Emily se convirtió en mi amiga de un día para otro, era una chica sumamente agradable que amaba escuchar mis chistes lo cual para mí era un milagro porque a decir verdad yo los consideraba demasiado malos. Al menos el trabajo era más llevadero, cuando Brandon me veía cerca de ella no se atrevía a hacerme ningún aspaviento y yo lo confieso: la usaba como escudo humano, los exabruptos del jefe le pondrían los pelos de punta a cualquier persona. De todos modos me agradaba, no solamente porque ante su presencia el señor Kavan jamás se atrevía a levantar la voz ni a actuar como un cretino sino también por su forma de ser: delicada, agradable, dulce, gentil y bondadosa. Así que después de unos días de conversación ya se podría decir que habíamos establecido un vínculo real e inquebrantable.

