Capítulo 8

510 Words
MÓNICA La realidad de que los lobos eran reales se instaló en mí, pero no tuve tiempo de pensarlo. Jackson estaba pidiéndome que me casara con él porque, según él, yo era su compañera. Las palabras resonaban en mi mente, mezclando confusión y asombro. Lo miré, intentando entender lo que eso significaba. —¿Qué es una compañera? —pregunté, intentando que mi voz sonara tranquila a pesar de las tormentas que azotaban mi mente. Él me miró con profundidad, su expresión seria y llena de significado. —La diosa de la luna otorga a cada lobo una compañera de por vida. Pero como solo te necesito para cumplir con mi manada, después de un año, podrás irte —explicó, su tono grave. —¿Solo un año? —dije, sintiendo una mezcla de alivio y sorpresa—. ¿Y puedo irme? —Sí —respondió, su mirada fija en la mía—. Te irás con 12 millones de dólares en tu cuenta o en efectivo, como prefieras. Las palabras cayeron sobre mí como un manto de peso, y la realidad comenzó a filtrarse en mi conciencia. No podía negarlo; esta era una oportunidad que no podía rechazar. Con esa cantidad de dinero, podría dejar atrás la vida que llevaba en la calle, una vida llena de riesgos y peligros, y comenzar de nuevo. Mis pensamientos corrían como locos, imaginando lo que podría hacer con 12 millones de dólares. No más noches en la esquina, no más miradas de desprecio. Podría encontrar un lugar seguro, un nuevo comienzo. —Jackson... —empecé, duda y esperanza entrelazándose en mi voz—. ¿Por qué yo? Él negó con la cabeza, acercándose un poco más, su mirada intensa. —Porque eres mi compañera, y mi lobo te quiere cerca. No será una Luna si no fueras mi compañera —dijo, su voz grave, llena de sinceridad. Dudé, sintiendo la tensión en el aire entre nosotros. Había algo en su ser, en su forma de actuar, que me atraía de una manera que no podía explicar. Y en el fondo, sabía que estaba tomando una decisión que cambiaría mi vida. —¿Y si al final de ese año me arrepiento de mi decisión? —pregunté, intentando anticipar cualquier posible futuro. Jackson sonrió levemente, como si supiera algo que yo aún no comprendía. —Tienes todo el derecho a arrepentirte. Pero te aseguro que, cuando llegue ese momento, desearás quedarte. Respiré hondo, la realidad de su propuesta y mis sueños comenzando a convertirse en una sola entidad. Aquí estaba yo, en el umbral de una nueva vida, frente a un hombre que era más de lo que aparentaba ser. Con un millón de dudas en mi cabeza, la decisión se sentó pesadamente en mi corazón. —Está bien, lo haré. Acepto tu propuesta —dije, sintiendo la adrenalina recorrer mi cuerpo. A medida que sus ojos se iluminaban con aprobación, supe que había dado un paso importante hacia un futuro que no podía predecir, pero que estaba ansiosa por explorar.
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