Beso - 1
Mi vida es una constante de malas decisiones y eventos muy desafortunados. Cualquier persona que me reconociera a simple vista, podría decir que tal vez estoy llena de mala suerte y no estaría equivocándose con esa afirmación.
Pero hay un evento que siempre está repitiéndose y, aunque conozco muy bien el resultado, termino accediendo. Más que todo por la voluntad de mi mejor amiga. Yo también me divierto, no digo que no, pero sin importar que, termino viviendo la misma situación cada fin de semana.
De todo nuestro grupo de amigas, soy de esas, la típica que nunca puede tomar en las discotecas o en las reuniones. Y realmente no es porque no quiera, porque si quiero, o porque no pueda, porque si puedo o porque mis papás son un caso estricto, cosa que no lo son en este tipo de cosas.
Es más bien que mi cuerpo es muy intolerante al alcohol, por lo que después de unos cuantos tragos, ya estoy presentando problemas para respirar y con una piel completamente enrojecida y con picazón por toda parte. Después de todo, eso no termina siendo muy atractivo en una discoteca si quiero conquistar a algún chico, ¿verdad?
Y no termina siendo solo eso, además soy en gran porcentaje alérgica a la cebada. ¿Me lo quieres explicar?, no muy a gusto siendo intolerante al alcohol, soy hipersensible de manera negativa a uno de los componentes.
Eso es, sin duda alguna, una señal del universo gritándome fuertemente: “¡No puedes ingerir alcohol!”
Así es como obtienes este resultado: una chica crespa con el cabello tinturado de morado cargando a su típica amiga rubia, que mucha gente pensara que ella es quien se preocupa por todo el tema de maquillaje, vestirse a la moda, lo que se le conocería en Japón como una Gal, pero no es así, ese título me lo termino robando yo.
Pero tampoco de una forma tan exagerada. Me gusta vestir bien, sin importar que siempre termine vuelta una nada cuando salgo con todo mi grupo de amigas.
- ¿ya estamos por llegar?
La voz borracha de mi amiga me producía cierta risa. Ver la forma tan particular en la que se engancha de mi cuello para no irse a caer y su vista pegada al pavimento, que no era para no caerse, sino porque no podía sostener la mirada al frente. Total, ya estaba completamente acostumbrada a esta situación.
- Faltan muy pocas cuadras, Anais.
Estar en esta nueva ciudad me proporcionaba una gran confianza. Por ejemplo, a pesar de ser las cuatro de la mañana, las calles siguen muy bien iluminadas y los edificios están llenos de luces. Este lugar es muy conocido por su vida nocturna.
Hace poco menos de un año que mis padres decidieron venirse a vivir a Londres. Fue por muchas situaciones que abandonamos, bueno, decir la palabra “abandonar”, quizás sea algo muy drástico. Pero, el caso, que mis padres tomaron la decisión por vivir en esta gran ciudad de Londres.
Y aunque pueda parecer que ha sido muy poco el tiempo que hemos estado viviendo en esta enorme ciudad, junto con Anais, hemos aprendido a ubicarnos muy rápidamente.
Algo que me deja completamente atónita es la seguridad en las calles. En nuestro antiguo país estar caminando por esta cera a estas altas horas de la madrugada sería algo imposible. Ya nos habrían robado, o peor aún, un carro se estaría acercando hasta nosotras para luego deshacernos.
Es por eso que no lamento de nada habernos mudado al otro lado del mundo, ciertamente extraño de vez en cuando las antiguas calles de mi ciudad, pero son recuerdos efímeros que no me ponen tan nostálgica, después de todo, tengo a mi mejor amiga conmigo.
- Ally, creo que voy a…
Rápidamente se zafo de mi cuello para no irme a vomitar encima. Algo que agradezco que siempre haga y que me sorprende sea capaz de hacer, debido a su alto estado de ebriedad. Resulta muy curioso, pues no es capaz de caminar por si misma, pero para sostenerse y expulsar de su interior todo lo que ingirió como si fuese agua si era muy buena.
