No entendía porque Brandon había hecho eso supuse que para molestar a su madre pero, como fuera, se lo agradecí profundamente ahorrar esa cantidad de dinero signficaría darme algún lujo como salir a comer con alguna amiga.
De todos modos si yo fuera él también haría ese tipo de cosas para hacer que mi progenitora insoportable perdiera los estribos, era una mujer invivible igual que su prometida ya entendía porque la susodicha era uña y carne con la mamá.
Sin embargo lo podía entender de Lucy ella era demasiado joven, era comprensible que aún no hubiera aprendido ese tipo de principios pero la señora ya estaba vieja para ser tan inmoral, seguramente su esposo le metía los cuernos con la secretaria y por eso ella andaba de malas
Aunque no todo fue tan bueno luego de la "salvada de tanda" del jefe, resultaba que luego del fatídico evento mis hijos (los que sabían hablar) ahora lo llamaban: «tío Brandon» y si... Lo hicieron frente a la madre del susodicho a lo que la mujer explotó en cólera.
Se lanzó al suelo y empezó a patalear como una niñita de tres años cuando no le compran el juguete que quiere, mis papás arguyeron que nos fuéramos rápido antes de que los más pequeños de la casa aprendieron peores mañas de las que ya tenían.
La verdad si me dio vergüenza que lo llamaran así pero me la aguanté. Salimos del supermercado escuchando los temerarios gritos de la doña a la distancia, todo un acto circense.
Mi madre, una vez que todos se durmieron, me preguntó que porqué estaban haciendo compras en un supermercado de pobres, le dije que la verdad ni idea que seguramente les gustaba vanagloriarse o que a lo mejor tenían un complejo de inferioridad que solventaban yendo a sitios marginales y comparándose con el proletariado.
Cuándo volví al trabajo nadie mencionó nada al respecto, seguramente ninguna persona estaba enterada de la situación por lo que me mantuve tranquila, hasta que Emily apareció por ahí mientras le sacaba impresión a unas copias.
—Te dije que le gustabas a Brandon—se regodeo sonriente—el suceso del otro día lo demostró.
—Creo que solamente quería molestar a su madre, cualquiera que tenga la oportunidad lo haría esa mujer es realmente insoportable.
—No, él no—ella negó con la cabeza, parecía muy decidida de sus palabras—es el hijo pródigo—parecía un poco triste al decir esas palabras—siempre ha sido perfecto, es algo complejo para mí—me acerqué a ella y la abracé puesto que parecía como si estuviera a punto de llorar.
—¿Amiga qué tienes?—acaricié su pelo con suavidad, veía a Em como la hermanita menor que jamás tuve—sabes que puedes confiar en mi, tus secretos están a salvo conmigo.
—Es que...—las lágrimas se deslizaron por sus mejillas lucían como perlas solitarias en su hermoso rostro de Luna—siempre me he sentido inferior a él. Además de que es hijo biológico de nuestros padres es mejor que yo en todos los sentidos: más listo, sacó dos maestrías y un doctorado en siete años, más atractivo tiene a cientos de mujeres detrás de él, más habil mira todo este imperio—ella agachó la cabeza—en cambio yo solo soy una niña tonta, una ricachona mimada e inútil.
—Eres buena persona y eso es más importante que todo: plata y belleza tienen muchos pero bondad en el corazón es un tesoro invaluable de algunos cuantos.
—Aww—ella me abrazo fuerte—ya entiendo porque Brandon está enamorado de ti—la pellizque a lo que soltó un gritito dramático.
Volví a casa extenuada, tenía que llevar a mis hijos a descansar y luego ordenar un poco, mis padres se habían dejado poseer por el espíritu de la vagancia y últimamente no hacían demasiado.
Al menos se encargaban de cocinar, a decir verdad las artes culinarias no eran lo mío, era torpe en demasía y aunque de vez en cuando me salía bien alguna receta no era un talento innato era algo que había aprendido con esfuerzo y dedicación.
Aunque yo sentía que a veces el esfuerzo puede vencer al talento claro está que el talento nunca podría vencer al dinero, Emily era la demostración de eso, era bella y adinerada las demás cualidades teniendo eso resultaban secundarias viviendo en un mundo tan superficial como este.
Estaba sacudiendo una repisa cuando repentinamente un pedacito de papel se delizo, dando círculos en forma de espiral hasta caer en mis pies. Lo tomé con manos temblorosas, estaba amarillento, se notaba que era viejo.
Casi me da un vuelco al corazón al notar la caligrafía en el papel: era la letra de Carl, mis ojos se aguaron al leerlo.
Para Serina(la chica más linda del mundo):
Estos días he estado pensando mucho en ti, no puedo dejar de recordar tus lindos ojos, son tan hermosos que me recuerdan a los atardeceres en la playa... Brillantes, vivos, llenos de gracia
Serina estoy enamorado de ti, como un tonto, eres mi preciosa y no puedo resistir tantos días sin verte sé que estas estudiando para los exámenes pero es difícil por eso te mando esta linda cartita con mi amigo Jona el viejo.
Te extraño mucho mucho, tanto que me cuesta respirar. Te amo, más de lo que imaginas y seguro menos de lo que mereces pero seré mejor para ti cada día. Prometo trabajar duro para ser mejor para ti, lindura.
Adiós amorcito
P.D: eres divina.
No pude evitar comenzar a llorar como loca, sentí el vacío de su pérdida tan tajante como el primer día. A veces olvidaba que se había ido para siempre, que la muerte era algo inexorable y que ya jamás habría un «nosotros» lo había perdido.
Recordaba bien cuando me había mandado esa carta, estábamos en la universidad, éramos tan jóvenes e inocentes... Nos amábamos con locura como si no hubiera un mañana, cuanta razón teníamos en eso.
Mi querido Carl, él había sido mi mundo entero, mi refugio, un complemento perfecto. Con él pase los días más dulces y apacibles de mi vida, no entendía como se atrevía a irse así... No entendía que yo lo amaba y sus hijos lo necesitaban. Entiendo que no fue su culpa pero el dolor de su ausencia es abrumador.
Estuve deprimida los siguientes días en el trabajo, haciendo mal las cosas, despistada como una tonta hasta que un día Brandon Kavan me citó a su oficina. Emily estaba allí, supuse que era mi fin en esa empresa.
—¿Qué pasa Serina?—cuestionó él sin indulgencia alguna—¿por qué estás trabajando tan mal?
—Porque estoy deprimida—contesté abiertamente—encontré una carta de mi esposo muerto de la época en que estábamos en la universidad y no he podido dejar de pensar en él, mi corazón sigue en duelo.