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1181 Words
El jefe estuvo de mal humor a partir de ese día, no quería conversar conmigo ni verme así que me había mandado a apoyar otro departamento en el mismo piso. La verdad es que me alegre, aunque él no me desagradaba(del todo) a veces era insoportable. Se creía superior al resto, era evidente que era ese tipo de personas que pocas veces admiten estar equivocadas. El éxito le había llegado siendo demasiado joven y de esa nube nadie lo había bajado, actuaba como si fuera un dios. Brandon Kavan no solamente pensaba que era mejor que el resto por su buen estatus socio-económico sino también por su "intachable" moral, lo cual para mí era bastante dudoso. La ética de aquel hombre era un poco gris, no era en definitiva una blanca paloma que jamás se deja llevar por sus deseos impuros, de hecho el sujeto siempre se dejaba llevar por sus deseos oscuros, andaba por ahí pecando de forma sinvergüenza. No era un empresario incuestionable sino un adultero a luces. Tampoco lo detestaba, me agradaba su inteligencia y capacidad de entendimiento pero eso no significaba que omitiera sus desperfectos, lo cual mucha gente parecía hacer con tal de mantener su favor... Si me despedían: ¿qué mas daba? luego encontraría otro trabajo mejor. Un recuerdo vino a mi mente: Brandon y yo sentados sobre un mantel de pick-nik de cuadrados blancos y rojos. En una hermosa tarde de verano... Una de las veces que me confesó los sentimientos que tenía por mí en esa época, que por suerte habían cambiado con el tiempo. —Serina me gustas—dijo el joven Brandon de ese entonces mirándome a los ojos con ternura—me gustaría tener algo contigo. —Sabes que no puede ser—contesté preocupada—tu madre me odia, sabe que no combino en la ecuación de tu vida, no quiero arruinar lo que ya es perfecto. —No, mi vida no lo es... Es realmente aburrida, tú me llenas de luz y color los días. Las charlas contigo son amenas, divertidas, agradables además tú me tratas muy bien; tu actitud conmigo es genuina. Nadie me ha tratado como tú lo haces, siento que puedo mostrarte mi verdadera personalidad, me das seguridad. —Gracias por tus palabras pero no puedo aceptar—murmuré triste, tenía miedo de no cumplir con sus estándares y los de su familia, no quería dañar esa imagen que el representaba ante el mundo, además de que no soportaba las múltiples formas en las que me inferiorizaba. —¿Entonces quieres ser misarable toda tu puta vida?—chilló, allí estaba de nuevo aquel adolescente cruel, malamansado y temperamental—una pobre pueblerina sin aspiraciones, conmigo lo tendrías todo—lo miré mal. —¡Pues no quiero nada de las cosas materiales que tu puedas darme!—lo encaré, mientras me ponía de pie—no son suficientes para mí. Ni todo el oro del mundo lo será—gruñí—mi corazón no está en venta. Recuerdo que me fui llorando a la casa, una parte de mi lo quería: claro que que si... Era un chico sumamente atractivo, con muchísimo dinero, inteligencia y carisma pero a la vez era malvado, déspota e insensible. No quería amar a alguien que me humillaba para tenerme. Mi esposo jamás fue así, era el hombre más dulce y bueno del mundo. Siempre fue respetuoso conmigo, me valoraba, alababa mi inteligencia y viceversa. Ambos nos profesabamos un profundo afecto, lo amé tanto que llegué a enloquecer cuando lo perdí. Más que cariño él era plenitud, en sus brazos siempre me sentí segura. Para mí tener la oportunidad de haber compartido mi vida con él era un verdadero gusto y nunca me cansaría de repetirlo, quienes amamos de verdad no nos arrpentimos aún cuando haya dolor, se honra lo vivido. En esos días hubo un alboroto en la empresa, todo el mundo estaba como loco, decían que estaba a punto de llegar: «la mujer más importante en la vida de Brandon Kavan», «la luz de sus ojos», «su pilar fundamental», «su amor más puro y real» me pregunté de quién se trataría. Supuse que habían pocas opciones puesto que aquel hombre era aborrecible en ese aspecto, quizás su madre aunque yo no recordaba que se llevarán tan bien pero eso es normal en la adolescencia. Quizás alguna otra persona m*****o de su familia. También podría ser que se tratara de su amante favorita, aunque me sorprendería a decir verdad, o a lo mejor la mujer que le quito la virginidad en dado momento. Igualmente el susodicho también había estado en un estado bastante voluble así que parecía que realmente era alguien importante, me alegre de que no fuera un completo energúmeno, no me agradaba nada esa versión tan altanera que mostraba últimamente. En la tarde apareció la famosa mujer: era hermosa sí pero no parecía alguien con quien el tal Brandon saliera. El se veía, y yo había notado que era un hombre sumamente superficial. Andaba rodeado de modelos con cuerpos espectaculares y rostros preciosos. Ella era en cambio era sutil, como un soplo de viento,parecía incluso eterea como si todos allí fuéramos demasiado mundanos. Su cabello era largo, castaño oscuro y brillante, sus ojos verdes, su rostro pequeño y ovalado. Vestía de blanco, sonreía apacible y parecía un ángel caído del cielo. De inmediato decidí que ella me caía bien, se veía como una persona con la que se podría tener una linda amistad así que decidí que apenas pudiera le hablaría un poco para iniciar a forjar los lazos. Ese momento llegó antes de lo esperado pues ella llegó de imprevisto a donde yo estaba sacando unas copias, sus ojos estaban enrojecidos como si hubiera estado llorando, estaba palida y algo temblorosa. —¿Qué te pasó?—dije acercándome a ella y colocando una mano sobre su hombro para consolarla—puedes contarme, tus secretos estarán a salvo conmigo. —Escuché a algunas asistentes de Brandon hablar mal de mí, diciendo que porqué me traía aquí si yo estaba enferma, qué debería avergonzarse de presentarme en su empresa. —¡Que tontería!—contesté sulfurandome de inmediato—¿por qué habrían de prohibirle la entrada a alguien por eso?,¿acaso no tienes libertad de tránsito por tus condiciones físicas?, ¡Pff, no! Tu puedes ir a donde te plazca, deberías decirme para hablar con él: una empresa como esta no puede permitirse ese tipo de discriminaciones. —Si, también dicen que soy demasiado fea comparada con él. —¡Que ridiculez!—volví a alterarme!—eres bellísima, Brandon es solo un prototipo hegemonico pero existen muchas clases de atractivos. Tú eres sin duda una mujer impresionante, de verdad eres muy hermosa. —Gracias, tu también eres una preciosidad. —Aww—me enternecí—no creo pero mil gracias. —¡Claro que si!—dictamino—eres de las chicas más hermosas de este lugar, ¿Brandon no se te ha insinuado?, siempre le han gustado pelirrojas. —Por suerte no.
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