Los días transcurrieron con lentitud, para todos, Kalila no sonreía y casi no hablaba, demasiado perdida en sus pensamientos para ver así sea lo que sucedía a su alrededor, la joven solo existía y aunque en más de una ocasión sus destinados dijeron que eso era más que suficiente, la verdad era otra.
— ¡Ni se te ocurra Fénix! — la voz de Ikigaí se asemejaba a la del trueno, mientras la joven daba un paseo por el bosque, el fénix e Ikigaí se enfrentaban en el ahora pequeño prado que había formado la quimera a un lado de la gran cabaña.
— ¡Tu no mandas sobre mí, ni sobre ella! — rebatió igual de ofuscado Nuriel cubierto de fuego, y para este entonces, los descendientes de la luna estaban a sus lados, listos para interferir, pues no olvidaban cuál era su deber.
— pero ahora ¿Que les ocurre? — llamo su atención Ukara colocándose en medio de ambos que avanzaban más que dispuestos a enfrentarse en una batalla, y por muy raro que pareciera, ambos hijos del sol dejaron su postura amenazante, ya fuera porque ese brujo estaba unido a Kalila de forma espiritual o porque recordaban que era aún más frágil que su destino, no, Ukara no podía quedar en fuego o agua cruzada. — ¿Cómo se ponen de esa forma cuando Lila esta por regresar? — si, los estaba regañando y Declan mordió su labio para no reír, pues la situación de pronto le pareció muy cómica.
— Esto no sucedería si la quimera no interfiere en mis deberes. — se defendió Nuriel, aunque más parecía que estaba acusando con su madre a un hermano.
— ¿Qué hiciste Iki? — ¿Iki? ¿en verdad el brujo llamaba de esa manera a la quimera? ¿Desde cuándo eran tan amigos?, las preguntas viajaban a una velocidad de vértigo en la mente de Tahiel.
— ¿Yo? No hice nada, solo le recuerdo a este Felix calenturiento que Lila debe tener su espacio, ella está caminando sobre arenas movedizas, pero él solo piensa en follar. — todos vieron de forma desaprobatoria a Nuriel y este solo vio al cielo, buscando tranquilizarse, quizás.
— Tú dices eso porque aún guardas el néctar de Kalila, puedes alimentarte de ella incluso con la humedad del aire. — la sonrisa que apareció en el rostro de Ikigaí les dejaba en claro a todos que así era. — Pero yo necesito más, mucho más, llevo mucho tiempo esperando por ella, no es justo. — no, no lo era y no era el único que pensaba de esa forma.
No muy lejos de allí, Kalila recorría lo que ahora era su nuevo hogar y estaba segura de que por más años que viviera en esas tierras, no finalizaría nunca de ver su nuevo hogar, y de pronto la escucho.
— Kiriko. — dijo con cierta duda, pues aún le parecía raro, y un poco loco escuchar el susurro de esa voz dentro de su cabeza y se preguntó como hacia Tahiel para no enloquecer.
— Pregúntale. — respondió Kiriko, y Kalila descubrió que no podria guardar secreto alguno de esa alma, pues estaba dentro de ella, eran uno. — No lo somos, podríamos, pero tú eres demasiado estúpida.
— Solo cállate y deja de insultarme.
— ¿Herí tus sentimientos? Eres demasiado débil.
— Basta Kiriko. — su cabeza palpitaba y ni siquiera pudo continuar caminando, era una distracción constante, era más que molesto.
— Débil humana.
— ¡Dije que te calles! — grito llena de frustración, tomando su cabeza entre sus manos.
— Tranquila Kalila. — las cálidas manos de Tahiel la hicieron abrir los ojos, solo para encontrarlo con el torso desnudo frente a ella.
— ¿No tienes ropa? — indago alejándose un paso de él, algo que hizo gruñir al lobo.
— Gracias que puedo cargar mis pantalones en mi hocico, como para andar también con una camiseta. — rebatió mientras aspiraba el aire a su alrededor, olía a pimienta, una distintiva de los cazadores, sin embargo, ya no molestaba, lo más maravilloso, es que descubrió que también olía a lavanda y romero. — Me pareció a mí, o estabas discutiendo con Kiriko. — los ojos de Kalila titilaron y el lobo ronroneo, satisfecho de que el lado cazador, se mostrara por solo él nombrarla.
