Esa noche no pude dormir bien, tenía un mal presentimiento encima pero de ¿qué? Hasta dónde sabía todo estaba muy bien, pero algo no me dejaba dormir, así sólo estuve toda la noche y parte de la madrugada viendo el techo, y para cuando comenzó a amanecer el sueño comenzó por fin a vencerme. Dormí todo el día, hasta que Ámbar entró a mi habitación con una sonrisa de oreja a oreja. Estaba cepillándome mientras veía el reflejo de Ámbar frente al espejo. — ¿Adivina qué? —Me preguntó con los ojos negros chispeantes de felicidad. — ¿Qué? —Pregunté con el cepillo en mi boca, con todo y espuma. —Mi hermano me permitió realizar mi fiesta de cumpleaños acá—Anunció tras un saltito de felicidad. —Creí que no te dejaban. —Pues sí, pero al parecer mi hermano esta de bueno humor hoy. —Eso es gen

