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Luna en el ocaso

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Blurb

¿Qué pasaría si un día terminas perdida en un bosque abandonada a merced del destino?

El origen de Venus sigue siendo desconocido para ella.

Hasta que una gran manada de lobos termina por cazarla.

¿Realmente todo el misterio giraba en torno a esto?

Todas las respuestas las tiene

Un cierto gran lobo alfa con impresionante pelaje.

¿Deberá Venus permitirse al amor?

Venus se encuentra en una encrucijada

¿Deberá quedarse en este mundo fantástico o volver a su vida normal y corriente?

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Capitulo 1
Capitulo 1  Recorrí con mis dedos el borde de las gotas en la ventana del auto, un mal presentimiento había estado rondando mi mente desde que salí de casa con la familia Díaz, desde que me adoptaron jamás habían planificado un viaje familiar dónde me incluyeran siempre, me quedaba en casa con la Abuela Flor, puesto que nunca la llevaban por su avanzada edad. Recordé la última conversación que tuvimos, cuando la familia Díaz aún no volvía de su anterior viaje y antes que enfermara. Estaba preparando chocolate para tomar ambas, me senté en el viejo sillón en la sala, la abuela Flor estaba sentada en su vieja mecedora. —Venus, cariño— La Abuela Flor era la única persona en la familia que me trataba con cariño, puesto que siempre era yo quien la acompaño desde que llegué acá, ya que sus nietos de verdad jamás se tomaron la molestia de pasar el rato con ella o al menos preocuparse. — ¿Si abuela Flor? —Dije mientras probaba un sorbo de chocolate. —Sé que cuando yo ya no esté acá, más atrás te irás tú de esta casa—Dijo mirando un punto en la pared, pensativa.  —Vieja testaruda, ya te he dicho que vas a estar con nosotros por cien años más—Dije sonriendo, últimamente se encontraba pronosticando su muerte y eso no me gustaba, no quería que abandonara la batalla y me dejara sola con los que se suponía eran mi familia. —Tienes que ser fuerte Venus—Dijo ignorando mi comentario— El mundo allá afuera no es lo que siempre pensamos, y aunque te costará aceptarlo tú perteneces a ese mundo, por lo tanto es un privilegio— dijo mirándome esta vez a mis ojos— Y tú eres un gran mujer noble, nunca olvides eso. No me había detenido a pensar esas palabras que me dijo en aquel momento, pero ahora que meses luego de esa conversación enfermó y se volvió senil, no me detuve a pensarlo hasta ahora, que ya no se encontraba con nosotros y yo ahora no tenía con quien pasar mis días ni nada estaba sola. —Venus— Escuché la voz de mi madre adoptiva—Dios niña te he estado llamando y no respondes— dijo molesta mientras me dirigía una completa mirada de odio a través del retrovisor del auto. —Te dije que era algo retrasada cuando la trajeron a casa— Soltó Gina, mi hermana adoptiva. Oliver el mellizo de Gina y mi padre se unieron para burlarse de mí. Giré mis ojos. —Por eso parece tener un ojo bizco—Exclamó Oliver riendo. Definitivamente no tenía ningún ojo bizco pero lo decía para molestarme. —Es un bicho raro—Dijo su hermana mirándome de soslayo riendo. Me hundí más en mi asiento, abrazándome a mi misma sabía que venir iba hacer una mala idea. Eduard mi Padre adoptivo, me dirigió una mirada de reproche. Las siguientes horas pasaron muy lentas para mí, en el reproductor se reproducía una de las feas canciones que escuchaba Oliver, mis padres estaban hablando en voz alta casi gritando y mis hermanos estaban discutiendo y dando manotazos a mi lado uno que otro fue dirigido a mí, sé que fue a propósito, lo peor, no me podía quejar de nada no tenía voz ni voto en esta familia, si tan sólo exponía mi opinión, me regañaban o castigaban injustamente llamándome mutante, aberración o engendro de la vida mientras mamá se sentaba en su silla a rezar, también obligándome a confesarme, puesto que según llevaba conmigo al diablo. Resultaba ser a veces una devota a su religión algo radical, pensaba que podría expiar sus pecados mediante ello y así salvarse de quemarse en las pailas del infierno o terminar en un abismo sin fin. A medida que abandonábamos la civilización, los pinos en la carreta se volvían más grandes monstruosos, y frondosos resultaban un poco espeluznante con la