Solo me quedaba acercarme hasta ella y levantar su cabello. Perfectamente liso, aunque también tinturado como el mío y su fragancia… siempre le he preguntado por el shampoo que utiliza, pero me responde con un, “es un secreto que me enseño mi abuela”
- ¿cómo fue que llegamos hasta este punto? –preguntaba Anais en medio de su vomito.
Y claramente lo recuerdo muy bien.
*Antes de que el sol se escondiera en un lugar recóndito en las lejanías de nuestra existencia, para darle paso a su hermana la luna para brindarnos luz en una oscuridad que llamamos noche.
- ¡anímate!, hace mucho que no vamos a una discoteca.
- No lo sé, Anais, ¿qué me asegura que no vamos a terminar como siempre lo hacemos?
- Porque esta vez irán más de nuestras amigas, no estaremos solas. –Su cara de pucheros que trataban fuertemente de convencerme, no me llenaba de mucha seguridad. Me la conozco-. Eso hará que el alcohol tenga que ser repartido entre más chicas y no tendré tanto para mí como termina siendo habitual.
- Eres una toma trago sin remedio –dije entre mis pensamientos-. ¿Quiénes van a ir?
- Van a estar Chloe… -alzaba la mirada como quien tratara de recordar sus nombres y al mismo tiempo sus rostros-. Estará Sophie, Mia.
Mientras ella seguía contando imaginariamente a personas que ni siquiera estaba nombrando, iba pensando en que podría ponerme esa noche si aceptaba ir, pero fue capaz de sacarme de mi ensimismamiento con un solo nombre.
- También estará Oliver.
- ¿Oliver? –replique su nombre como una tonta.
- Sí, sí –exclamo con unos brillitos en sus ojos casi cegadores-. Mira.
Encendió su móvil, que sujetaba con la otra mano y entro de una forma muy ágil al grupo de chat que tenían entre todos nuestros amigos. Ahí estaba su mensaje, que acababa de llegar, confirmando su asistencia a la discoteca.
- ¿yo por qué no estoy en ese grupo? –levante la ceja de una forma inquisidora.
- Quizás porque no te gusta estar en los grupos, Ally.
- Pues, ¡quiero que me metas a ese de una buena vez!
- ¿entonces si vas a ir?
Su risa de pícara delataba todo su plan maestro para hacerme caer en la trampa. Ella sabía a la perfección que ese chico me atraía y llevábamos unos buenos avances en nuestra relación, sin llegar hacer nada oficial, algo simplemente pasajero por el momento.
Todas ellas fueron las primeras personas con las que interactuamos al ingresar al nuevo colegio para terminar nuestro último año y podernos graduar. Obviamente él tenía que estar entre todas ellas, como su amigo, pero no fue sino hasta medio año después que por arte de magia comenzó a llamar mi atención.
- No veo porque no pueda ir. Van a estar todas nuestras amigas del colegio y hace rato que no salimos para algún lado.
- ¡Esa es mi amiga! –sus gritos solo hicieron que sonriera. Había caído redondito en su trampa.
- Pero quiero que me incluyas en el grupo de chat, no se vale que me excluyan de esa forma.
- ¡como ordenes!
Y no demoro nada en ingresarme al grupo. Todas se sorprendieron al verme, no era algo muy habitual que yo estuviese en este tipo de cosas, soy más bien, alguien que no le gusta estar conectada a las r************* por mucho tiempo. Termino siendo más de contacto físico.
El sol ya tenía unas ganas de ocultarse tras el horizonte, no sin antes adornar mi habitación con una tonalidad anaranjada.
Vivíamos en un apartamento, en el cuarto piso y mi habitación quedaba viendo hacía la calle principal. Una de las cosas que amo de estar aquí es como quedo decorada toda la casa. Algo pequeña, puede ser, a comparación de nuestra casa donde vivíamos antes, pero lo compensaba la altura.
Las vistas que te brinda aquello son indescriptibles.
