MÓNICA La noche avanzaba, llena de risas y conversaciones entre los miembros de la manada. Poco a poco, me sentía más cómoda en medio de ellos, pero todavía había un nudo de inquietud en mi estómago, especialmente cuando noté a Richard, el hermano de Jackson, acercándose a mí. Su sonrisa era encantadora, pero había algo en sus ojos que me hacía sentir incómoda. —Hola, Mónica. ¿Te gustaría dar un paseo? —dijo, su voz suave y persuasiva. —Eh, quizás más tarde —respondí, tratando de mantener la distancia. Sin embargo, no le gustó mi respuesta. En un instante, Richard se acercó demasiado. Antes de que pudiera reaccionar, levantó su mano y pronunció unas palabras en voz baja. Sintiéndome repentinamente fría e incapaz de moverme, un hechizo había caído sobre mí. Mi cuerpo estaba inmovilizado

