El viejo y la pesca

1398 Words
El sol golpeaba las tablas oscuras del viejo muelle. Mi caña colgaba simpática desde la sucia baranda que daba de frente al río. Hacia un par de horas que estaba sentado observando la nada, mientras esperaba el pique de cualquier cosa, pero no picaba nada. Todo estaba demasiado tranquilo. A unos metros de adonde estaba yo, se encontraba un hombre mayor. Tenía la caña en la mano, pero su anzuelo jamás había tocado el río. Cuando no me prestaba atención lo espiaba de reojo. Por mi mente pasaban muchas preguntas acerca de aquel viejo. Parecía un marino experimentado, un abuelo cascarrabias, y hasta a veces me parecía un loco que sólo sostenía una caña. Pero no podía dejar de espiarlo. Don Carlos se llamaba, o al menos eso suponía. Era un tipo con mucha historia. De eso estaba seguro, no llegas a tener la barba de este hombre si no las viviste todas, se lo notaba un hombre de mundo. Era una versión un poco retorcida de papá Noel, su barba era blanca y su barriga prominente, pero parecía esconder sabiduría detrás de sus ojos claros. Tal vez en otro tiempo le gustaba más la pesca. Tal vez, en alguna oportunidad tuvo su gloria, aunque estoy seguro que hoy se siente olvidado y quiere llamar la atención. Yo le digo Charly, cuando quiero referirme a él con los compañeros de pesca, sobre todo porque no estoy muy seguro de su nombre. Por primera vez, decidí que era hora de hablar con él. Tal vez podía contarme alguna historia valiosa de vida que me deje alguna enseñanza o algún secreto para mejorar mi pesca. No sé, sino sólo conocerlo, ver quién es. Da cierta curiosidad esta sociedad de pescadores que se lleva a cabo en este muelle apartado del Gran Buenos Aires. Con mucho cuidado, me acerque hasta adonde estaba Charly. Puse la caña a unos centímetros de su silla habitual y espere que se acercara solo. Estaba seguro de que me hablaría, de que este viejo, solo quería hablar conmigo. De seguro me veo un tipo muy confiado e interesante. El mes pasado sin más había pescado un bagre, al cual todos los pescadores halagaron por varios minutos. Estoy seguro que va a estar interesado en mí. Seguro me va a preguntar de donde vengo, a que me dedico, por que estoy acá. Creo que mi aspecto le va a resultar cautivador. No estoy en mis mejores días, pero aún tengo aspecto de ser un hombre culto. Me quede parado durante veinte minutos y nada. Estaba inmutable, miraba la línea del horizonte, con la vista puesta en las nubes. Tal vez sabía algo que yo desconocía. Seguro que le dolía el juanete y esperaría la lluvia. Si se va rápido es por eso, se lo ve medio preocupado, va no lo sé, disimula bastante su interés con esa barba que no deja apreciar sus gestos. Esta oculto de cualquier mirada gracias a ese aspecto que ha logrado conservar todos estos años. Nada no pica nada. Para colmo este tipo es una tumba. Seguro que cuando era marino se hablaría la vida, pero ahora que esta grande, prefiere escuchar. Tal vez debería hablarle yo que soy un tipo de mundo. Voy a cambiar la carnada del anzuelo, y a tirarle un comentario sagaz, para que sepa que estoy dispuesto al diálogo. No se va a poder resistir a un buena charla de pescadores. Al principio, me costo recuperar la línea. Estaba trabada con algo, de pesca nada. Tal vez la lombriz estaría muy seca y a los peces les gusta más la comida fresca. Tiene lógica. Tomé el anzuelo y al fin solté mis primeras palabras en una hora y cincuenta minutos. –¿Qué tranquilo esta hoy, no Don? No puedo creer que dije semejante estupidez. Sí, la verdad que no tengo derecho al habla. No puedo creer que mis primeras palabras sean esas. Para colmo carraspeé la mitad de la pregunta. Tendría que haberme aclarado la garganta antes. El tipo me miro y asintió con la cabeza. Y otra vez nada, estaba como Perdido en el espacio, atrapado en su propio mundo. Sin duda