Sueño de Alex
~Corre, pequeña... cuidado si el lobo te atrapa~ gruñe una voz grave, ronca, que resuena como un eco en el vacío. ~ los lobos juegan en el boque~ continua cantando ~corre~
Delante de mí, un lobo de pelaje café oscuro se alza, su cuerpo cubierto de sangre seca y fresca, como si la hubiera llevado consigo de todas partes. Sus ojos, rojos como brasas, brillan con una furia desquiciada, y su sonrisa torcida deja al descubierto dientes afilados, chorreando de algo que no quiero reconocer.
~Corre... si no lo haces, el lobo te atrapará~ tararea con una voz burlona, casi infantil, como si fuera un juego.~ y si te atrapa~ continua tarareando
Me doy cuenta de que no es solo un lobo; es una loba, apenas la puedo ver a través de una rendija siento un escalofrió recorrer mi cuerpo cada vez que canta. Y su canto, ese canto distorsionado, parece romper la realidad misma.
~Es hora... es hora~ continúa, su tono volviéndose más agudo, más inquietante ~vamos a la cama, ven, mi pequeño, todo estará bien.~
El sonido de sus patas golpeando el suelo es el único ritmo en la oscuridad mientras busca a los niños, su presa. La veo detenerse, su hocico temblando mientras olfatea, y sus ojos se clavan en una mesa vieja y destartalada.
~Yo te arropare~ continua con un tono casi suave ~ yo te cantare y en la noche no despertaras~ dijo volviendo su tono de voz mas grave y espeluznante.
Bajo la mesa, una niña pequeña tiembla, sus manos cubriendo su boca, su pecho subiendo y bajando rápidamente mientras trata de contener un sollozo. Pero es demasiado tarde.
~Y si el lobo te atrapa, a todos se come~ canta la loba, su voz resonando como un cuchillo, cuando la niña la ve intenta escapar correr lejos de la mesa.
La loba salta con precisión asesina. Hay un destello de colmillos, un grito ahogado, y luego... silencio. Cuando se aleja, solo queda un charco oscuro a un lado de la mesa.
—¿Quién más quiere jugar? —grita la loba, su voz llena de una furia desenfrenada. Se lame el hocico ensangrentado, como si acabara de degustar el manjar más exquisito—. Los mataré a todos. Si yo no puedo tener a mi cachorro, ¡nadie tendrá cachorros!
Su sentencia resuena como un trueno. La loba se mueve con un propósito terrible, cada paso haciendo crujir el suelo, mientras tararea una vez más:
~Es hora... es hora...~ continua cantando ~ juguemos todos juntos~
Sus garras raspan las paredes, dejando marcas profundas. De repente, un llanto suave corta el aire, proveniente de una esquina oscura. La loba gira su cabeza bruscamente, sus orejas erguidas. Una sonrisa demente se dibuja en su rostro.
—¿Dónde estás, pequeño? —pregunta con un tono dulce, casi maternal, pero lleno de veneno—. Vamos a jugar... solo un rato.
Los latidos de mi corazón se aceleran. Siento su peso aplastante en el aire, su presencia llenando cada rincón. Una pequeña sombra trata de escapar, pero la loba la atrapa con un salto devastador. Hay un grito desgarrador, y luego, una risa suave, como si todo fuera un simple juego para ella.
La escena se desdibuja en rojo, y su canto se mezcla con los gritos de las almas inocentes.
~Ven, ven a la cama... todo estará bien...~
Continúa cantando mientras el sonido de sus patas se aleja.
Pov Alex
“¡Corre!” grito apenas abro los ojos, levantándome bruscamente con mi mano izquierda alzada casi como si pudiera hacer algo.
Lyka despierta asustada, me pregunta que fue eso, alegando que es demasiado real, pero no respondo me quedo callada, intento cerrar los ojos, pero solo puedo ver la escena repetirse una y otra vez en mi cabeza.
