Capítulo 27 ¿Qué pesa más?

1482 Words
Kalila casi no hablo ese día, y al ingresar sola en su cuarto, sus destinados comprendieron que esa noche, ni la quimera bebería de su lago de vida, ni el fénix ardería en las llamas de la pasión y solo lo aceptaron. Y la situación no cambio al día siguiente, era ridículo como el ambiente parecía perder brillo, por solo verla perdida en su mente, Tahiel no oía a Kiriko, por más que tratara de comunicarse con ella, y Kalila parecía no ver a nadie, solo se movía como espectro por el lugar. — Tal parece que el encuentro con tu papito te dejo más silenciosa de lo que eres. — Declan y su comentario burlesco, causaron el gruñido de Tahiel, y la mirada molesta de Kalila, algo que Nuriel e Ikigaí agradecieron, pues la joven no había hecho ni un gesto desde el día anterior. — Es lo que suelo hacer cuando algo me molesta Declan, ¿recuerdas? — el vampiro arrugo su entrecejo y Kalila prosiguió., pues por más contradictorio que fuera todo, solo esos seres la habían llevado a un límite donde ya no se guardaría nada. — Todas las veces que me decías palabras hirientes, que apretabas mis mejillas, que me empujabas al pasar, ¿recuerdas como quedaba en silencio? Bien, te tengo noticias, es lo que suelo hacer cuando algo me molesta, trato de reprimir las ganas de arrancar tu cabeza y la de quien sea que se me ponga en frente. — Kalila ya no estaba inexpresiva, la pelinegra ahora estaba de pie, sus ojos completamente celestes lo dejaron sin habla al vampiro, más que su reacción, era solo la humana, sin rastros a pimienta y Declan se enamoró un poco más. — Humana. — susurro hechizado Declan, perdido en el celeste de los ojos de Kalila quien, por el exabrupto, lo tenía a un palmo de distancia, tan cerca que sus alientos se mezclaban. — ¡Lo soy! Soy una humana, que está cansada de ti. — dijo pinchando con su dedo índice el pecho de Declan. — De ellos. — agregó recorriendo con su mano a Ukara y Tahiel. — ¿Yo por qué? — la interrumpió Ukara, un poco molesto, aunque eso estaba dirigido a Declan y no a Kalila. — Porque siempre los sigues en todas sus estupideces. — y ahora la humana dejaba su lugar en la sala pare encararse con Ukara, quien al verla avanzar se puso de pie, dejando en claro los cinco centímetros de diferencia de estatura que había entre ellos. — Son mis amigos, lila. — reconoció como si eso explicara todo, y dejando en claro que, Ukara siempre los consideraría sus amigos, sin importar la crisis que pasaran. — ¡Yo también queria ser tu amiga! ¡yo te buscaba en los recesos, del colegio! ¡tú me gustabas y …! — Kalila tapo su boca con una mano, al descubrir lo que había dicho, más que en voz alta, lo había gritado. — ¿Te gusto lila? — ¿por qué demonios el brujo sonreía de esa forma? ¿No veía que estaba avergonzada?, peor aún, no podía ni voltear a ver a sus destinados. — Eso ya no importa. — se aseguró más para ella que para el resto y trato de salir de la gran cabaña, pero la mano de Ukara le atrapo la muñeca. — Lila… — Quiero estar sola, al menos eso me deben. — y contra eso nada tenían que decir, todos lo sabían. Kalila no sabía como debía sentirse o si estaba bien lo que sentía, todo era tan confuso y no era el hecho de sentirse una con Nuriel o Ikigaí, era el seguir ¿enamorada? ¿debería usar esa palabra? Tampoco lo sabía, pero allí estaba algo en su corazón brincando cuando veía a Declan, Tahiel y Ukara, era ridículo y nefasto sentir así sea aprecio por esos tres que solo la lastimaron en más de un sentido, pero no lo podía evitar, llevaba días tratando de desterrarlos de su ser, pero el vivir juntos no ayudaba en nada, peor aún, ahora se sumaba los sentimientos por su padre, y el dolor ondeo en su corazón, ¿en verdad su padre la queria? ¿o solo la queria usar para lo que fue creada? Recordaba el día que lo encontró en el bosque de los descendientes de la luna, el dolor en su mirada café, pero al parecer, Asher