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1046 Words
Brandon enloqueció por completo, su ánimo había caído en picada y estaba irritable a más no poder: gritaba y pataleaba por todo como un niño berrinchoso, se parecía bastante a su madre en ese aspecto también trataba mal a las personas sin una verdadera razón. Su hermana y yo nos escabullíamos de él todo el tiempo, sin duda alguna lo mejor que podíamos hacer por nuestro propio bienestar era evitarlo en todo lo posible, en mi caso al ser su subordinada se me dificultaba un poco poner distancia entre los dos pero era lo más sano. Sino la mejor opción que tenía a la mano era ignorarlo, no decir nada ante sus aspavientos y cambios de humor porque cualquier frase por inocente que fuera podía desatar el caos total. Me sorprendía que un hombre supuestamente tan "frío" y "calculador" como él perdiera los estribos de esta manera por un condón roto. Bueno, entendía que había sido que el método de Lucy había fallado y eso desconcierta a cualquiera pero el tenía el suficiente dinero como para deshacerse de cualquier responsabilidad vinculada a la crianza... Él y su prometida podían pagar cientos de niñeras si querían deslindarse de sus responsabilidades, no tendrían que lidiar con la dureza que lleva consigo traer niños al mundo siendo de clase media o baja. A mí me gustaba muchísimo ser mamá, era algo apasionante y entretenido para mí personalmente sin embargo podía entender que no todas las personas pensáramos de esa manera; la maternidad conlleva consigo sacrificios, dolor y complicaciones, no era una tarea sencilla pero a pesar de eso yo trataba de cumplirla con la mayor devoción posible. Había entendido que cuando amas a alguien algo la carga de la obligación disminuye un poco el peso, porque el amor da fuerza para todo... Da fuerza para parir aún cuando dolor te hace pensar que vas a abandonar este mundo, da fuerza para amamantar aún cuando lo más que duermes son cinco minutos seguidos y da fuerzas para cuidar porque simplemente sabes que lo vale. Amaba a mis hijos con una profunda devoción y también defendía el hecho de que no es el fin de una mujer ser madre y procrear, sabía que éramos mucho más que máquinas reproductivas, aunque muchas veces la sociedad nos orillara a eso. Si quieres trabajar no puedes maternar y viceversa, tu valor como mujer se reduce a darle nuevos productos al sistema capitalista. Emily me invitó a almorzar, acepté sin más porque ese día su hermano se había comportado peor que el abominable hombre de las nieves, me daba miedo ese tipo, era demasiado irascible y necio. Fuimos a un hermoso restaurante ubicado en la azotea de un edificio que tenía vistas a toda la ciudad la cual lucía bastante agradable en aquella hermosa tarde de verano, Emily había reservado una mesa en el balcón, se veía bastante desconcertada con toda la situación que estaba pasando con Brandon. —Lo del embarazo de Lucy me tiene sumamente estresada—comentó sin más, yo solo la miré en silencio sin entender el problema que suponía que una pareja de prometidos multimillonarios fuera a tener un bebé—siento que es todo una estrategia de su parte. —¿Enserio?—contesté sorprendida, no me esperaba algo así de la chica pues aunque era una clasista de primera parecía bastante noble, sentía que lo que sucedía era que la habían criado de una forma sumamente cerrada con respecto al resto del mundo fuera de su burbuja de privilegios—creí que de este lado del mundo no utilizaban los embarazos como un truco para amarrar a un hombre. —Bueno justo su familia acaba de caer en desgracia—hizo una mueca de profundo desagrado—el padre de Lucille perdió millones de dólares en acciones hace un tiempo, poco después unos socios inversionistas lo estafaron con un mega-proyecto... Parece que las desgracias persiguen al pobre Tonyorqueto. —¿Al qué?—pregunté intentando no estallar en risas. —Tonyorqueto—sonrió—así es como se llama el papá de Lucy—la miré con un gesto de entre gracia y sorpresa plasmado en el rostro—también tiene un hermano que se llama Bamasas y otro llamado Bumases—estaba a punto de ahogarme con el agua, sentía que mi amiga me estaba tomando el pelo con aquellos nombres tan absurdos. —Ay no—contesté—nunca había esuchado de nombres tan extraños, la verdad es que son muy raros... Sin ofener a los susodichos. —Pues si. Es sorprendente, también el hermano de Lucille Clarisse se llama Turny Enises—reí sin poder evitarlo, estuve carcajeandome como loca durante unos diez minutos—yo también me cagué de risa cuando lo descubrí pero eso no es lo que importa ahora sino el hecho de que en esta situación tan deplorable en la que esta el hombre en cuestión es en la que más ha presionando para que su hija se case con mi hermano, como si fuera una alianza de la época antigua que puede salvar al señor feudal de la banca rota, a mí en lo personal me parece una tontería pero bueno... Puede ser una buena estrategia... Y ahora el embarazo, no sé—negó en silencio—siento que hay gato encerrado. —Puede ser—estuve de acuerdo con su planteamiento—¿piensas que ella olvidó su método anticonceptivo deliberadamente?—pregunté, la curiosidad ya me había entrado. —Si—respondió Emily de forma contundente—estoy casi segura. —Bueno pero tampoco será el fin para tu querido Brandon—sonreí aprensiva—él tiene el suficiente dinero, un hijo no deseado y un matrimonio arreglado no lo destruirán sino que lo harán más fuerte, templaran su carácter porque es demasiado volátil. —Hmm—dijo con cara de pocos amigos—eso me da un poco igual, sinceramente lo que me acongoja es que yo quería que Brandon estuviera contigo y adoptara a tus niños—escupí el agua por la sorpresa. —Estas mal de la mente—dije acariciandole la cabeza como si fuera una niñita—eso jamás sucederá, tu hermano me es demasiado desagradable y sé que yo a él también.
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