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Tener a Emily de mi parte era como ser aliado de la URSS en la segunda guerra mundial, el jefe jamás se atrevería a atacar si ella estaba de mi parte y para desgracia de Brandon así era. No sabía si la chica en cuestión estaba enamorada de mí, solamente quería molestarlo o yo realmente le agradaba lo cierto es que la mayor parte del tiempo se la pasaba conmigo: conversando sobre cualquier tema que se nos viniera a la cabeza, chismeando como un par de sinvergüenzas y tomando descansos a deshoras, ella decía que me despreocupara que su hermano jamás se atrevería a despedirme mientras tuviera su favor lo cual era cierto. Brandon Kavan tenía una única debilidad en esta vida y esa era su hermanita adoptiva Emily Celestine Kavan. Aunque era una chica dulce, amable y gentil era también sin duda alguna la persona más mimada, consentida e incluso caprichosa que había conocido en mi vida. Su hermano mayor le daba todo lo que pedía, sin importar que tan absurdo o innecesario fuera. La habían llevado a Disneylandia más de una docena de veces cuando era niña, tuvo una colección de más de mil muñecas de todos los estilos habidos y por haber, en la adolescencia adquiría los celulares más nuevos incluso antes de que salieran a la venta, conocía decenas de paraísos turísticos. Aún con todo eso decía que estaba aburrida, que no le hallaba sentido a la vida, que se sentía vacía por dentro... Yo le había contestado que tal vez le hacía falta un poco de trabajo duro para aprender a valorar las cosas, que así sabría lo que cuestan y dejaría de ser tan quejicas. Emily estaba enferma, tenía un problema congénito en los riñones, era débil y su hermano lo sabía bien por eso la cuidaba tanto. Desde niña recibió múltiples tratamientos a los que la gente común no tendría acceso ni soñando sin embargo hay cosas que ni el dinero puede comprar y la salud era una de ellas. Mi nueva amiga disfrutaba de contarme chisme sobre la vida de su hermano mayor, ya me había enterado de muchas de sus andanzas: era todo un diablo, un bandido, un fugitivo de amores... Me comentó que hubo algún momento de su vida en el que cada noche salía con una chica diferente. Yo no me sorprendí ni un poco, si yo tuviera esa cantidad de dinero quizás hiciera lo mismo. —Al final un cerebro hueco no sabe en que gastar la plata—le comenté luego de que me contará otro chisme sobre las amantes del señor Kavan—y que mejor opción que culos y alcohol. —Si, supongo que es mejor retozar con una persona distinta cada noche que viajar por el mundo o no sé... Ver una serie—me reí, me agradaba muchísimo su humor ácido. —Si, al menos no debe esforzarse así que no debes preocuparte de que sea un incel eso sería muchísimo peor. —Aunque si me preocupó de alguna ITS, jamás usaría un paño que pasó por sus nalgas. —Créeme que yo tampoco—me carcajee—ahora hasta me da un poco de miedo estrecharle la mano. Repentinamente la puerta se abrió y una voz furibunda nos enfrentó sin miramientos: —Dejen de ser tan descaradas—Brandon apareció en escena—no puedo creer que hablen así de mí cuando no estoy. —Tranquilo—contesté sonriendo—también podemos hablar mal de ti en tu presencia, sabes que eso jamás sería un problema—él me fulminó con la mirada, seguramente ya no me tenía paciencia. —Acompáñenme—comentó—vino mamá de visita. Lo seguimos en silencio, yo no tenía ganas de ir pues la verdad era que tenía pésimos recuerdos de esa señora, siempre había sido una canalla conmigo... Nos vimos pocas veces pero aprovechó todas y cada una de esas ocasiones para burlarse de mí. Era demasiado despiadada, tenía una lengua filosa, viperina como la de una culebra venenosa. Al entrar a la oficina del señor Kavan su madre nos esperaba con una sonrisa falsa como la de una muñeca de porcelana. Lucía un rubio platinado perfectamente peinado hacia atrás, su ropa blanca impoluta y su collar de diamantes gritaban elegancia, ostentosidad y clase. Me miro de arriba a abajo, analizandome detenidamente con esa mirada grisacea tan parecida a la de su hijo, luego con una sonrisa tensa habló. —¿Está no es la mujerzuela qué te gustaba cuando eras un muchacho?—preguntó ella con voz tremula, sentí que se me caía el alma a los pies y de inmediato mis mejillas enrojecieron violentamente. —¡¿Serina te gustaba?!—chilló Emily enardecida e impresionada—no lo puedo creer, no entiendo porqué no me lo dijste. —No es de tu incumbencia—gruñó Brandon. —Además eso forma parte del pasado—irrumpí estresada—ambos seguimos con nuestras vidas, yo me casé con otro hombre y formé una familia... Brandon conoció a otras mujeres, no es algo relevante de lo que tengamos que hablar—sus ojos estaban clavados en mí, parecía molesto y yo no entendía porqué si lo estaba defendiendo. —Me alegro—comentó su madre—nunca fuiste suficiente para él, eras una miserable, se notaba a leguas que eras de clase baja... Hubiera sido una vergüenza para esta familia. —Bueno, no es algo que tuvo que soportar ni de lo que tenemos que seguir escarbando—volví a interrumpir. —Aunque ahora que el esposo de Serina esta muerto quizás exista alguna posibilidad—miré a Emily con cara de pocos amigos—siento que harían buena pareja, la verdad es que mamá siempre ha sido demasiado clasista pero el dinero no debería interponerse en los asuntos del corazón. —¡Tendrían que pasar sobre mi c*****r!—exclamó la mujer histérica—sería terrible que mi hijo se juntara con una viuda con hijos, creo que de solo pensarlo podría darme un infarto—dijo mientras se llevaba la mano al lado izquierdo del pecho. —No se preocupé doña, eso no pasará—le puse una mano en el hombro—Brandon odia a los niños y a mis hijos el no les agrada. —¿Cómo qué no les agrado?—dijo él, frunciendo el entrecejo. —No sé—contesté dubitativa—pero no les caes muy bien que digamos. —Aléjate de mi niño—dijo ella viéndome a los ojos con una intensidad avasalladora. —No tema mi señora, no lo tocaría ni con un cable pelado.
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