— ¿Discutir? No lo llamaría de esa forma, más bien le estaba suplicando que se callara.
— Sí, lo pude oír, creo que todos lo hicieron, gritas muy fuerte Kalila. — sonreía, el idiota sonreía y Kalila se obligó a ver a otro lado, ¿Por qué le gustaba Tahiel? ¿Por qué le gustaba su lobo? Cuando ella ya tenía parejas destinadas.
— No creo que vinieras a mí por eso, ¿Qué sucede? — la humana tenía razón, no la estaba buscando por escucharla gritar, aunque solo la había escuchado por estar tan cerca de ella, pero no podía decirle que era porque Nuriel estaba fuera de control y deseaba follarla, mucho menos que se había convertido en un ave de fuego y que ahora nadie sabía dónde estaba.
— Nada en particular… ¿Kiriko al fin dejo de hablar? — su lobo queria ver a Kiriko y en parte lo hacía, ya que uno de los ojos de Kalila era café, pero Tahiel queria hablar con Kalila, de igual forma en la que Ukara lo hacía, sin temor a que ella lo viera mal o se asustara.
— No, aún está diciéndome lo estúpida que soy. — mentía, en parte al menos, Kiriko si estaba hablando, pero no la estaba insultando en ese momento, solo le hacía ver cada atributó de Tahiel, lo grande que era, sin llegar a ser intimidante como ocurría con Nuriel, su piel color canela, lo bien que olía.
— Sí, a veces son así. — rebatió de forma quedada Tahiel y acto seguido se sentó entre los helechos, ese bosque era muy hermoso y pensaba disfrutarlo, al igual que el tiempo que pasaba con Kalila.
— ¿Tú no controlas a tu lobo? ¿No controlas a Neuhen? — pregunto al tiempo que se sentaba a su lado, y el pecho de Tahiel vibro.
— No, el alma que comparte mi ser es la de un lobo, solo su mate puede controlarlo ¿no te lo dijo Kek? — Kalila negó, sabía que su madre controlaba a su padre Kek cuando adquiría forma de lobo, pero nunca pensó en él como que fueran dos seres diferentes. — Bueno, con Neuhen no tuve mucho problema, creo que ha hablado más contigo que conmigo. — Kalila giro para verlo, estaban cara a cara, la curiosidad brillaba en sus ojos, y estaba claro.
— ¿Cómo? — Tahiel elevo sus hombros, sin saber muy bien que decir.
— ¿Cómo sucedió contigo? — rebatió y Kalila suspiro con pesades.
— Cuando Ikigaí me trajo de regreso comencé a escucharla, era como susurros confusos y molestos, pero antes de eso, cuando éramos niños, el día que lastime a Declan también la escuche, aunque no recuerdo que dijo, pero ahora… es distinto, cada día habla más, y todo lo que dice es para molestarme. — aseguro, porque Kiriko solo la alentaba o exigía, que viera los atributos que tenía Tahiel, la mirada tan hermosa de Ukara y… la fuerza con la que Declan la tocaba, no, no queria recordar aquello, porque malditamente le gustaba y no debía gustarle.
— Creo que tienes más suerte que yo, durante mi vida apenas podía escuchar a Neuhen, pequeños susurros entrecortados, pero luego de… — mordió su lengua, no traería a colación lo del prado, como la tomo y marco con sus garras, claro que no. — De… un tiempo, hasta aquí, es como que se vuelve más fuerte, Declan cree que se debe a que no hay ningún Alpha cerca que lo mantenga a raya, es por eso por lo que se vuelve más fuerte, creo que me habla aun en sueños. — reconoció tratando de sonreír.
— ¿Y qué dice? — pregunto solo para llenar el vacío Kalila.
— Que eres hermosa, que ama a Kiriko y que debo darme cuenta de que yo te amo a ti, pero que soy un humano estúpido…
Tahiel de pronto se encontró recostado en el suelo boscoso, con Kalila sobre él, hasta que vio sus ojos.
— Dilo una vez más. — pidió con los ojos cafés brillando de felicidad, porque malditamente la olía, y Kiriko olía a felicidad.
— Te amo. — reconoció con voz cavernosa, y Kiriko sonrió por solo saber que Neuhen había tomado el control.
— Demuéstrame cuánto. — Susurró la cazadora, comenzando a besarlo.