La habitación aun esta completamente oscura, aprieto mi camisa rasgándola mientras intento encontrar calma, regular mi respiración y recordar que es solo un sueño
“Fue un sueño, solo un sueño, eso ya paso no hay nadie que haga eso, no existe, no es real” repito una y otra vez en mi cabeza intentando calmar los latidos desenfrenados de mi corazón
"Solo es una pesadilla," digo en voz alta, mi voz apenas un susurro. "Solo una pesadilla de mucho tiempo atrás." Lo repito constantemente, hasta que finalmente mi respiración se calma, mi pecho deja de arder y mi corazón recupera un ritmo casi normal.
Siento a Lyka observándome desde las sombras de mi mente, sus emociones entrelazadas con las mías. Pero sé que no me presionará. Sabe que hay heridas que no se curan con preguntas.
Pov ….
La noche se extendía como un manto oscuro, cubriendo el bosque donde la villa de los Rogers permanecía oculta del resto del mundo. Bajo la luz pálida de la luna, las cabañas rudimentarias y los refugios improvisados se alzaban, protegidos por las sombras de los árboles. Este lugar era un santuario para aquellos que habían sido rechazados o que eligieron el exilio, un lugar donde la lealtad no pertenecía a un alfa ni a una manada, sino a ellos mismos. Eran Rogers con el orgullo de serlo.
Entre ellos destacaba una figura alta con una mirada fría, con una presencia que te hacia saber que no puedes jugar con el.
En sus manos sostenía los documento de la manada Luna Dorada, un golpe de suerte que él había orquestado meticulosamente. Mientras leía los mapas, los horarios de patrullas y las estrategias de defensa, una sonrisa cruel se dibujó en su rostro.
*Ellos se creen invencibles * pensó, doblando uno de los papeles con cuidado. *Pero cada fortaleza tiene su debilidad. *
Un joven Roger se le acercó con cautela, inclinando la cabeza en señal de respeto.
—¿Es suficiente? —preguntó el muchacho, su voz cargada de curiosidad y temor.
El hombre levantó la mirada, sus ojos brillando con una intensidad oscura.
—Más que suficiente. Esta información nos dará ventaja... y no solo eso. Nos acercará a lo que realmente quiero.
El joven asintió, aunque no se atrevió a preguntar más. Sabía que este hombre no compartía sus planes fácilmente, ni siquiera con los miembros más leales. Mientras la noche pasaba el Roger
-Alfa Dereck acabare contigo y con todo lo que amas- sonrió maliciosamente- Pero juguemos un juego veamos cuanto duras sin romperte-menciono apretando los documentos en su mano. Pero su interés no era únicamente derribar la manada; era algo mucho más personal.
"Si yo no puedo tener lo que es mío, tampoco lo tendrán ellos."
El ambiente sombrío del bosque parecía vibrar con las palabras del Roger, su promesa cargada de veneno. Bajo la luz de la luna, su sonrisa malévola parecía un cuchillo afilado, listo para cortar lo que quedara del orgullo de Dereck y su manada.
Cada paso que daba por la villa era una declaración de poder, y las sombras mismas parecían inclinarse ante él. Este hombre no era solo otro exiliado; era un estratega, alguien que entendía cómo tomar la ventaja sin ser visto.
—Cuando los árboles caigan, será demasiado tarde para ellos —murmuró para sí mismo, su voz un eco grave que se perdía en la brisa nocturna.
En el fondo, sabía que su juego iba más allá de la destrucción. No era solo una venganza; era una reivindicación. Quería aplastar a Dereck, no solo como alfa, sino como hombre, exponiendo cada una de sus debilidades y desmoronando todo lo que amaba.
El Roger guardó los documentos en un compartimento oculto dentro de su cabaña. No tenía prisa. Las mejores jugadas requerían tiempo y paciencia. Mientras tanto, dejó escapar un suspiro profundo, mirando hacia el horizonte donde la luz del día comenzaba a asomarse.
—Es hora de mover las piezas —dijo en voz baja.