oscuridad que comenzaba a acentuarse, leí en uno de los letreros y ya estábamos fuera de la ciudad muy lejos de casa ya ni siquiera sabía dónde estábamos papá se adentraba más hacía las montañas espesas y oscuras por alguna razón la vía me recordó a una vieja y mala película de terror, que se llamaba Camino hacia el terror, alejé esos pensamientos de mi cabeza, era algo miedosa y no quería pensar que en cualquier momento aparecería una persona mutada queriendo matarnos y devorarnos. El mal augurio seguía allí, partimos de casa algo tarde, ellos nunca salía tarde para un viaje, se había prolongado demasiado llevábamos al menos cuatro horas y media en carretera sin embargo llevaban sus cañas de pescar supuse que iremos a un viaje de pesca, pero un escalofrío me decía que tal vez no, todo era extraño. Me dispuse a observar la vía y era escalofriante, llevábamos avanzando unos varios kilómetros y aún no había señal de alguna casa o cabaña. Me comencé a asustar, cuando el auto avanzo hacia una entrada boscosa entre los árboles, para entonces ya nadie hablaba los mellizos estaban dormidos y la música era baja en el reproductor. — ¿A dónde vamos? —Pregunté algo temerosa, pero nadie respondió. Ninguno articulo palabra ni siquiera para reprenderme, eso era extraño. El auto siguió avanzando entre la espesura de los árboles y pinos, el frío se volvió insoportable así que ajusté más mi chaqueta y mi manta. Papá siguió avanzando entre curvas, y bajadas hasta luego llegar a un claro muy lejano del lugar por dónde habíamos entrado a ese lugar. Avanzo unos kilometro más hasta que logré avistar un gran lago extenso rodeado por arboles y pinos, que se me antojo tenebroso, pero aún así me relajé un poco puesto que quizás acamparíamos aquí. Papá apagó las luces del auto, pero no lo apagó, y procedió a bajarse del auto. —Bájate del auto— Dijo mi madre en un tono fuerte. — ¿Tú no baja…—Fui interrumpida por su voz exaltada casi demente. —Qué te bajes maldita sea  Obedecí rápidamente no estaba de humor para sus regaños. Así que baje del auto y cerré la puerta tras de, mi padre estaba sentado en uno de las piedras cerca del lago. Parecía estar lamentándose de algo. Mis pasos resonaron con cada crujido de la hojas secas, avisándole de mi acercamiento, me observó de soslayo y supe en ese momento que lo que estaba sucediendo no era nada bueno. Estaba empuñando su vieja arma que guardaba en su viejo closet bajo llave. Iba a girar y echar a correr con todas mis fuerzas hacia el auto, no sabía realmente que pretendía mi padre ¿Asesinarme? ¿Suicidarse? ¿Qué? Pero su mano fuerte me tomo de mi brazo lastimándome, mi cuerpo comenzó a temblar mi corazón palpitó desenfrenado algo frío chocó con mi espalda era el arma.  —Camina—Exigió con una voz amenazadora. Aún sosteniendo mi brazo nos adentramos más entre la espesaras del bosque y el lago, caminamos alrededor de de veinte minutos más, no me atreví a hablar tenía miedo que disparará por un sobresalto. De pronto más alejados del lago entre el medio del bosque me soltó con brusquedad haciendo me caer al suelo ensuciándome por completo. Me apuntó directo a la cabeza, pensé que era mi muerte, entonces así iba a morir a manos de mi padre adoptivo en un lúgubre bosque sin la posibilidad de ser encontrada, recordé a la abuela Flor, sus historias de cuando era joven, su risa, lo más cercano que tuve a una madre, los momentos felices que tuve en el orfanato, la felicidad que sentí cuando me dijeron que sería adoptada. Todo se volvería nada puesto que en el momento que Eduard apretara el gatillo yo y mis recuerdos ya no existiremos, no creía en la posibilidad de un cielo o infierno solo la nada absoluta en la que me convertiría. Vi el odio que emanaba todo su cuerpo, la fiereza con la que me miraban sus ojos, el repudio que sentía. —Maldita engendra —Dijo titubeando un poco, puesto que temblaba no sé si por el frío o la ira. No me atreví a decir nada. Dio unos cuantos pasos hacia mí y sólo espere el momento. Espere unos minutos, pero cuando alcé mi vista el arma reposaba en un costado. —No ensuciaré mis manos con alguien de tu progenie— Afirmo, revolviendo su cabello castaño canoso en frustración, dio unos pasos atrás. —Sólo para que quede claro—Dijo tartamudeando— Si te adoptamos en nuestra familia, fue