Pov Alex Corría. El aire frío me golpeaba el rostro, mis músculos ardían con cada paso, y la sangre de la reina alfa mojaba mi ropa, pegándola a mi piel. Sabía que estaba perdiendo demasiada. Si no conseguíamos ayuda pronto, moriría. Pero el monstruo que nos perseguía no planeaba permitirnos escapar. Los pasos de Zherak resonaban tras nosotras, pesados, seguros, implacables. Cada vez que creía haber ganado distancia, su presencia volvía a presionar contra mi espalda como una sombra imposible de eludir. Entonces, lo escuché. El crujir de huesos, el sonido húmedo y grotesco de la piel desgarrándose, el eco de su respiración transformándose en algo más bestial, más grave, más cruel. No necesité mirar atrás para saber lo que ocurría Zherak estaba cambiando. Y cuando su gruñido llenó el

