JACKSON Mis labios siguieron rozando su piel, y el sabor de la mordida se mezclaba con el dulce aroma que empezaba a llenar la habitación. Mónica se recostó, dándome mejor acceso, y no pude evitar lamer la marca con más intensidad. Sentí su cuerpo responder, un gemido suave escapó de sus labios, apenas audible, pero suficiente para que mi lobo se removiera aún más dentro de mí. —Jackson... —murmuró, su voz temblando entre un susurro y un gemido, como si intentara resistirse a lo que estaba sintiendo. Cada sonido que hacía se sentía como un combustible directo a mi lobo. Mi lengua seguía recorriendo la mordida, lamiendo la piel que yo mismo había marcado, y cada vez que lo hacía, sus gemidos se volvían más audibles, más intensos. Mi respiración se hizo más pesada, sincronizada con la su

