19 Culpa y perdón.

1839 Words
Los gruñidos y gemidos de dolor se esparcían por el lugar y no eran de Kalila, todos ellos pertenecían a Ikigaí, Declan, Tahiel y por supuesto Ukara, ver como Nuriel jalaba el cabello de Kalila para dejar libre su delgado cuello para ser degustado por él, mientras que con su otra mano masajeaba uno de los grandes pechos de la joven, provocando que gimiera bajito, pero con gusto, era la peor tortura a la que estos seres podían ser sometidos y si antes Declan tenía dudas de que ese gigante estaba haciendo las cosas apropósito, estas se despejaron en el momento que Nuriel hizo contacto visual con ellos y les sonrió con satisfacción, justo cuando alineo su dura v***a en la entrada de Kalila y la penetro. — Nuriel. — gimió con fuerza la joven al sentirse llena, llevando sus manos al rostro del gigante, que gustoso dejo de ver a sus… rivales, para besar con fogosidad a Kalila, tragándose cada gemido de la joven. — Basta de juegos. — se dijo a si mismo el fénix, cuando la joven comenzó a mecerse, sentía que se quemaría y no era por las llamas del fénix, ese calor venia desde su interior y era el mismo que Nuriel necesitaba para mantener su fuerza. La giro con rudeza, y ahora todo lo que quedaba a la vista de los cuatro condenados, porque si, estaban condenados a sufrir la venganza del fénix, era el n***o y largo cabello de Kalila, mientras que Nuriel se perdía lamiendo y chupando sus pechos, a la vez que la sujetaba de la cadera para penetrarla con desespero, pero también con amor, uno que solo el fénix podía sentir, y prueba de ellos eran las largas llamas que los envolvían, cada vez más rojas y grandes, como los gemidos que Kalila liberaba. — Por la diosa…Nuriel… mi fénix. — grito sin poder evitarlo pues sentía que al fin podía liberar el calor que tenía en su bajo vientre. — Mi fuego eterno. — rugió con voz cavernosa sin poder evitarlo y si no fuera por los rápidos reflejos de la quimera que levanto una pared de agua frente a ellos, hubieran muerto calcinados ya que el fénix libero el fuego sagrado del sol, al vaciarse en el interior de su destino. — ¡La mataste! — la acusación de Ukara salió junto a la ráfaga de viento que quiso arrebatarle el cuerpo inerte de Kalila a Nuriel, apenas y el agua que Ikigaí había colocado como pared desapareció. — Detente. — ordenó Ikigaí, pensando que tendría que haber dejado que Aysel los matara, pero recordando que ese no era el destino de estos tres jóvenes descendientes de la luna. — … — Ukara vio con asombro como la quimera lanzo una bola de agua que hacía ir la ráfaga de viento de un lado a otro, evitando que se acercara a Nuriel o a Kalila, quien estaba en los brazos de este, hasta que al fin Ukara detuvo su ataque. — Ella está bien, solo agotada. — informo con los puños apretados Tahiel. — ¿Cómo lo sabes? — replico Ukara, poco convencido de querer ceder. — Porque huelo su satisfacción s****l. — y cuando lo dijo, el cuerpo de Tahiel cambio, no a lobo completo, pero quedo a media fase. — Supongo que ese aspecto tenías cuando tomaste a mi compañera. — acuso casi con aburrimiento el fénix y Tahiel automáticamente regreso a ser humano al completo. — ¿Cómo…? —¿qué podía decir? ¿Cómo sabes que viole a tu pareja? — Quimera, tú qué sabes todo. — dijo con ironía Nuriel. — ¿Qué posibilidades existen, en que, si dejo a mi fuego eterno, no los mate a todos? — Ninguna, pero tendrás que aprender a manejar tus emociones Nuriel, como todos nosotros, ahora dámela… — el fénix vio a Ikigaí avanzar y de forma automática una de sus manos arrojo una bola de fuego que impacto en el pecho de la quimera. — No… — el quejido de Kalila hizo detener cualquier ofensiva de Ikigaí. — La lastimas. — lo acuso el de cabello azul, y haciendo uso de su cabello le quito a la joven de los brazos. — No lo hice. — rebatió encolerizado Nuriel, pero detuvo sus pasos cuando Ikigaí deposito a Kalila aun desvanecida, sobre la mesa. — Ve, no es a mí a quien lastimas. — dijo tratando de mantener la calma, ya que el pecho de Kalila estaba rojo, como si el impacto de la bola de fuego le hubiera dado a ella. — Es imposible… — se quejó Nuriel. — Es tuya, pero también es mía, deberías agradecer que me contuve todo este tiempo. — reprocho el peli azul. — Si no la tomaste es porque sabes que te matare… — rebatió olvidándose que aun tenia a tres hombres por matar, y es que para Nuriel eran tan insignificantes, que casi le resultaba aburrido, esperaría a que su mujer despertara y le preguntaría como queria que pagaran lo que le hicieron. — Si no lo hice, es por ella, felicidades Nuriel, has probado su cuerpo, yo he bebido su alma. — No me provoques quimera, o juro que jamás podrás probar su esencia de la forma en la que yo lo hago. — ¿Pueden dejar de hablar de ella de esa forma? — Ukara ya no parecía un niño, y es que ya no lo era. — Es una persona, con