Anais y yo nos animamos por los rayos de luz que se colaban por mi gran ventanal. Sí, eso fue lo primero que hice instalar en cuando nos pasamos a este edificio y gracias a eso, todas las tardes mi cuarto se adornaba con el color anaranjado del sol.
Pasamos el resto del tiempo tratando de elegir que podríamos ponernos. Anais no dejaba de repetir que su intención era conquistar a unos cuantos hombres esa noche, con la excusa que hace mucho, pero que mucho, pero muchísimo tiempo no sentía lo que eran unos labios sobre los suyos.
Por mi parte, quería sorprender a Oliver, así que opte por mi vestido vino tinto que deja al descubierto toda mi espalda. Nunca me lo había llegado a ver, por lo que sería una sorpresa muy grata para él verme vestida así.
¿hace cuánto no me veía con él?, creería recordar que fue hace dos semanas, en nuestra última reunión, pero más de ahí, nuestras conversaciones no han sido tan constantes, pero lo he tratado. Por lo menos.
Y vestirme con ese vestido si que sería una mala decisión. Piernas descubiertas. Espalda descubierta. Caminando en plena madrugada en la ciudad de Londres. El frío estaba por acabarme viva, jamás debí haberme confiado tanto de Anais.
Por su parte, ella iba vestida con unos mom jeans que resaltaban muy bien sus vistas traseras y vaya que si las hacía ver mucho más prominentes y una blusa que le dejaba descubierta una parte de su hermoso y plano abdomen.
Su cuerpo era la envidia de todas las chicas.
- Así que en realidad vas en serio.
- Ya te lo dije, esta noche quiero conquistarme a unos cuantos chicos. –Su actitud y confianza en si misma era encantadora. Es que esta muchacha termina siendo la cúspide de la belleza femenina.
- ¿qué conjunto de ropa interior crees que me quede mejor? -no me sorprendía con su pregunta, por lo contrario, estaba expectante por ver cuales tenía pensado para esta noche.
Desapareció un momento al cruzar la puerta del baño. Solo tuve que esperar unos cuantos segundos para volverla a ver. Esta vez con un cuerpo más libre y con una suavidad que se asemejaría al de las nubes.
He tenido de ver su cuerpo en ropa interior en múltiples ocasiones. Me dejaba sin aliento, más que sin palabras y creería que a más de un hombre lo debía de haber dejado babeando sobre el suelo.
La silueta de su cintura era marcada, como las curvas de una guitarra. Sí, moviéndose tan sutilmente, como cuando las hojas caen del árbol, pero continúan siendo maravillosas. Así es ella.
- ¿y bien?
Me había concentrado tan a fondo por admirar su abdomen, como era el camino que debía de recorrer, sin importar cual dirección tomaras, para que terminaras pecando.
- ¿me estas prestando atención por lo menos?
Sus zonas más erógenas eran cubiertas por una tela de mallas. Lencería. Algo que nunca faltaría en ella. EL color n***o siempre hacía relucir sus senos, de eso ya no me quedaba duda alguna y con ese bralette… me podría imaginar lo suave que se sentirían al tacto.
Pero el n***o, en esta noche, no podría ser una buena elección. Tras un largo rato reflexionando, o más bien, absorta de como Anais se paseaba de un lado a otro por mi habitación modelándome su ropa interior, declare:
- El color nuez te combina mucho más con tu outfit.
- ¡esa es una buena elección! –parecía como si hubiera estado esperando mi decisión desde hace mucho tiempo-. Sé que siempre voy a poder confiar en ti.
Para cuando volvió aparecer frente a mí con un brassier de color nuez y unos panties del mismo color, confirme mis sospechas. Efectivamente, se veía de lo más preciosa con ese color en su ropa interior, pero prefería mucho más que usara bralette a que usara esas cosas asesina senos.
Cuando llego la hora de la partida, la luna ya alcanzaba su punto más alto. 10 pm. Mis padres ni siquiera y ni para mi sorpresa, estaban en la casa. Ellos también están en todo su derecho de continuar haciendo su vida y divertirse. Tal vez la noche es la única vez en la que no los veo tan serios, porque en el resto del día si que termina siendo todo un dilema.