solo buscaba una cosa de ella, usarla como el arma que aparentemente era. — Kalila. — había llegado a la orilla de un lago, uno tan cristalino como la mirada de Ukara y se había sentado allí sin importar ensuciar su ropa, pues sabía que cuando se la quitara esta se convertiría en follaje, pues Ikigaí hacia su ropa con solo tocar un par de hojas y luego esta tomaba su forma original cuando se la quitaba, era algo útil el no tener que preocuparse por lavar o comprar ropa, pero ahora, deseaba hundirse en el lago, con tal de escapar de Declan, que era quien la llamaba. — ¿Por qué no solo me dejas sola Declan? — rebatió entre dientes, sin voltear a verlo, su cabeza martillaba y no deseaba pedir analgésico alguno, no deseaba preocupar a sus compañeros, pues creía que ya bastante defraudados de ella se debían sentir, como para molestarlos con cosas mundanas como lo era una jaqueca. — Creo que no puedo. — respondió… tranquilo y Kalila volteo a verlo, no recordaba cuando Declan le hablo con tranquilidad, tal vez porque nunca había sucedido tal acontecimiento. — Si es por la orden que te dio la luna cambiante… — comenzó a decir, porque malditamente no deseaba su lastima. — No es por eso. — reconoció el vampiro, sentándose a su lado, algo que hizo inquietar a Kalila. — Si debo ser honesto, como nunca lo he sido, al menos contigo… estoy cansado de acatar ordenes, estoy cansado de querer huir de ti. — la pelinegra no sabía como tomar aquello y de pronto sus ojos volvieron a ser bicolores. — Y dime, ¿Qué ordenes sigues? — no era solo Kalila, Declan lo sabía, no solo por sus ojos, también podía oler la pimienta en el aire y por primera vez en mucho tiempo, eso no le molesto. — Mis padres, mi madre para ser más preciso. — reconoció y luego el silencio floto entre ellos, mientras Declan lanzaba un par de piedras al lago, como si fueran simples mortales, para Kalila era ver a Declan con detenimiento y en otra postura que no fuese la de ataque hacia ella o de repulsión. — ¿Y qué fue lo que te ordeno tu madre? — preguntó luego de un tiempo al comprender que Declan no continuaría hablando. — No acercarme a ti. — respondió de inmediato, como un buen soldado respondería a un superior, sin titubear o dudar. — Ella… creía que eras mala, es decir… — Soy una cazadora. — finalizó Kalila, sabiendo que no podía culpar a la madre de Declan, pues la mayoría sino todos los cazadores no eran de fiar, incluso ella no sabía de lo que podía ser capaz de hacer en un mal día. — No, ahora sé que eres más que una cazadora, eres un ser que siente, que existe, una persona inocente que solo fue juzgada por lo que se suponía que haría… — ¿Qué te hace creer que no los destruiré a todos? Quizás tu madre tiene razón, soy una cazadora, negar mi deber… — ¿Es tu deber? ¿En verdad lo sientes de esa forma? porque ahora comprendo que hay una diferencia entre el deber y el querer, Kalila, porque ahora comprendo que mi deber es destruirte, porque así siempre me lo inculcaron, pero mi querer es muy diferente, ¿y sabes algo? — la joven negó casi de manera imperceptible, pues los ojos de Declan refulgían en rojo, y Kalila no podía dejar de verlo, no porque el vampiro estuviera usando su poder en ella, solo era que le parecían hermosos. — Mi querer es más fuerte que el maldito deber que se supone debo cumplir, sí, soy un guerrero, porque así mi genética lo determino, pero no está en mí el continuar dañándote, ni, aunque me mates, yo te elijo, sobre todo. La joven lo vio ponerse de pie y alejarse, no con molestia, que era lo que más conocía de Declan, lo vio caminar con calma, como quien se quita una enorme carga de encima y tal vez así era, y si Declan podía dejar su deber a un lado y no obedecer a su madre ¿ella podía hacer lo mismo con su padre y lo que este esperaba de ella? Esa era la pregunta. ¿Qué pesa más? ¿el deber? O ¿el querer?
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