MÓNICA Desperté de repente, la realidad regresando a mí como una ola. El primer impacto fue el dolor punzante en mi cuello. Era como si una brasa ardiente se hubiera encendido en mi piel, y ese dolor se disparaba con cada latido de mi corazón. Pero, a pesar de esa punzada de incomodidad, algo más me atrapó: el aroma de Jackson. Era rico y envolvente, una mezcla de madera, tierra y su inconfundible esencia masculina. Me llenó de una calidez que me hizo sentir segura, pero el dolor no me permitió disfrutarlo en su totalidad. —Mmm... —gimí involuntariamente, el quejido escapando de mis labios antes de que pudiera contenerlo. Al instante, escuché un movimiento a mi lado. Jackson se despertó, sus ojos de un intenso color resplandeciendo con preocupación. —Mónica —dijo suavemente, y su voz

