—Lo siento mucho—murmuré mordiéndome el labio, acababa de despotricar cínicamente contra aquel evento frente a la organizadora—no era mi intención ofenderla, se me salió el alma de protestante de cuando era una jovencilla revoltosa en la facultad de Ciencias Sociales. —¿Crées que me ofendes?—ella frunció el ceño sorprendida, luego arrugó la nariz en una especie de sonrisa encantadora y tierna—eres la única persona real de todo este mierdero. —Oye—me carcajee–mi jefe está aquí, se le volaría la peluca si supiera que es parte de la bazofia de la alta sociedad. —Bueno, no podemos decir que no lo sea... Probablemente es igual de hipócrita que el resto—ella ladeo la cabeza y suspiro—pero tú te ves enteramente distinta, por eso me acerqué a hablarte... Tenías una vibra destacable, te vi ahí