sólo por el dinero que nos daba el gobierno, no teníamos opción, Miriam estaba muy enferma—Explico al borde de un colapso, refiriéndose a mi madre adoptiva. Me sujetó de nuevo de mi brazo haciendo que me enderezara con brusquedad Me hizo caminar a empujones a más entre la maleza, sentía como su agarre me hacía daño seguro dejaría unos grandes morados allí. De nuevo volvió a empujarme de un tirón pero esta vez soltándome, estábamos muy adentrados al bosque aquí nadie me escucharía si gritara en el camino no encontré nada ni casas ni cabañas ni siquiera la cabaña de un guardabosque. —Corre— Exigió en un rugido. ¿Pensaba matarme mientras corría en el bosque como una presa? — ¡Corre! —Gritó esta vez con los ojos inyectados en sangre, dándome aún más miedo del que ya tenía. No esperé un minuto más así que comencé a correr, corrí y corrí esperando el crescendo o algo que se incrustara en mi piel que me hiciera caer, la maleza y las ramas rompían mis ropas abriendo heridas en mi piel que ardían como mil infiernos. Una raíz en el camino me hizo caer de bruces al suelo golpeando mi rostro en el frío suelo, tuve el atrevimiento de mirar hacia atrás sólo para ver si encontraba a Eduard detrás de mi apuntado el arma, pero lo que encontré fue la oscuridad en tinieblas del bosque. Me levante sintiendo mi cuerpo pesado, con las heridas abiertas y comencé a buscar a mi agresor con la mirada entre la oscuridad pero no logré distinguir nada. Espere unos minutos más y comencé a caminar alrededor lentamente pero no había nada ni nadie a excepción de los árboles y la luna en su punto más alto. Me quedé en silencio, pero tampoco escuché nada ni un paso nada que me dijera que Eduard se encontraba merodeándome, así que entendí que se había ido.  Me senté en el duro suelo recostándome en uno de los arboles, y unos minutos luego un sonido captó mi atención, era el sonido de una detonación, Eduard había disparado pero a quien, si el sonido lo escuché muy lejos de dónde me encontraba. Esperé pero nada sucedió. No tenía fuerzas para moverme y el miedo me tenía paralizada en el mismo lugar, no pasaría mucho tiempo hasta que un animal salvaje me encontrase y me devorara por estar de intrusa en su territorio. Así que no tenía opción con la oscuridad no podía observar hacía donde me dirigía. Al cabo de una hora espere que mi familia adoptiva volviera, pensé con mis falsas esperanzas que quizás volverían riendo y burlándose, diciendo que era una tonta crédula, pero las horas siguieron pasando y entendí que había cumplido con lo prometido. Las amenazas que siempre hacían cuando discutían, nunca esperé llegar a ser amada por ellos ya en sí eran una familia disfuncional con muchos problemas, pero el trato ya era otra cosa nunca se molestaron en ser cordiales o amables jamás tuvieron la intención de tratarme como una más de su familia, lo cierto era que el sistema de adopción era tan mediocre que personas como yo terminábamos en manos de personas como ellos, lo cierto era que sólo me querían allí sólo por el dinero que entraba por el gobierno de mi manutención,  y sólo me desecharon como cualquier cosa hacía dos tres meses que había cumplido la mayoría de edad y hace un mes que dejaron depositar mi manutención, ya no me necesitaban.  Al menos nunca pasé hambre en sus manos, y terminé mis estudios, debía estar agradecida de que a Eduard se le removió la conciencia y no me asesinó, jamás entendí ese repudio que expresaban hasta dónde sabía era igual a ellos humana común y corriente algo torpe, físicamente realmente no me parecía mi cabello era lacio de un rubio platino, mis ojos eran pequeños de un color verde claro y mi piel blanca, no tenía nada fuera de lugar al menos que fueran racista o algo así aunque no lo creía realmente. Mi cabeza dolía mientras seguía dando vueltas en el asunto buscando una razón o algo que me dijera por qué los Díaz resultaban tan crueles. Recosté mi espalda en un fuerte tronco, esperaría que amaneciera buscaría algún árbol frutal para alimentarme, luego caminaría para buscar la forma de encontrar la salida, salir a la vía y esperar que alguien me encontrase o pedir un aventón hacia al pueblo más cercano luego de verdad no sabía qué hacer quizás iría a una estación policial pondría mi demanda por intento de asesinato