reloj de marca. Estaba segura que sentía los celos por él incrementar al saber que mi padre confiaba más en él.
—¿Por qué no te acompañó a casa?—inquirió mi padre que también parecía ignorarle.
—Lo dicho, problemas personales... Ya te contaré—resoplé pues ya había terminado de comer.
—¿Y ese es tu amigo? Si yo tuviera algún problema no dudaría en acompañarte, tu seguridad es lo que más me importa—recitó como si estuviese llegando al clímax de una obra de teatro— Henry, no creo que debería dejar que su hija se asocie con personas así. Conozco a personas que se podrían convertir en amistades más aptas para ella.
—¿Con Aptas quieres decir de una clase superior a la nuestra?—Dijo mi padre levantándose de la silla para que él le imitara—No todos tienen padres que trabajen en grandes empresas.
—Perdone Henry, no quería avergonzarle sé que ha estado teniendo inconvenientes con el dinero y...
—Ya está bien Ale—dijo mi padre finalizando seco la conversación. Guió a mi novio hasta la puerta y se despidieron cordialmente
.
—¿Qué problemas de dinero?—pregunté poniéndole una mano sobre su hombro—¿Papá?
—Las ventas no van bien Ana, a los lectores les aburren las historias que escribo... No te preocupes ¡sé que el que estoy creando va a ser un éxito! Ya lo verás.
—Vale, me quedo tranquila pues—volví a mentir, la sinceridad no iba a servir de nada ahora mismo.
—Oye, lo de Alejandro...
—No te preocupes, sé que solo lo llamaste porque estabas preocupado... Buenas noches.
—Buenas noches Tesoro.
Subí las escaleras hacia mi cuarto y me metí en la cama rendida. Solo debía fingir que nada había pasado y todo iría bien. Al verme tranquila y sin decir nada durante un buen tiempo, esos criminales dejarán de tenerme en su radar. Solo debía estar tranquila y meterme en el mundo de los sueños... ¿Cómo iba a saber yo que realmente me metería en otro mundo?