Pedimos un Uber, como era habitual hacerlo cada vez que salimos. Pero eso estaría por cambiar muy pronto, entre las dos ya estábamos ahorrando para comprarnos nuestro propio carro. ¿es más que evidente decir quien lo tendría que conducir, cierto?
No tuvimos que esperar más de 20 minutos en lo que pedíamos el carro y en lo que llegábamos a la discoteca. Ya estábamos comenzando a recibir los mensajes de las demás chicas preguntándonos por donde íbamos. Algo característica de las dos es que siempre terminamos llegando tarde a las reuniones.
En la entrada no había ni un solo alma, aparte de los guardas de seguridad en la entrada y en el estacionamiento. Todo era muy habitual, pero en el aire ya se sentía ese olor que te dice: adentro sucederán cosas de las cuales o te puedas arrepentir o quieras volver a vivir.
O eso fue lo que me dijeron la primera vez que pise una discoteca, o mejor dicho, la vida nocturna. O haces cosas que luego te harán arrepentir, o cosas que te harán querer volver a repetir el momento.
Pagamos nuestra entrada a la disco. El pasillo parecía de gala. Un suelo de cristal y unas paredes refinadas, estructurada de cierta manera que; a medida que vas avanzando vas sintiendo con mucha más fuerza el “BOMM” de la música.
Tu cuerpo comenzaba a llenarse de esa adrenalina, que estaría disponible para ti en el resto de la noche. Y Cuando la cruzas la puerta al final del túnel y entras por fin a la verdadera discoteca, sientes una descarga de euforia por todo el cuerpo.
¡A disfrutar se ha dicho!
Los cuerpos ya iban moviéndose al ritmo de las canciones, se podía sentir esa vibra entre la música y las personas que fueron a disfrutar.
Bailábamos de una manera muy particular, a diferencia de las personas que son originarias de Londres, pero en vez de esperar una burla por parte de ellos, se pegaban a nuestro ritmo y sus ojos no se despegaban de nuestra belleza.
Recorrimos toda la discoteca bailando, Anais, claramente, no perdía el tiempo para coquetear con su lenguaje corporal con otros chicos. Sus hormonas estaban por los cielos. Y hasta que por fin logramos encontrar el lugar donde se habían hecho nuestras amigas y ahí estaba él.
Algo alejado de la pista, pero eso era lo de menos. Habíamos pasado como mínimo unos treinta minutos dando vueltas por toda la disco hasta poderlos encontrar.
- ¡como están de guapas! –A Chloe nunca se le escapaba una oportunidad para elogiar nuestros atuendos. Ella es siempre la chica que levanta nuestra autoestima cuando más por los suelos esta. Todas la adoramos.
Entre luces de neón que iluminaba todo el lugar, un humo que salía por debajo de las mesas y un ambiente lleno de personas dispuestas a bailar y hacer, literalmente, lo que fuera, no fue difícil para mí dirigirme hasta Oliver.
- Tiempo sin verte, Oli.
- Es un placer para mis ojos que nos podamos volver a ver –confeso, esperando que me sonrojara. Pero nunca, en todo lo que llevábamos hablando, conseguía sonrojarme. Sí, sus comentarios eran lindos, pero no llegaban si quiera a ponerme nerviosa.
Hablábamos entre gritos, pues la música cada vez subía mucho más la intensidad.
- Las estábamos esperando para pedir el trago –grito Mia, abrazándonos a ambas por la cintura.
- Por lo menos déjenme divertirme –bromee-. Todavía no quiero ponerme modo niñera.
Todas rieron al unísono y me dedicaron una mirada de complicidad. Sophie, quien se podría decir que es la más calmada de todas, pero la que más termina por descontrolarse cuando toma una sola gota de alcohol, se dirigió hasta mí para susurrarme suavemente al oído:
- Te dejaremos a solas con Oliver. Hoy no tendrás que cuidarnos.
