lobita

1164 Words
Pov Alex Estiro mis manos al aire bostezando, intentando mantenerme despierta, en serio desearía estar en mi cama en estos momentos, pero eso es una misión imposible, ¿Por qué? Muy fácil insomnio. La ultima semana ha sido imposible para mi dormir mas de 3 horas seguidas, así que se ha vuelto común que me despierte varias veces en la noche. -Vamos a dormir- dice Lyka y casi puedo verla acomodándose para una siesta. Camino por los pasillos de la mansión buscando una forma de salir. Tal vez el aire fresco me calme un poco. Después de abrir varias puertas equivocadas, finalmente encuentro la salida hacia el jardín. El aire frío de la noche me envuelve al instante, y un suspiro aliviado escapa de mis labios. Avanzo lentamente por el césped húmedo, mis pies descalzos disfrutando de la sensación de frescura. La luna esta en el punto mas alto iluminando el bosque a su paso, su presencia es única especial, siento a Lyka removerse en mi interior deseando salir y se lo permito. La transformación comienza de inmediato, como un flujo natural, casi como si fuera la voluntad de la luna y no la mía. Mis músculos se tensan y luego se relajan, mientras mi cuerpo cambia con rapidez. No hay dolor, solo una cálida energía que me recorre. “Muy diferente a la primera vez” pienso. Una vez termina mi transformación Lyka corre en medio de la noche, sintiendo la tierra y el aire en su pelaje, aunque no lo dice se que esta feliz toda la semana ha sido una montaña rusa, así que el darle este pequeño respiro me reconforta un poco. “Y si lo rechazamos” le pregunto a Lyka quien se detiene en seco, por un momento pienso que estará de acuerdo pero su gruñido me da a entender que eso no pasara. -NO! ME NIEGO!- gruñe -EL ES NUESTRO MATE, NUESTRA PAREJA ENTERNA… SOLO ESPERA.. ESPERA Y VERAS COMO ESTARA BIEN- “y eso cuando será Lyka cuando estemos 3 metros bajo tierra” le respondo -ERES UNA EXAGERADA- responde en un gruñido – ES NUESTRA PAREJA NOS QUIERE- “No nos quiere” pienso y quiero decirle, pero no me escucharía. Lyka toma el control y comienza a correr, aunque intentara hablarle se que no me hablara. Pero algo cambia. Lyka se detiene de repente, alerta, sus orejas girando en dirección al bosque. Puedo sentir su emoción crecer cuando lo vemos: una figura imponente, gris plateada, que se mueve entre los árboles. Dereck. Él también está en su forma de lobo, su pelaje gris brillando bajo la luz de la luna como si estuviera hecho de la misma plata que la ilumina. Lyka no espera; corre hacia él con una energía renovada, casi olvidando mi presencia. Dereck parece sorprendido al principio, pero no tarda en corresponder. Ambos corren entre los árboles, girando en círculos, sus movimientos sincronizados como si fueran un reflejo el uno del otro. Por un momento, el aire se llena de una sensación de paz, casi de camaradería. Lyka salta sobre Dereck, y él responde con un leve empujón, casi como un juego. Los gruñidos suaves y los movimientos juguetones me recuerdan que, aunque yo no confío en él, Lyka no comparte mis dudas. Pero entonces algo cambia. Un gruñido bajo, profundo, corta el aire. No es hostil, pero sí lleno de advertencia. Lyka se detiene en seco, y yo siento cómo su energía cambia. Dereck también deja de moverse, sus ojos dorados clavados en los nuestros. —Deja de intentar algo que no somos, —dice una voz mental, grave y fría. Reconozco que es Dereck. Lyka retrocede un paso, confundida, pero también herida. En cambio, siento un nudo en el estómago. Su advertencia no era solo para Lyka; era para mí también. Una manera de recordarme que, aunque nuestros cuerpos compartan esta conexión, nuestros corazones no lo hacen. Dereck da un paso atrás, sus ojos todavía fijos en los nuestros, y sin más, se gira y desaparece en la oscuridad del bosque. Lyka permanece inmóvil, sus patas hundidas en la tierra húmeda mientras observa su partida. Volteo a la luna y solo puedo decir “Diosa porque me das un ante tan complicado”. Regresé a la casa de la manada y me fui a mi cuarto. Dormí el resto de la noche sin despertarme. Cuando amaneció, tuve que ir a desayunar con Dereck. Aunque yo no quería, Lyka, casi ignorando lo que pasó ayer, suplicaba que fuéramos con él. “Nunca entenderé a Lyka”, pienso caminando al comedor. Cuando estoy por llegar, un dolor horrible me atraviesa el cuerpo, como si me estuvieran desgarrando desde dentro. Me detengo en seco, llevando una mano a mi pecho mientras jadeo, tratando de procesar lo que estoy sintiendo. “¿Qué es esto?” susurro, aunque sé perfectamente la respuesta. El dolor no es mío; no físicamente al menos. Es el vínculo. Una punzada de traición que viene directamente de él, de Dereck. “¡No puede ser!” gimo, sintiendo cómo mis piernas flaquean. Lyka aúlla en mi mente, desgarrada, su dolor amplificando el mío. -Es nuestro mate- repite ella, pero su voz suena rota, como si tratara de convencerse a sí misma. Las lágrimas amenazan con salir mientras intento recuperar el aliento. Dereck ha hecho algo, algo que ha roto una parte de este vínculo. Algo que, sin importar lo mucho que Lyka lo quiera, me recuerda que tal vez nunca debió ser nuestro mate. Me abrazo a mi estómago, como si eso pudiera protegerme del vínculo que me está matando lentamente. Intento levantarme, pero mis brazos tiemblan y me fallan, dejándome caer de nuevo al suelo. Las omegas pasan a mi lado ignorando el hecho que existo las que no me ignoran me miran con desprecio. "Por que solo se quedan viendo por favor ayúdenme" pienso pero soy incapaz de hablar. Grito, un sonido ahogado, mientras una nueva ola de dolor me atraviesa, como si mi alma misma estuviera siendo arrancada. Estoy completamente sola. Nadie viene a ayudarme, nadie siquiera parece notar mi ausencia. "¿Por qué... por qué esto...?", pienso, pero las palabras se pierden en el caos de mi mente. Con un esfuerzo sobrehumano, consigo arrastrarme hacia una pared cercana, apoyándome en ella mientras jadeo, mis uñas dejando marcas en el suelo de mármol. Cada movimiento es una tortura, pero no quiero quedarme aquí, expuesta y vulnerable. Finalmente, después de lo que parecen horas, llego a mi habitación. Cierro la puerta detrás de mí y me desplomo en el suelo, incapaz de moverme más. Mis ojos se cierran lentamente, el agotamiento y el dolor siendo lo único que siento. Tengo miedo quisiera que alguien estuviera aquí quien sea, solo no quiero estar sola. "Si algún día muero alguien estará ahí, alguien me recordara o me extrañara" pienso "Papa, Mama me duele..." es lo último que susurro antes de que la oscuridad me consuma.
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