sentimientos, con corazón, no un pedazo de carne del cual ustedes pueden sacar provecho… — sus quejas fueron silenciadas, cuando el fénix lo tomo del cuello y lo elevo a su altura, y por más que el brujo maniobro sus manos para manejar el aire a su alrededor, nada pudo hacer para que Nuriel lo liberara. — ¿Lo dices tu? Quien tomo su cuerpo sin su consentimiento, dime brujo, ¿en qué pensabas mientras herias de muerte el corazón de mi compañera? ¿Qué pasaba por tu alma cuando ella te suplicaba que te detuvieras? ¿en verdad fuiste tan cobarde como para suplicar que viera a otro lado? — estaba dispuesto a romper su cuello, de todas formas, aun le quedaría Declan y Tahiel para que Kalila decidiera su suerte, pero entonces la joven comenzó a toser sin cesar, y aun en sueños tomaba su cuello, como si alguien lo estuviera apretando. — No puede ser. — dijo Ikigaí y Nuriel lanzo a Ukara contra una de las paredes, recibiendo en respuesta un quejido de Kalila. — Imposible. — se lamentó el fénix. — ¿Qué es lo que le sucede? — los hijos del sol vieron a Declan, la preocupación en sus ojos no le gusto a ninguno de los dos. — Kalila… está vinculada al brujo. — se limitó a decir Ikigaí, pensando a su vez ¿que pudo haber cambiado en el corto viaje que hicieron? ¿en qué se equivocó la quimera? — Es imposible. — replico enojado Nuriel, sus manos le pedían aniquilarlos, tanto o más que antes. — Esto es tu culpa. — acuso apuntando a Ikigaí. — No lo es. — rebatió, pero lejos de quedarse inmóvil como todos que estaban viendo a Kalila, él se ocupó de curar su pecho y que la ropa la cubriera nuevamente, aunque claro al estilo de Ikigaí, a quien le encantaba las gasas y sedas de colores pasteles. — Ella queria ir al pueblo por unas cosas, entonces vi que, si iba sola, no regresaría, Asher es su padre Nuriel, sabes que de todos los cazadores es el más peligroso, si yo la acompañaba, Lila vería mi verdadero rostro y aun no es tiempo… — Temes que te rechace. — se jacto Nuriel, y sin perder tiempo tomo en brazos a su destino, para luego acunarla como si de una niña se tratara, para poder oler su cabello. — Temo… que ella se dé cuenta que tan poderosa es, tengo miedo de que quiera acabar con todos y no hablo solo de los hijos de la luna… Kiriko está con ella. — informo con desolación y preocupación. — ¿Qué? — Fue inevitable, al traerla de regreso luego que los idiotas la mataran, Kiriko también regreso. — se veían abatidos, tanto Nuriel como Ikigaí, veían con pena a la joven que parecía tener un buen sueño en los brazos de Nuriel. — Con más razón, ¿por qué enviaste al brujo con ella? — Es el más inofensivo, el lobo no sabe controlarse, y el vampiro solo causaría más problemas con los cazadores, pero con el brujo no vi problema alguno. — ¿Entonces? — Lo mismo me pregunto. — ni la quimera, ni el fénix estaban dispuestos a decirle nada a los tres hombres que aún estaban a su lado expectantes, eran como si no los tomaran en cuenta y quizás así era. — Ukara. — lo llamo Declan, con voz de líder como siempre. — ¿Qué paso entre tu y ella? — se reusaba a decir su nombre, siempre que podía lo evitaba y la quimera solo lo veía satisfecho, la culpa puede dañarte incluso con un nombre. — Hablamos. — Tahiel comenzó a rondar al blanquecino brujo, como un lobo a punto de atacar, era evidente que su amistad estaba en un punto crítico. — ¿De que hablaron Ukara? — indago nuevamente con fastidio el vampiro y Ukara levanto su mentón. — No les interesa. — un siseo salió de Declan, seguido de un gruñido de Tahiel y la quimera no tuvo más remedio que ponerse a la defensiva, si algo le pasaba al brujo, se vería reflejado en el cuerpo de Kalila. — A ellos no, pero a nosotros sí. — el fénix fue el primer hijo, el consentido, el guerrero del sol como su nombre lo dice, Nuriel, él no pedía permiso y por supuesto no tenía la paciencia de Ikigaí, fue por eso por lo que sus llamas se mostraron una vez más, inquietando a los hijos de la luna que aún no creían que esas llamas no dañaran a Kalila, ni siquiera un cabello. Todos los presentes fijaron sus ojos en lo que el fuego les mostraba, no era como cuando la gran suprema mostraba el pasado, como si fuera una película, esto era diferente, las imágenes y palabras se mostraban desde la perspectiva de Kalila, desde sus ojos, y no solo eso, también dejaba sentir, lo mismo que ella sentía, era por eso que tanto Ikigaí como Nuriel sabían muy bien lo que esos tres habían hecho con su destino, sin embargo ahora, veían a Ukara, caer de rodillas por el solo hecho de ver llorar a Kalila, la desesperación de esta al pensar que el brujo pudiera morir en manos de los cazadores, y la frase que los había vinculado. — Te perdono Ukara… Yo no te dejare. Allí lo tenían, el motivo por el que sus vidas se habían unido, la culpa y el perdón.
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