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1300 Words
Tuve que pasar por alto la hostilidad de la madre de Brandon y Emily, si quería conservar mi trabajo hacer comentarios punzocortantes no era en lo absoluto una buena idea. Para mi desgracia parecía que la mujer tenía algo en contra mío, no entendía porqué... Aunque lo más probable fuera por la relación que su hijo y yo tuvimos en el pasado pero debería darle igual porque al final no llegamos a nada no fue como si yo la mujer pobre e interesada se hubiera casado con su preciado retoño para robarle toda su fortuna mediante un divorcio tortuoso. Ahora que Emily era mi amiga la mujer debía pensar que yo era un hueso duro de roer que haría lo que fuera con tal de ser parte de la familia, al menos desde afuera daba esa vibra. Ella a mí no me agradaba en absoluto, tanto así que preferiría evitar ser parte de la familia Kavan con tal de no verle la cara en los almuerzos familiares, era demasiado incómodo que alguien te dedicara miradas de desprecio a diestra y siniestra. Por otra parte el humor de Brandon había empeorado(si: eso era posible) desde que su madre andaba por ahí, inmiscuida en sus asuntos, había descubierto que estaba presionando para forzar su unión con Lucille Clarisse mejor conocida como "Lucy". No entendía porqué esas mujeres de la alta alcurnia siempre tenían nombres tan rimbombantes y repetitivos, como si sus madres los hubieran sacado de la misma página web o revista. Estaba realizando unos informes sobre la productividad de la empresa del señor Kavan, actividad que no me correspondía pero que él pensó que sería buena idea ponerme a hacer para mantenerme alejada de su madre pero era a todas luces un mal plan: «¿qué sabe una antropologa social de numeritos y gráficos? No demasiado». Aún así hice mi mejor esfuerzo. En eso entro Emily, me detuve de hacer el trabajo de inmediato, ella siempre era la excusa perfecta para abstenerme de mis aburridas labores cotidianas. —Hola—saludó sonriente—parece que te tienen en penitencia para que no molestes a mamá—río, me agradaba bastante el sonido de sus carcajadas eran puras y cristalinas como el canto de un ave—que crueldad. —No tienes ni idea—musite, llevándome las manos a la cabeza—Brandon me asigna tareas sinsentido, bastante complejas a decir verdad con tal de que no moleste a la señora en cuestión... No entiendo porqué me detesta tanto. —Es evidente—Emily sonrió, con un pequeño gesto de burla instaurado en su semblante luminoso. —Para mí no lo es—contesté a la defensiva—es una mujer agria que me detesta por ser pobre. —No creo—ella ladeo la cabeza—no eres la única persona pobre que conoce sin embargo si eres la que peor le cae, no podemos ni mencionarte porque pierde la buena cordura, los nervios... Se altera como una demente. —Eso no tiene ningún sentido para mí, vamos Em... Admite que tu madre es una clasista sin miramientos. —Puede ser pero sé que en realidad te tiene tanto odio porque a Brandon le gustas—sentí que se me ponían los pelos de punta al escuchar esas palabras. —Le gustaba, querrás decir... Ya sabes... Antes cuando estábamos en el colegio. —Antes y ahora—se notaba en su cara que se estaba divirtiendo lo cual me molestó, era una descarada insoportable—es más que evidente. Brandon tiene gestos contigo que no tiene con nadie más, como tolerar tus chistes oscuros o ir a cenar a tu casa con tu sarta de mocosos locos. —Estás mal de la mente, amiga—negué en silencio—yo no le gusto, el odia a los niños y yo tengo tres, además me casé con otro hombre así que jamás perdonará el supuesto desprecio que eso significa para su ego de proto-macho, aunque si tú y tu madre lo piensan no me sorprende que la mujer este perdiendo la cabeza. —Tú fuiste muy importante para él, además se nota que amas sinceramente algo que Brandon no ha podido encontrar en nadie más mucho menos en la estúpida de Lucy; es evidente que solo presionan con la boda porque su padre está perdiendo muchos activos en su empresa y necesitan que mi hermano los salve. —Entiendo lo que dices, sin embargo por otra parte aunque yo amé sinceramente no fue así con él, solo éramos amigos me enamoré de alguien más y con él no tuve nada. —Hmm, es evidente que eres especial. —Los amigos son importantes también. —No para un hombre así, el jamás ha sido amigo de ninguna mujer, es despiadado en ese sentido... Arrasa con todo. Luego de la incómoda conversación con Emily volví a casa, me dolían los pies por tanto trajín y estaba un poco harta de charlas insulsas. Les dije a mis hijos que se alistaran para ir al super, acababan de pagar la quincena y se venía su paseo favorito de mitad de mes: ir de compras, mis padres también se alistaron arguyendo que no tenían nada que hacer encerrados en casa: «te acompañaremos para que nos compres una cerveza» los miré mal, a veces actuaban como si fueran unos adolescentes malamansados. Papá nos llevó en su camioneta, lo cual agradecí porque la billetera ya no saba para seguir gastando en servicios de transporte. Mis hijos se deslizaron por los pasillos como torbellinos mientras yo llevaba a la pequeña Cristina en el asiento del carrito, al menos a su corta edad no demostraba tener un temperamento tan irreverente como el de sus hermanos. Agarré algunos gustos innecesarios como salsa mostaza miel, crema depilatoria y papel higiénico extrasuave. Mis padres aparecieron con un six-pack y una botella de Whiskey, no dije nada, al menos habían agarrado del más barato. Nos dirigimos a pagar a las cajas, en la zona de auto-pago, prefería esas porque en caso de que no alcanzará podía decidir que productos no llevar. Estaba pasando los productos rápidamente mientras los niños giraban a mi alrededor como payasos en bicicleta cuando una voz fastidiosa me llegó desde mis espaldas: —Mírenla... Pobrecita seguro no le alcanza teniendo que mantener a esa enorme familia—la insidiosa madre de Emily y Brandon. —Si, que pena... Siempre que me topo a esta mujer de bajos recursos me da un gran pesar—y la famosa Lucy: la prometida del susodicho, al parecer la vieja estaba logrando su cometido. —¡¿Qué les pasa?!—las encaré, vi que allí también estaba él y Emily—deberían tener un poco más de respeto, con todo ese dinero me sorprende que tengan tan poco educación. —Tranquila—me confronto la señora—sé que desde que no pudiste enredar a Brandon la vida ha sido muy difícil para ti... Viuda y con tres hijos: que desgracia. —¿A usted qué le importa?—dije perdiendo los estribos—no se meta conmigo, soy capaz de romperle la nariz de un buen derechazo, asistí a una universidad pública no le tengo miedo ni al diablo—ella pelo los ojos del susto —No le tienes que hablar así a la señora—se intrometio Lucille—no es gentil. —¡Ustedes tampoco lo son con sus comentarios despreciables!, fuera de mi vista viejas insensatas. —Serina—la voz de Brandon interrumpió la discusión—ya pagué tus compras—la cara de su mamá se volvió pálida, se abalanzo sobre mí pero Brandon se interpuso provocando que con el choque ella quedará sentada sobre sus refinadas posaderas en duro y frío suelo del super.
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