El sol salió y Kalila estaba ansiosa por comenzar su aventura del día, ir a la ciudad, aunque comprendía que más seria un pueblo, aun así, estaba ansiosa esperando el día en que fuera a conocer la universidad a la que asistiría, ya en su corta vida había estado rodeada de humanos, esos que vivían en el pueblo, esos que tenían un compañero sobrenatural, pero esto era diferente, esto era ver el mundo donde su madre creció, o al menos parte de ello, por ahora se conformaría en ver el pueblo y realizar las compras.
— Solo deben seguir el camino. — dijo Ikigaí mientras acariciaba un mechón de cabello de su lago de vida.
— ¿Qué camino? — indago Ukara.
— Ese. — señalo la quimera a un lado y poco a poco un camino se formó del que solo se veía el comienzo. — Solo ustedes lo podrán ver, no deben preocuparse porque algún humano curioso los siga, si ese fuera el caso morirá perdido en mis tierras. — aseguro sin pena y Kalila no sabía cómo sentirse al respecto. — Otra cosa, si algún humano curioso pregunta cuál es su relación, digan que son hermanos. — tanto Kalila como Ukara se dieron una mirada corta antes de ver a Ikigaí.
— Y eso ¿cómo por qué? — indago la peli negra.
— Porque el humano es curioso y aquí las leyes humanas son tontas, si ven a una joven tan bella como tú, con alguien joven, puede que quieran sacar provecho, ellos usan algo como… casarse, cuando se unen, al menos esa es la palabra que he escuchado, esposo, esposa, es divertido y muy chistoso, dicen amarse por toda la eternidad, pero rápido rompen su promesa, en fin, no quiero matar a todo un pueblo si se les ocurre meter su nariz donde no deben. — Ukara asintió al igual que sus amigos, ellos mejor que nadie sabía que los cazadores estaban cerca, pero para Kalila, fue ver un lado de Iki que no conocía, ese lado sin humanidad.
Caminaron en silencio por algún tiempo, Ukara solo podía verla de reojo y ella, solo caminaba perdida en su mente, a tal punto que en más de una ocasión el brujo haciendo uso de su magia corrió las ramas del camino de la joven, para que no se lastimara.
— ¿Estas bien? — se vio obligado a preguntar, al verla negar a la nada misma, como si hablara con ella misma y es que eso era lo que estaba haciendo.
— Sí, no… no se. — termino reconociendo, por un segundo, se olvidó de quien era ese joven o mejor dicho lo que le había hecho, solo estaba pensando en algo que la inquietaba, no tenía a su madre, ni a ninguno de sus padres, solo los tenia a ellos, le guste o no. — Ikigaí… a veces se comporta… raro. — reconoció con un poco de vergüenza, después de todo lo que el mitad elfo mitad hada había hecho por ella, se sentía raro hablar de él sin que estuviera presente.
— Creo que todos somos raros de alguna forma Kalila. — la joven se volteó a verlo, el pálido joven sonreía, como antes, esas sonrisas furtivas que le daba, esas que le hacían pensar que queria ser su amigo.
— ¿Por qué? — susurro, como la humana que era, perdida en su mente, saltando de un lado a otro, queriendo comprender todo, sin querer saber nada en realidad.
— Porque somos seres muy distintos, no solo por tener poderes diferentes, o nuestra alimentación…
— ¿Por qué me lastimaste Ukara? — dejo salir la pregunta, esa que no le permitía dormir, esa que se repitió un segundo antes de morir y la que llego a su mente al instante que Ikigaí la revivió, ¿por qué?
— Yo no queria. — comenzó diciendo, deteniéndose al borde del bosque justo donde Kalila lo había hecho. — Yo… pensé que te odiaba. — reconoció con vergüenza. — Tu… no eras lo que pensaba, y es que nunca me permití conocerte en verdad, aunque… eran mis problemas no los tuyos. — las palabras susurradas del brujo solo la confundían más, la llenaban de ira, queria una respuesta, la merecía, necesitaba un porqué de la misma forma que un niño comienza a descubrir el mundo, ¿Por qué la luna brilla? ¿Por qué el cielo es azul? Los ¿Por qué? de la vida, es lo que muchas veces te permite dormir.
