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1318 Words
Pov Alex —Déjame morderlas, solo un poco —suplica Lyka, con ese tono lastimero que pone cuando intenta convencerme. “No, Lyka”, respondo mentalmente, sintiendo cómo la paciencia se me escapa entre los dedos. Aunque quisiera decir que esta semana pasó sin penas ni desgracias, la verdad es que ha sido un desastre tras otro. Dana y su séquito no han dejado de acosarme. Empujones, insultos, risitas a mis espaldas… Todo eso lo podría ignorar, pero lo que más me agota es el gruñido constante de Lyka. —No entiendo por qué me prohíbes protegernos —dice con un tono molesto, claramente fastidiada por mi resistencia. “Tengo mis motivos”, digo sin querer hablar más del tema, aunque se los explique, ella no entenderá. —Por favor —repite. —Prometo que no te molestaré más si solo esto —dice mientras la veo entrecerrar los ojos, echar las orejas atrás y empezar a mover la cola—. Un mordisquito y nos dejarán en paz. Un suspiro exasperado escapa de mis labios mientras camino por el pasillo vacío. “Bien”, digo finalmente, sintiendo cómo Lyka comienza a saltar de emoción. “Pero me pregunto cómo reaccionará Dereck al saber que Lyka es una mala madrastra. Tal vez quiera alejarnos más de lo que ya estamos.” Su euforia se detiene en seco, y siento cómo su energía cambia de golpe. —¿Qué quieres decir con eso? —responde, ahora notoriamente alterada. “Tal vez nos prohíba desayunar con él”, digo con un deje de ironía, sabiendo que eso bastaría para calmarla. Me estiro alzando las manos y suspiro. Al fin es viernes, aunque deseo que sea un día tranquilo, sé que eso no pasará. La semana entera ha sido un desfile de humillaciones cuidadosamente orquestadas por Dana y su séquito. Cada día han encontrado una nueva forma de hacerme la vida miserable. El martes se les ocurrió llenar mi casillero con pintura. La abrí y la tapa del bote cayó sobre mis libros. Aun puedo sentir el olor a solvente pegado en mis manos, incluso después de lavarlas mil veces. El miércoles rompieron mi uniforme durante el entrenamiento. Literalmente, lo rompieron. Cuando fui a buscar mis cosas después de la práctica, encontré la tela cortada en tiras. ¿Cómo explico eso sin parecer paranoica? Y ayer pensé que me había salvado, pero me esperaron en las afueras de la escuela solo para volver a pintarme. En cierto punto, agradezco que ya no me golpeen, si me vuelven a golpear no podría calmar a Lyka. Camino rápidamente por los pasillos de la escuela, con la esperanza de llegar al aula antes de que Dana y su séquito aparezcan. Puedo sentir las miradas curiosas clavándose en mi espalda, murmuraciones apenas disimuladas que ya se han vuelto parte de mi rutina. Respiro profundo y trato de ignorarlas, enfocándome en el sonido de mis pasos sobre el suelo. “Solo un día tranquilo”, pienso. Aunque, siendo sincera, dudo que eso ocurra. —Al menos no hemos visto al “trío del terror” —comenta Lyka, con ese tono que mezcla sarcasmo y resentimiento. Casi sonrío ante el apodo que les puso, pero no quiero darle demasiada atención. Si pienso en ellas, es como si las invocara, y no estoy de humor para enfrentar otro de sus juegos. El aula está casi vacía cuando llego, y agradezco poder sentarme al fondo, donde puedo esconderme un poco del bullicio. Saco un cuaderno y finjo que estoy ocupada, aunque lo único que hago es garabatear en las esquinas de las páginas. Lyka gruñe, aburrida, pero al menos parece haberse calmado. —¿No crees que deberíamos prepararnos? —dice después de un rato. “¿Para qué?” —Para cuando ellas aparezcan. “No voy a darles el gusto de verme reaccionar.” —Esa no es una