quizás conseguiría algún beneficio y no terminaría en la calle. En este punto lo primordial sería salir de este tenebroso bosque. En el horizonte vislumbre un rayo de sol por encima de los altos pinos y demás arboles mezclado entre colores naranja y violetas, eso me reconforto, pronto saldría el sol y calentaría el bosque. Cerré mis ojos esperando que el alba comenzara, para poder ponerme de pie y explorar y encontrar una salida. Pasaron alrededor de cuarenta minutos, abrí mis ojos para encontrar tonalidades verdes asombrosas, la luz del sol llegaba a cada rincón del bosque, de esa forma ya no parecía tan tétrico, el cantar de las aves era reconfortable, pero la soledad seguía siendo inmensa, el bosque era extenso, a lo lejos pude ver el lago que había visto hace unas horas, si tenía suerte quizás un pescador podría encontrase allí. Así que me levanté con dificultad me dolía cada extremidad, sentí como crujían mis huesos ante los movimientos, las heridas aún recientes y las machas de sangre, hacía contraste con mi pálida piel. Seguro tenía un aspecto horrible, restregué mis manos en mi cara y el olor metálico me inundo por completo. Avancé entre los altos arboles, vi alguna que otra ardillas que me observaban desde su altura. Terminé por caminar hasta llegar el lago, en el camino encontré un arbusto de cerezas llené mis bolsillos y comí como loca, antes que mi estomago comenzara a rugir y me debilitara. Quisiera decir que encontré un pescador en el lago, o que un turista perdido me encontró, o que encontré la salida y logré llegar al pueblo más cercano pero ni una ni la otra. Terminé por vagar entre el bosque, estaba segura que terminé caminando en círculos puesto que había visto cierto roble más de una vez. Mis días siguieron de la misma forma, deambular en el solitario bosque esperando encontrar a alguien o una salida, pero el bosque era inmenso y por alguna extraña razón terminaba en el mismo punto, me alimenté de cerezas y otras frutas pero no eran suficiente me estaba deshidratando me negué a beber del agua del lago desde el momento que vi una rata muerta flotar en ese lago. Mis ropas desprolijas y sucias me pesaban ansiaba un baño, algunas de mis heridas habían sanado mientras que otras seguían abiertas y ardían en mi piel. Las noches fueron la peores, mis miedos se incrementaban, sólo esperaba el momento hasta que un oso o un lobo me devorase y ese sería el fin de Venus, tardarían años en encontrar mis restos, si es que los animales salvajes dejaban algo, no quería ser pesimista pero ya llevaba varios días y mis fuerzas se estaban yendo con cada hora que pasaba. Una parte del tiempo buscaba cerezas para comer y buscaba grandes hojas para arroparme por la noche. Sentí que estaba perdiendo mi cordura o alucinando cuando vi como una noche un murciélago me sacó la lengua, burlándose o era mi mente haciéndome una mala jugada. Al fin cuando creí que haber encontrado una salida, pues había terminado en un lugar del bosque que estaba segura no había visitado antes, resultó ser un acantilado que daba una hermosa vista hacía el frío mar, no había ni una persona en las playas a los lejos ni una embarcación o yate nada, era como si fuese un mar muerto o algo así. Ya no tenía energías, cuando mi cuerpo exigía comida, me doblaba en fuertes arcadas para vomitar pero sólo vomitaba las cerezas que había estado comiendo durante esa semana. Mi vista se nublaba con cada esfuerzo, me sentí más cansada más vulnerable, creí que me desmayaría en ese momento, me apoyé en unos de los arboles, mi respiración se volvió errática entrecortada mi cuerpo comenzó a temblar desenfrenado, la deshidratación estaba pasando factura en mi. Entre la negrura alrededor de mis ojos vi como a unos metros había una roca gigante algo desigual con mucho musgo, enfoqué con más fuerza mi vista y detalle que la gigante roca era una cueva y el musgo sólo funcionaba como cortina ocultando el interior de la cueva. Hice mi mayor esfuerzo para avanzar hacia la cueva, la noche estaba comenzando a descender, y necesitaba un lugar seguro dónde pasar la noche por ahora, fue el único lugar que me convenció. Si tenía suerte quizás podría pasar la noche, si es que tendría fuerzas para mañana. Me arrastre entre los arboles apoyándome en ellos lentamente, la