era marino. Le pude ver un tatuaje en su mano, cuando movió la caña. Yo de barcos no sé nada, pero estoy seguro que Charly se va a enganchar a hablarme de eso. Voy a volver a intentar hablarle. Se me esta haciendo más difícil que una mina el viejo este, pero bueno, vamos a ver si pica. Nada no picaba nada, le hice un comentario de pesca al viejo, le dije: -Seguramente la pesca en barco es más interesante-. Pero otra vez se limitó a asentir. Este Señor, me esta pareciendo una persona muy profunda. Cuantos pensamientos que debe almacenar en su mente que ni puedo imaginar. Si, la verdad que tal vez tendría que hablarle con más respeto y tratarlo de Señor Charly. Le estoy dando demasiada importancia a un tipo que no pesca, que no habla, que solo mira al río más sucio que vi en mi vida y que además tiene la barba más descuidada del mundo. Qué Señor ni Señor. Este viejo es de terror. Lo hace a propósito, esta tratando de ponerme nervioso. Me estudia como jugador de ajedrez. Me esta midiendo. Para colmo no hay pesca, sumado a este terrible calor, siento qué me estoy empezando a fastidiar. Decido moverme de nuevo, recorrer un poco el muelle, calmarme. De paso voy a comprar otro tipo de carnada. Algo que se mueva, que sea interesante, podría intentar comprar un pez pequeño, de esos que se mueven mucho, para enganchar un ejemplar único. Seguro este viejo se engancha si saco algo importante, esta esperando que pesque algo. Esta más que claro que se muere por hablarme, pero no debe encontrar tema para el inicio de la conversación. Cuando llegue al puesto de carnada, me encuentre con Jorge. Que tipo macanudo. Viene a este muelle desde siempre, es parte del paisaje. Trae la carnada, sándwich y a veces te ceba mate. Un genio, nada que ver con Charly. Tipo huraño e introvertido, que solo sabe mirar al vació, se compró la caña más cara, para que jamás toque el agua. Que personaje, la verdad que en el fondo debe ser un maestro pescando, cuando tiré el anzuelo seguro que engancha. Le pregunto a Jorge que es de la vida de este hombre. Y mirándolo fijo Jorge me dice que nadie lo sabe. Siempre que viene al parecer hace lo mismo. Yo nunca lo había notado. No soy muy observador. Cuánto loco que disfruta este deporte. La verdad que siempre te sorprende algún personaje en el muelle. Tal vez, él piense lo mismo de mí, porque estoy seguro que detrás de esa barba engañosa se esta riendo, se ríe de que no puedo pescar nada. Cambie la carnada y no estoy sacando. El pez que me vendieron no se queda quieto un segundo, parece mas ansioso que yo. Del viejo ya no espero mucho más. Don Carlos es un tipo complejo. Seguro tendrá sus problemas. Debe tener una familia que no lo quiere, porque no habla y mira siempre la nada. Tal vez, una historia oscura como guardia de vigilancia. No sé, un marino retirado no debe tener muchas opciones laborales. Al fin enganche algo, ahora si es mi momento. Tengo una lisa en mi anzuelo, es enorme mide más de setenta y ocho centímetros. Soy un grande, un genio, un matador, encima me la puedo llevar a casa y hacerla al horno. Cuanto comentario se levantó alrededor mío. Ahora soy un emblema del muelle soy el hombre del momento. Hasta Charly que se hacia el estirado se acercó a ver. Seguro se moría de envidia, pero que me va a decir. Estuvo un rato mirando la lisa, y después se alejo de nuevo. Ni una palabra, pero estoy seguro que debajo de la barba se mordía la lengua de la bronca. Ya cumplí, me siento tranquilo, pesqué. No sé mucho del viejo, pero me llevo la cena. Que tipo este Don Carlos. Algún día voy a conocer su historia. Tal vez tendría que usar otro tipo de carnada, la próxima le hablaré acerca de los distintos tipos de anzuelos, o tal vez de aquel personaje famoso, que una tarde sin pesca saco una lisa de setenta y ocho centímetros.
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