— Eso no es una respuesta, solo estas divagando Ukara. — se giró y salió del bosque, tratando de respirar con tranquilidad.
— Solo puedo decirte que no queria lastimarte, pero lo hice. — reconoció tomándola del brazo, y logrando que se detuviera. — Solo sé que no debía mirarte como lo hacía, pero siempre te vi. — los ojos de Kalila se abrieron con asombro. — Solo puedo decir que deseaba ser tu amigo, desde el día que llegaste con nosotros al parque, pero me repetían que me mantuviera lejos de ti, solo sé que soy débil, estúpido y un cobarde. — el dolor se reflejaba en los ojos de el brujo, haciendo eco de lo que Kalila sentía, como si fuera un reflejo de ella misma.
— Me lastimaste porque los demás te lo ordenaron. — queria culpar a Declan y a Tahiel, ellos lo presionaron, ellos siempre la acosaban, y el brujo solo los seguía, o queria convencerse de eso, queria pensar que ese joven de ojos hipnotizantes, no la lastimo adrede, solo fue que lo obligaron.
— No. — confeso viéndola a los ojos. — No culpare a otros por mis actos, yo debía decir no, porque no queria lastimarte… pero tenía miedo, no de ellos… el recuerdo de como atacaste a Declan cuando éramos niños y como lo habías hecho en el prado… tenía miedo de sentir lo que siento por alguien que puede matarme con solo verme a los ojos.
— ¿Qué es lo que sientes? — la curiosidad mato al gato, eso dicen, pero nadie te confiesa que al menos murió sabiendo.
— Un brujo. — la acusación de un joven provoco que detuvieran su discusión, no era el lugar para hablar de eso, aunque Kalila no confiaba en hacer esa pregunta en el bosque, se suponía que eran tierras de Ikigaí, un ser tan mágico, que hablaba incluso con los animales.
— ¿Disculpe? — indago Kalila, tratando de hacerse la desentendida a las palabras que el joven había dicho.
— Señorita, será mejor que se aparte de ese joven. — el oriental quiso tomar la mano de Kalila, pero el trabajo de Ukara era cuidar de ella, y así lo hizo, no había mucha gente en aquel lugar, solo un par de personas que el brujo reconoció como cazadores, fue por ello que lanzo un poco de su poder, solo una pequeña muestra, de que él era un guerrero, uno que estaba destinado a cuidar a Kalila, el aire se agito, el joven pelinegro salió despedido a donde los otros curiosos se encontraban y Ukara tomo de la mano a Kalila con la clara intención de sacarla de allí, después de todo, Ikigaí no le había dicho si podía o no matar a los cazadores.
— Ella esta con el brujo, ¡acaben con ellos! — grito encolerizada una mujer que Ukara recordó solo cuando vio la quemadura que tenía en su cuello.
— ¿Cómo puede ser que ataquen a uno de los suyos? — susurro un segundo antes de tomar en brazos a Kalila y tratar de huir, pues pronto se dio cuenta que estaba rodeado.
— No quiero morir Ukara, no otra vez. — la respiración de la humana golpeo su cuello, y por un segundo se permitió verla allí, en sus brazos, buscando refugió y protección en él, y al fin pudo ponerle nombre a lo que siempre sintió por la humana, la amaba.
— No te dejare Lila, nunca más permitiré que alguien te lastime, ni siquiera yo. — la pelinegra clavo sus ojos bicolor en él, sintiéndose extraña, sintiendo la energía de Ukara envolverlos, solo dos veces había sentido eso, primero cuando Nuriel casi la tomó en el prado y luego cuando Ikigaí la regreso a la vida, esa sensación de estar en casa, protegida y amada.
— Te perdono Ukara. — dijo mientras acariciaba su blanquecino rostro, si morían, no queria que el brujo se fuera pensando que ella lo odiaba.
— Gracias, aunque yo no puedo perdonarme. — confeso, y fue cuando dejo que su poder envolviera por completo a la pelinegra para llevarla al refugió del bosque, mientras él quedaba a merced de los cazadores que más que dispuestos a cumplir con su trabajo se lanzaron sobre él.