brisa helada erizaba mi piel, haciendo que mi cuerpo vibrara aún más. Jamás creí que mi familia de verdad hiciera esto conmigo, sabía muy bien que no me querían pero ¿de verdad eran tan crueles? Ya dentro de la cueva, a pesar del frío afuera, se encontraba un poco más cálida, sólo que oscura, me recosté en el suelo y apoyé mi cabeza en una roca, fijé mi vista en un punto fijo entre la cortina de musgo, sólo se escuchaba el sonido de las olas chocar con la orilla, alguno insectos, y el silencio ensordecedor de la cueva. La noche había llegado. Traté de calmar mi respiración, y apaciguar cualquier dolor así durante alrededor de dos hora, de pronto una lluvia incesante comenzó en el oscuro bosque. Me abracé más a mí misma, sentí como cada pulsación se volvía más lenta, estaba débil como para seguir con mi búsqueda, estaba cansada, odiaba esto, odiaba que toda mi vida se redujera a esto, así que hice lo que no había hecho desde que fui abandonada aquí, lloré. Lloré con todo, no había nadie para que me juzgara así que desahogué mi llanto en esa cueva sola. Extrañaba a la abuela Flor, extrañaba sus historias, su risa, su mirada llena de ternura, extrañaba algo que nunca tuve, un hogar, una familia de verdad. Pero la realidad era esta por más que me empeñara en cambiarla, seguro moriría en los próximos días, no me asustaba la idea de morir, pero sí de no haber podido disfrutar de algo en mi vida, estaba exhausta de ser positiva, quizás debería dejar de ir contracorriente y ceder ante lo inevitable. Continué llorando hasta que no tuve más que llorar. Sentí que me quedaría dormida cuando, un sonido. No, un aullido me sacó de mis sueños  El aullido se repitió aún más fuerte, y otros aullidos se unieron. Lobos. No uno, varios, quizás una manada. Me incorporé en mi lugar y miré a través del musgo y me sorprendió lo que vi era una manada de Lobos, no eran para nada Lobos comunes, eran gigantes con un pelaje perfecto, imperiosos. No sabría cuantos, pero eran muchos. Uno captó mi atención parecía ser el alfa su andar era enigmático su pelaje n***o se confundía con la oscuridad del bosque, era impresionante y el más resaltante entre los otros. Me asusté cuando noté que el lobo n***o dirigió su mirada justo a dónde me encontraba, pero no puede verme la cortina… Dios Venus, son Lobos su olfato en su mejor rastreador, seguro ya me había olido, me reconocería como una intrusa en su territorio. Me alejé aún más del musgo y me apoyé en una de las paredes de la cueva. Escondiéndome me mantuve en silencio. Por el reflejo de la luna noté una espesa sombra, y observé que era la de un lobo merodeando de aquí para allá la entrada de la cueva, trague grueso, y me hundí más en mi lugar seguro era el Lobo n***o, el que parecía tener un poder sobre los otros. Mi corazón palpitaba fuerte, resonando la sangre en mis oídos, de esta no tendría escapatoria, junté mis piernas en mi pecho buscando una manera de protegerme. Una vez había leído que estas bestias atacaban primero los tejidos blandos como los ojos. Eso envió escalofríos de terror a todo mi débil cuerpo, no podía soportarlo el miedo me estaba consumiendo, entonces así se sentía estar al borde de la muerte. Vi como el lobo olfateaba en la entrada de la cueva, y vi como su pelaje oscuro se adentraba. La cueva se volvió pequeña con el gran animal dentro. Me quedé paralizada cuando avanzó mucho más hacia mí y vi como en la entrada se adentraban más lobos. Este era mi fin sería devorada por estos lobos, mi cuerpo tembló aún más mis manos comenzaron a sudar mis parpados pesaban demasiado. —Aléjate— Dije titubando nerviosa cuando el gran lobo n***o acerco su hocico a mi cuello. Escuché como un gruñido fuerte que provenía del animal me hizo paralizar de inmediato. Mi cuerpo no soportaba más, pronto cedería ante la debilidad. Así que dejé que mi cuerpo cediera, no soportaba más, estas bestias me despellejarían en un minuto, prefería estar inconsciente a sentir todo en carne propia. Entre la nébula que se volvió mi vista y en medio de la inconsciencia vi a los ojos del lobo que me observaban expectantes escuché como su rugido se volvió más fuerte, agresivo. Pero no me importó puesto que luego todo lo que vi fue oscuridad absoluta.   

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