Su comentario hizo que en realidad me pusiera nerviosa. Pero no era por el hecho de saber que podría estar a solas con el chico, sino más bien por la proximidad de su aliento tocar la punta de mi oreja. Eso me hacía hasta temblar.
Pero al final termine accediendo.
Todas comenzaron a poner para el trago y bueno, yo, simplemente ponía para que pudieran comprar una jarra de limonada que al final terminaba por tomármela yo y es por esa pequeña razón la cual ellas terminan tan borrachas.
En cuanto trajeron la primera ronda de alcohol, cada una tomo un shot. Más de uno, casi hasta cuatro, del tirón. Iban a por todas.
No tardamos en dirigirnos a la pista central. Eso de estar bailando entre las mesas sin tener el contacto de algún desconocido no era como mucho nuestro estilo. Sí, yo ahí me incluyo.
Nos fuimos bailando hasta llegar a la pista principal. Por el camino se nos desapareció Sophia, una experta encantadora de chicas, ella si sabía como conquistar a una dama.
Fue solo un parpadeo cuando a mi alrededor, aparte de la gente desconocida, solo tenía a Oliver. Esas pequeñas, pero diabólicas palabras declarantes de Sophia eran verdad; nos dejarían solos durante toda la noche.
Y a ver que cosas podrían salir de aquí.
Era una canción bastante movida la que sonaba por las bocinas de la disco y no me di en que momento Oliver paso de estar al frente mío a admirar toda mi espalda descubierta. No me incomodaba, después de todo, ese era mi objetivo.
- Tienes una espalda muy bonita. –Nosotros dos solo habíamos llegado hasta los besos, ni un contacto físico más de ahí había sucedido hasta esa noche.
- ¿te gusta? –Oliver me tomo por la cintura y me pego a su cuerpo. Podía sentir su respiración, como el hecho de tenerme así de cerca lo ponía nervioso.
- En realidad, me gustaría ver más allá que solo tu espalda. –La forma en la que respiraba cerca de mi oreja, lo sentía diferente a como lo hizo Sophia, pero no dejaba de gustarme de todas formas.
- Quizás esta noche te lo permita. –Solo era dar una vuelta para quedar frente a él y que nuestros labios se encontraran. Las luces de león enloquecieron, apuntando por todas partes, menos hacía nosotros y el humo cegaba la visión de los demás, perfecto para escurrirnos entre la gente y desaparecernos en algún lugar secreto que había por la discoteca.
No fue lo que esperaba. No. Era algo diferente a eso. Fue bueno en realidad, pero sentía que me había faltado algo. Quería ciertamente una situación diferente, que me temía, él no podría darme.
O no lo sabía.
Para ese momento mi cabeza comenzaba a dar vueltas, me sentía confundida, por lo que decidimos regresar a la mesa con las demás.
Todas y sin excepción alguna, estaban borrachas. Conscientes de si mismas, pero incapaces de salir a bailar otra ronda no sin antes vomitar todos sus intestinos.
- Creo que ya es hora de regresar –declare, viendo el mal estado en la que todas se encontraban. Pero no estaban todas, faltaba Sophie.
- Ya sabemos con quien estará Sophia, o donde podría estar. –El bolso de nuestra compañera ni siquiera estaba en su asiento. La mirada cómplice de Oliver me afirmaba lo que también estaba pensando-. Seguramente se fue con la chica que la vimos besándose.
- Entonces te encargas de Mia y Chloe y yo me encargo de Anais.
- Puedo acercarlas en el coche.
- Pero tendrías que hacer un recorrido mucho más largo, Oliver. Nosotras podemos irnos en Uber.
- ¿cómo así que irnos?, yo todavía me quiero quedar.
Era una sorpresa para ambos que mi querida amiga todavía consiguiera sostenerse de pie. Tenía todo su labial corrido y su blusa descuadrada. Le preguntaría por los detalles después, pero en sus ojos se notaba que todavía quería quedarse.
- Vete con ellas, yo me quedaré con Anais otro rato más.
