— ¿Qué pasa? —Pregunté a Ámbar mientras me acercaba al soportal, por suerte los tacones no eran tan altos y podía caminar más o menos bien con ellos. —Nada, mi hermano me envió a buscarte—Informó. —¿Para qué? —Inquirí. —Bueno, es tu pareja debe estar al pendiente de ti. Bufé. —Cómo si pudiera escapar—Exclamé mientras observaba los grandes muros en la lejanía. Nos adentramos al interior de la casa. — ¿Te gustó la presentación? —Curioseó. —Nada mal—Dije mientras cruzábamos la cocina—Creí que sería más extravagante—Confesé. —Yo le sugerí a mi hermano, algo sencillo, para que se te fuera más fácil. Y no podía estar más agradecida. —Gracias—Dije sinceramente. —No es nada. Llegamos a la gran sala, y vi como de las escaleras bajaban Dael y la chica la cuál cuyo nombre era Gianina. L

