Ethan pasó toda la tarde rodeado por el sonido incesante de las batidoras, del calor del horno y del olor de la crema batida, la frutilla y el chocolate. Ayudaba en lo que podía, colocando capacillos en la bandejas, sacando pastelillos del refrigerador para que fueran decorados o limpiando la mesa del cocinero mientras él trabajaba en otra antes de que regresara a esa para atender un postre diferente. Salía a toda velocidad a comprar lo que hiciera falta, o atendía las constantes llamadas del cliente que no paraba de hacer exigencias adicionales. Algunos de los organizadores de la fiesta de San Valentín eran amigos de la organizadora de la despedida de soltera y la chica, avergonzada por lo que había hecho la noche anterior, luego de ir en persona a la cafetería y disculparse con él y ent

