—Es interesante—Exclamé curiosa. Asintió. Noté que era sólo un poco más delgado que Dael, y que sus cejas eran del mismo color de su cabello. —Entonces eres homólogo de Dael—Musité. Asintió. —Mi manada está a unos cuantos kilómetros de acá, es la segunda más grande, sólo superada por la de Dael—Explicó mientras tomaba asiento en uno de los sofás frente a mí. Me escrutó un momento—Eres muy joven. —Si, seguro—Dije sin prestar atención—Al parecer aquí todos son unos ancianos—Dije tras una risa baja. Sonrió de manera perfecta. —Bueno creo que nuestra inmortalidad, nos permite experiencia y sabiduría. —Y manteniendo sus cuerpo muy jóvenes, debe ser una bendición—Terminé por él. —Aunque no lo creas la eternidad es aburrida. Arqueé una de mis cejas y entrecerré mis ojos. — ¿En serio?

