JACKSON
Mi lobo aullaba en mi cabeza de felicidad porque ella había aceptado. Había una mezcla de triunfo y posesión que resonaba en mi interior, un vínculo que se fortalecía con cada instante.
—Muy bien, uno de mis secuaces te llevará a tu casa. Ya no necesitas estar en lo que estabas haciendo —dije, intentando mantener la calma.
Ella me miró con determinación, su tono mordaz.
—Se llama prostitución, si te da vergüenza decirlo. Y a mí no me avergüenza decir que me acuesto con hombres por dinero.
Sus palabras provocaron un gruñido dentro de mí, una mezcla de posesión y frustración. Mi lobo quería reclamarla, marcarla como nuestra, pero la idea de hacerlo me hizo detenerme. Jamás la marcaría.
—Buenas noches —dijo, saliendo de mi casa.
No respondí, sintiendo cómo la emoción fluctuaba dentro de mí. Me senté en el sofá, tratando de procesar lo que acababa de suceder. Unos minutos después, la puerta se abrió y reveló a Marco, mi beta y mano derecha. Su expresión era seria, y sabía que venía con un mensaje importante.
—Alfa, estarás con la Luna solo por un año —dijo, su voz grave y clara.
—Sí, no necesito más que eso —respondí, intentando reforzarme con la decisión que ya había tomado.
Pero Marco no se detuvo ahí. Su mirada era incisiva.
—¿Qué pasa si te enamoras de ella? —preguntó, franqueando mis defensas con su inquietante sinceridad.
Me levanté de golpe, un torrente de emociones cruzando mi mente.
—Eso nunca pasará —dije, la frustración brotando de mis labios—. Jamás podré olvidar que estuvo con tantos hombres.
Las palabras pesaban en el aire, y el impacto de su pregunta resonaba en mí con más fuerza de la que quería admitir. Había algo en Mónica que me atraía, pero la desconfianza que albergaba por su pasado se interpuso como una barrera entre mis deseos y la verdad sobre cómo me sentía.
Marco me miró, como si examinara mis pensamientos. Supuse que veía a través de la fachada que había construido, notando las grietas que comenzaban a formarse.
—Recuerda que el amor puede ser complicado, Alfa. A veces, es inesperado.
Apreté los dientes, intentando hacer desaparecer la inquietud que se formaba dentro de mí. Necesitaba mantener mis emociones bajo control; no podía permitir que un lazo emocional complicara un acuerdo que debía ser puramente transaccional.
—Lo tendré en cuenta —respondí, aunque la verdad era que no sabía si realmente podría.
El aire se volvió pesado con las preguntas no respondidas y los sentimientos reprimidos. La noche había cambiado todo, y la realidad de lo que significaba tenerla en mi vida comenzaba a manifestarse, aunque me resistía a aceptarlo.