estrategia, Alex. Eso es rendirte —gruñe, impaciente—. Sabes que no va a parar hasta que hagamos algo. Lyka tiene razón, aunque odio admitirlo. Pero ¿qué puedo hacer? No tengo la fuerza ni la posición en el pack para enfrentarme a Dana. Incluso si quisiera defenderme, el consejo probablemente me culparía de cualquier cosa que hiciera, porque, por supuesto, todo es mi culpa. justo cuando estoy considerando responderle, el sonido de risas agudas interrumpe mis pensamientos. No necesito mirar hacia la puerta para saber quién acaba de entrar; la energía de Dana llena la habitación como una tormenta inminente. —Ah, ahí está nuestra pequeña favorita —dice Dana, dirigiéndose directamente a mí. No levanto la mirada. —Oh, ¿nos vas a ignorar ahora? Eso es nuevo —se burla mientras sus amigas ríen detrás de ella. Siento un escalofrío recorrerme la espalda, pero me obligo a no reaccionar. Es lo único que tengo: no mostrarles que me afectan. —Vamos, Alex, di algo. O al menos míranos —insiste, acercándose a mi escritorio. Puedo ver sus zapatos caros detenerse justo frente a mí. “Ni se te ocurra,” advierte Lyka, ya en alerta máxima. Dana no se detiene. Su mano agarra mi cuaderno y lo arranca de mi escritorio con un movimiento brusco. —¿Qué es esto? —pregunta, hojeando mis garabatos con una sonrisa burlona—. ¿Es arte o solo basura? Las risas se intensifican a su alrededor, y mi mandíbula se tensa. -Déjame, Alex. Solo un zarpazo. No es mucho pedir. - dice Lyka “No” respondo con firmeza, tratando de calmarla. Dana arruga el cuaderno y lo lanza al suelo, pisándolo con fuerza. —Ups, parece que se cayó. Qué torpe soy. —¿No vas a decir nada? —pregunta, inclinándose para mirarme de cerca—. Pensé que las madrastras malvadas eran más divertidas. “Alex, haz algo,” suplica Lyka, pero yo sigo inmóvil. —¿Qué pasa? ¿Te quedaste sin palabras? —insiste, disfrutando de mi incomodidad. El maestro entra y el trio del terror se va. Lyka permanece en silencio, lo cual es raro en ella, pero puedo sentir su inquietud. Está conteniendo las ganas de estallar, y eso solo hace que mi propia ansiedad aumente. “Tengo que hacer algo,” pienso, mientras recojo mi cuaderno del suelo. Las páginas arrugadas y pisoteadas son un recordatorio tangible de lo poco que valgo para esta gente. Mi paciencia está colgando de un hilo, pero sé que perder el control no es una opción. —Esto no va a parar hasta que la enfrentes —dice Lyka finalmente, rompiendo el silencio mental. Su voz suena grave, casi como un eco en mi cabeza. “No puedo,” respondo con firmeza, aunque sé que lo que realmente quiero decir es “no sé cómo.” El resto del día transcurre rápido, aunque intente concéntrame en los profesores no lo logro, mi mente simplemente estaba en otra parte. Cuando suena el timbre, recojo mis cosas rápidamente y salgo del aula antes de que nadie más pueda detenerme. Mis pasos me llevan hacia el pasillo principal, donde un torrente de estudiantes avanza en todas direcciones. Trato de perderme entre ellos, de desaparecer, pero siempre hay alguien que me reconoce, que murmura, que señala. —¿Crees que Dereck sabe lo que te hacen? —pregunta Lyka de repente, su tono cargado de resentimiento. “Dereck no se preocupa por lo que me pase,” respondo de inmediato, sintiendo el calor de la ira mezclarse con mi tristeza. A veces quiero preguntarle a Lyka que tanto quiere estar con Dereck huir de la manada pero se que ella nunca se ira y que el pensar en dejar a Dereck es solo un tema que nos haría pelear y en estos momentos ella es la única persona que me habla. ni siquiera yo se cuanto durare en esta situación.
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