15 Jugar con fuego.

1096 Words
Como cada noche Ikigaí ayudo a Kalila a dormir, y es que, desde el día del incidente, Kalila solo podía dormir si Ikigaí, la ayudaba, con su sola presencia y los ojos violetas de la quimera viéndola, la joven caía en un sueño profundo, hasta la mañana siguiente. — No puedo creer que hicieras eso. — lo increpo Ukara apenas Iki cerró la puerta del cuarto de Kalila donde solo él ingresaba. — Tú te estas aprovechando de ella, de su inocencia. — era la primera vez que Declan nombraba la palabra inocencia, haciendo referencia a Kalila y es que era inevitable, pues la quimera se alimentaba de Kalila, si, su elixir más preciado, los jugos del orgasmo de Kalila mantenían vivo a la quimera. — ¿Cómo consigues eso? ¿Qué es lo que le haces? — Tahiel temblaba y no era de miedo, ni ira, era él luchando con su lobo que le suplicaba dejarlo libre y arrancar la cabeza de la quimera, o, mejor dicho, las cabezas. — ¿Qué parte de que ella es mi lago de vida no comprenden? — su actitud, su voz, todo en Ikigaí había cambiado, no se veía como un crio, se le notaba desafiante, seguro que sin importar lo que esos tres seres le quisieran hacer él los vencería. — ¿Tú te refieres a…? — Ukara era el más joven de todos, el más inexperto, incluso era casto hasta el día que tomo a Kalila, algo que jamás admitiría en voz alta. — Su esencia, me alimento de la esencia de su cuerpo y si, durante mil años no probé bocado alguno, no se dan una idea lo hambriento que estoy. — su sonrisa los provocaba, queria un enfrentamiento de eso no había dudas. — En especial, porque ella es deliciosa. Y ese fue el punto de quiebre para Tahiel quien dejo salir su lobo, el cual se fue sobre Ikigaí, pero rápidamente quedo atrapado entre su larga cabellera y fue arrastrado a la planta baja, gracias a que Ikigaí floto hasta allí, no dejaría que nada perturbará el sueño de su lago de vida. — No permitiré que te aproveches de ella. — Declan creyó tener una oportunidad, ya que el peli azul mantenía su forma humana, pero pronto descubrió que no era el caso, cuando Ikigaí lo atrapo de la misma forma que al lobo de Tahiel. — ¿Tu no lo intentaras? — pregunto con burla y Ukara lo vio a los ojos. — Nos quieres matar, lo veo en tus ojos, nos estas provocando y no lo comprendo, sé que lo merecemos, lastimamos a tu compañera, pero hoy… creí que me estabas ayudando a comprender… — era difícil ser un humano joven, más difícil era ser un ser sobre natural, uno que no sabía nada de la vida o poco la comprendía, más que lo que ya estaba dictaminado, debía tener una compañera, debía amarla, pero nada resulto ser así. — Tu corazón. — finalizo Ikigaí, al tiempo que liberaba a Declan y Tahiel quien regreso a su forma humana. — Debería ayudarte a comprender tu corazón, se supone que debo guiar a todos, incluso a ustedes, ese es mi destino y a veces lo detesto. — su cabello ya no brillaba, sus ojos ya no eran violetas, pero aun así su molestia era palpable. — Nosotros escogemos a nuestras parejas, pensé que jamás encontraría una que así sea mereciera una sola mirada mía, pero me equivoque, la encontré gracias a ustedes, a lo que le hicieron, su aroma, me dejo claro su pureza, limpie su cuerpo, lo que ustedes le hicieron. — no podían levantar sus rostros, solo podían ver al piso de madera, mientras los recuerdos llegaban a su mente, la bajeza que habían hecho. — Pero no fue suficiente, ella aun no esta lista y no lo estará porque su corazón no ha sanado, y creo que nunca lo hará, su poco néctar lo obtengo de sus sueños, unos que no tienen mi nombre, sino el de Nuriel y eso es gracias a ustedes también. — los tres amigos lo vieron confuso e Ikigaí se dejó caer en el sofá, no lo necesitaba, pero estar entre Kalila y los demás, cambiaba su forma de ser, aun sin desearlo. — Estaba tan asustada y dolida ese día, que adopte una forma sumisa, complaciente, ¿en verdad creen que soy así? Claro que no. — confeso con una mueca parecida a una sonrisa. — Soy descendiente del dios sol, el calor y la pasión corre en mí, pero aun así… no pienso obligarla, decidí mostrarme de esta forma y ahora solo me queda aguantar hasta que Nuriel llegué. — ¿Por qué? Nos has repetido hasta el cansancio que cuando él llegue querrás matarlo y él a ti, que deberemos cuidar a Kalila que… — Él podrá poseer su cuerpo, ella se entregará sin pensarlo a Nuriel, con solo ver sus ojos, es el poder del Fénix, y será allí cuando ustedes deberán cuidar de que no intervenga, o terminaremos matándonos, algo chistoso si lo piensan, pues el fénix renacerá de sus cenizas, yo del deshielo, pero ella… morirá ahogada en lágrimas y calcinada por el dolor. — ¿Que? — cuestiono sin poder creerlo Tahiel. — Tu r**a y la mía se parece en una cosa, un compañero no existe sin el otro, aunque renaceremos ella no lo hará. — ¿Como evitamos que se enfrenten? ¿qué lastimen a Kalila? — Ukara pregunto lo único que le interesaba, evitar una confrontación para salvar a Kalila. — Deberán dejar que vincule mis sentimientos a los suyos y ustedes mantenerse en calma y muy quietos. — ¿Cómo que mantenernos quietos? — Declan aún tenía los ojos rojos de solo recordar que ese ser que parecía insignificante, había tomado la esencia de Kalila. — Debo ver como Nuriel toma a Kalila, sin intervenir, convertir un sunami, en un mar en calma. — Ukara dio un paso atrás y cayó en otro sofá de la misma impresión, él ni siquiera había querido ver cuando sus amigos tomaron a Kalila, y era quizás quien más escapaba de esos recuerdos, de los gritos y suplicas de la joven. — Además de pedirle al dios sol que Nuriel pierda tanto el control, como para que no note nuestra presencia cuando se una de manera carnal a ella, o moriremos calcinados. — Pero eso es… es… — Tahiel no sabía que nombre ponerle. — Jugar con fuego, eso es, jugar con fuego. — sentencio Ikigaí.
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