Pero la verdad es que quería estar un poco alejada de Oliver en esos momentos, su presencia me abrumada y no entendía muy bien porque. No quise parecer una indiferente a la hora de despedirnos, por lo que deposité otro beso sobre sus labios, eran carnosos, eso si me gustaba.
De las otras, ni hablar, lo podían ya ni mantenerse de pie por ellas mismas.
Anais pidió otro trago más. Era la reina de la pista, aún con todos esos tragos encima y yo, era su acompañante, entre ambas hacíamos una buena dupla para bailar y seguirnos robándonos las miradas de tanto damas como de caballeros.
Pero pasados una hora ya mis piernas no daban más para bailar. Así que ambas decidimos regresar. Anais vivía conmigo prácticamente, así que manteníamos la mayor parte del tiempo juntas desde que nos mudamos a Londres.
- Voy a pedir el carro ya –le mencione a Anais mientras ella parecía estar en otra dimensión a causa de los tragos.
- Está bien –zanjo sin más.
Sin embargo, no encontraba. ¡No había carros en la zona!, de pronto sería a cobertura de mi celular, por lo que tome el de Anais y oh sorpresa, ¡no tenía carga!
Y fue así como comenzó este martirio llamado, caminar hasta casa.
*Regresando a la fría madrugada y luego de varios y largo minutos de una extensa caminata.
Agradecí que ambas decidimos salir sin los tacones o toda esa caminada se hubiera sentido como el viacrucis que tuvo que experimentar Jesús antes de ser crucificado.
Solté un largo respiro cuando dejé a Anais sobre mi cama. Mi cuello me pesaba y el cansancio sobre mi cuerpo se hacía real, pero todo eso lo ignoraba con una sola pregunta.
¿Qué me había pasado esta noche?, es decir, siempre desee con estar con Oliver, pero ahora que lo estuvimos, no sé sintió de la manera que quería.
Tal vez puse una gran montaña de expectativas sobre él, no tenía la culpa. Pero la brisa de la madrugada era perfecta para despejar mis pensamientos.
- Esta fue una grandiosa noche –menciono Anais mientras se quitaba toda la ropa, preparándose para dormir sobre mi cama.
Esto era algo nuevo. Aunque ella nunca dormía conmigo después de una fiesta, sino que siempre la llevaba directamente hasta su habitación, pero esta noche el cansancio era mayor y mi cuarto era el que quedaba mucho más cerca. Quizás ese era un hábito en ella, dormir en ropa interior.
Cuando se despojó de todas sus prendas, menos la ropa interior, se acercó hasta mí a trompicones. Los efectos del alcohol eran muy reales.
La brisa condujo sus manos, es como si se dejasen guiar, posando ambas manos sobre mis mejillas. Sinceramente nunca me imaginé que algo como esto sucediera. Anais halo mi cabeza hasta la suya para que sus labios consiguieran alcanzar a los míos.
No sabía como responder ante eso. Ella… bueno, ella siempre ha sido de gustarle los hombres y esas cosas y somos mejores amigas, es decir, no está mal, un beso entre amigas es bueno, pero…
Decidí callar mis pensamientos respondiéndole a su beso, sin más…
Cuando termino, se alejó lentamente de mí, donde lo último que terminaba por unirnos era nuestra saliva.
- Siempre me has gustado, Ally.
Y sin más, se acostó a dormir.
Pero, ¿qué es lo que había dicho?
Yo… ¡¿le gusto?!
Ese beso se había sentido muy diferente a todo lo que viví esa noche con Oliver, pero ahora dentro de mí había una explosión de emociones que era incapaz de controlar.
Todo, menos esto. Era algo imposible que yo le gustara a ella y que yo sintiera este tipo de cosas. No podía ser que un beso de mi mejor amiga despertara todos estos sentimientos en mí. Era por los efectos del alcohol, un impulso estúpido que la llevo hacer eso, pero, ¿Qué hay de mí?, ¿Qué impulso estúpido me había llevado a sentirme así?